En Colombia, una minoría sigue decidiendo el futuro de todos. Faltando menos de 150 mesas por escrutar, los resultados de las elecciones presidenciales de 2006 muestran que de los 26’731.700 colombianos que estaban habilitados para votar, sólo unos 12 millones lo hicieron. Pese a que de 2002 a la fecha había dos millones y medio más de personas que podían sufragar, la votación este año sólo aumentó en 800 mil votos. En ese entonces, cerca de 11 millones de personas hicieron válido su derecho al voto, es decir que de los electores en capacidad de votar en 2002, 53,5% personas no pudieron, o simplemente, no quisieron participar. Este año, de los 26 millones de electores habilitados por la Registraduría, 14 millones se abstuvieron. Eso significa que la abstención de este año estuvo más de un punto por encima del promedio nacional desde 1938, que está en 52.65%. En ese rango de tiempo, el nivel más alto de abstencionismo se registró durante la primera vuelta electoral de 1994 (66,05%) entre Ernesto Samper y Andrés Pastrana. La más baja fue la de la segunda vuelta de 1998 (40.9%), en la que Andrés Pastrana le ganó a Horacio Serpa. En cualquiera de estos casos, las estadísticas demuestran que uno de cada dos colombianos no vota y que decisiones tan importantes como la elección del mandatario no tiene convocatoria, especialmente en el electorado joven. Las razones de este fenómeno son complejas, pero para el politólogo e investigador Fernando Cepeda, se resumen en una cuestión básica de costumbre: “Si una persona hace uso de su derecho al voto desde la primera vez, esa costumbre lo va a acompañar siempre, así como lo hará si no vota. Como los jóvenes no fueron los que presionaron para obtener el derecho al voto a los 18 años, no ejercen este derecho como debería ser, y esto se refleja en la abstención tan alta que arrojan las elecciones”. La participación de esta jornada electoral, 45 por ciento, no dista mucho de los resultados de las pasadas elecciones legislativas y sólo confirman una tradición colombiana que lleva más de seis décadas: el futuro de Colombia lo decide un reducido número de sus pobladores.