En la Basílica Metropolitana de medellín se llevó a cabo este sábado la ceremonia de beatificación de la Madre María Berenice, allí cientos de feligreses estuvieron desde muy temprano en la mañana con la esperanza de presenciar este acto sagrado hacia la fundadora de las Hermanitas de la Asunción.
La iglesia agotó su capacidad, por ende, muchas personas decidieron quedarse en el Parque Bolívar para ver la transmisión que se dispuso a las decenas de personas que no alcanzaron a ingresar al recinto. La ceremonia inició alrededor de las 10:00 de la mañana con música sacra al fondo, mientras los arzobispos caminaban hacia el altar.
“Esta solemne liturgia nos está recordando lo que ha dicho con autoridad el Concilio Vaticano II: todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación son llamados por el señor”, manifestó el arzobispo de Medellín, Monseñor Ricardo Tobón, en sus palabras de bienvenida.
La celebración también contó con la presencia del cardenal Marcello Semeraro, enviado desde Roma, en representación del papa Francisco, fue quien dio inicio oficialmente a la eucaristía con el acto penitencia.
Posteriormente, el arzobispo Tobón, fue quien realizó la solicitud de incluir a la madre María Berenice en el número de beatos de la Iglesia Católica, puesto que ella siempre actuó de acuerdo a la voluntad de Dios.
Luego de escuchar una breve biografía de la madre María Berenice por parte de la hermana Alix Mercedes Duarte, el cardenal leyó la Carta Apostólica en la que “su santidad inscribe en el libro de los beatos a la madre”.
La Carta Apostólica fue leía en italiano y al terminar se escuchó el canto de aclamación. Mientras tanto, los asistentes se encontraban en completo silencio, solo se escuchaba al unísono la melodía que anunció la beatificación de María Berenice Duque.
De esta manera, la madre Berenice hace parte de la lista de beatos en la iglesia católica, la cual hasta el momento va así: Marianito Jesús, Antonio Gómez, Juan Bautista Velásquez Peláez, Eugenio Ramírez Salazar, Fray Melquíades Ramírez y Rubén de Jesús López Aguilar.
La historia de la madre María Berenice Duque
Desde que se ganó el título de ser una maestra para muchas monjas, todas las semanas la madre María Berenice Duque Hencker destapaba su máquina de escribir y en una hojita cualquiera tecleaba poesía, escribía alguna carta para los obispos, soltaba alguna reflexión para el día siguiente o comenzaba o terminaba algún capítulo de los 25 libros que publicó mientras estuvo con vida. La hermana Berenice fue, antes que monja o religiosa, una escritora.
Ana Julia –su nombre de bautizo– aprendió a leer gracias a los cuentos de santos católicos que le compartía su madre Berenice Hencker, de origen de inmigrantes alemanes que huyeron de la Primera Guerra Mundial para asentarse en la Antioquia la grande. En una infancia inseparable de la religión católica, Ana Julia se formó hasta que decidió entregar su vida “al servicio de Dios”, como dicen las religiosas, pero su vocación ahora ha trascendido mucho más.
El Vaticano informó a sus fieles que aquella monja ya dio el gran paso para ser beatificada. “El 12 de febrero de 2019, el santo padre Francisco recibió en su audiencia a S. E. el cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos. Durante la audiencia, el sumo pontífice autorizó a dicha Congregación a promulgar los decretos relativos a las virtudes heroicas de la sierva de Dios María Berenice Duque Hencker”, se leyó en un primer comunicado de la Santa Sede.
Dada su educación religiosa, a temprana edad entró a ser parte de las Dominicas de la Presentación. La muerte de una de sus hermanas –Ana Julia fue la mayor de 18 hermanos– la llevó a dejar las cosas que tenía, armar una maleta e irse a Bogotá. Atrás quedó Salamina, Caldas, donde había nacido, y a donde sus padres llegaron luego de haber contraído matrimonio en La Ceja, Antioquia. Terminó bachillerato y mientras perteneció a las Dominicas de la Presentación hizo varios estudios en la Universidad Javeriana, gracias a lo cual recorrió el país enseñando ciencias naturales, de Ubaté en Cundinamarca hasta Zapatoca en Santander, y de la costa Caribe hasta el Valle del Cauca.