Carolina Remolina es una estudiante de la Universidad Pontificia de Bucaramanga con profundas convicciones religiosas, así como Juan Mauricio Benítez, un laico de 22 años. Por su parte, Juliana Bedoya, una estudiante de periodismo de la Universidad Javeriana, y Mauricio Moreno, un caleño de 19 años, aceptan que sólo van a misa una vez al año: la primera el 24 de diciembre y el segundo en Semana Santa. Los cuatro fueron bautizados como católicos. Sin embargo, las posiciones de la Iglesia frente a temas tan comunes en sus vidas como aborto y homosexualidad hoy los hace replantear sus creencias. O aferrarse más a ellas. Estos cuatro jóvenes se tomaron la tarea de representar, con sus pensamientos y aportes, la generación a la que pertenecen. Sus voces pueden no ser generales, pero sí atrapan el eco de quienes los rodean. Semana.com recrea una conversación en torno a los dilemas de la fe a partir de las entrevistas que se les hizo. La homosexualidad - Las inclinaciones sexuales, dice Carolina, no tienen nada que ver con el compromiso cristiano de amar, de profesar los sacramentos y los mandamientos. Es algo tan individual que no creo que una persona debe ser descalificada por la Iglesia por su esto. - ¡Pero si Dios creó a un hombre y a una mujer! – expresa Juan Mauricio–. Su misión es unirse y procrear, cosa que no pueden hacer los homosexuales, es antinatural. Yo comparto el rechazo de la Iglesia. - Pues si la Iglesia tanto se preocupa por creer que es una enfermedad, que se ponga las pilas porque dentro de ella hay muchos “enfermos”. No deberían convertir un tema tan cotidiano en un dilema moral – refuta Juliana. - Yo (Mauricio Moreno Rodríguez) no estoy de acuerdo con los homosexuales, pero los respeto. Me preocupa más que la Iglesia se centre en ese tema y no en otros más graves como los casos de abuso sexual que se ven dentro de la institución. Deberían preocuparse por excomulgar a tantos asesinos y políticos corruptos que le hacen más daño a la sociedad que los gay. El aborto - Tal vez yo nunca sea capaz de abortar, pero no me siento tan radical como la Iglesia frente al tema del aborto. No soy quién para juzgar y señalar a quienes lo hagan. Aunque aclaro, dice Carolina: yo no votaría a favor del aborto. Creo que el papel de la Iglesia es prestar asesoría para que la gente tome la decisión más acertada. - Pero, si la Iglesia presta la asesoría y aun así las mujeres abortan..., dice Juan Mauricio. - No, es que hay casos de casos. Yo sí creo que se debe legalizar en caso de violación, porque si una mujer es violada y queda en embarazo, tiene derecho de abortar porque su hijo no es fruto del amor de una pareja, sino de un violador. La Iglesia no puede ser tan radical. Juliana, ¿tú qué piensas? - Entiendo que la posición anti-aborto viene del concepto de Dios Creador, pero es un tema con el que hay que ser más pragmáticos y ver las consecuencias sociales de esa posición; niños que nacen en la pobreza, infelices, o madres que tienen en riesgo su salud. Eso también debería preocuparle a la Iglesia como institución social que es. El divorcio y la unión libre - Mauricio: ¿Por qué si existe la opción del matrimonio, la gente escoge huirle al compromiso? La unión libre es anticristiana, si se aman se pueden casar. El sentido del matrimonio es vivir con alguien y amarla toda tu vida. - Pero yo sí creo que la unión libre es una opción sana para evitar divorcios. Puede servirle como prueba a los que viven juntos, y así se evita que las familias se rompan y que los niños queden en el limbo, interviene Carolina. - Un momento: – dice Juliana - ¿Acaso no fue el amor la enseñanza de Jesús? Si es así, no entiendo por qué la Iglesia insiste en que las parejas continúen aun cuando se acaba el amor. - Lo que yo no entiendo es por qué la gente se casa sin tomar en serio el “para toda la vida”, agrega Silvia. - Porque muchas mujeres se casan engañadas por nosotros, los hombres, y resulta que el hombre de sus sueños resulta siendo un fiasco, dice Mauricio. Las sacerdotisas - Juliana: Yo creo que la Iglesia tendrá que evolucionar. - Tú no puedes pedirle a la Iglesia que cambie una tradición que nace desde que Jesucristo designó a los apóstoles como sus mensajeros. Ésa es la razón por la que los sacerdotes son hombres y no se puede transformar el cambio de Jesús, dice Juan Mauricio. - Pero si cada vez hay más descubrimientos históricos sobre las mujeres como discípulas de Jesús. Lo que pasa es que a la Iglesia no le interesa hacer la transformación. - A mí me parece eso muy malo, ahí no más se ve reflejado el machismo porque en la Iglesia la mujer ocupa un rango menor que el nosotros. ¿Y María? ¿Y sor Teresa de Calcuta? ¿Ellas no son importantes?, dice Silvia - A mí no me molesta la idea de que las mujeres sean sacerdotisas. Lo que pasa es que es un choque cultural muy fuerte para las personas que toda la vida ha vivido la Iglesia con guías hombres. Pero si veo una mujer cura, no por eso voy a creer que la Iglesia se retractó o perdió credibilidad.