No son pocas las veces en nuestra historia que la mano del poder se ensaña contra Antioquia, y desde varios frentes; ya fueran políticos segregacionistas en los envidiosos pasillos del Capitolio en Bogotá, o incluso las estructuras criminales que quisieron hacer ver a Antioquia arrodillada y por momentos cobijada por el repugnante narcotráfico.
A esta tierra de gente noble y bravía se le golpeó fuertemente al darse la separación del gran Caldas, a principios del siglo XX, más concretamente en 1905. Allí se perdió territorio y causó tal dolor a los antioqueños, que el gran Rafael Uribe Uribe, magistralmente, lo plasmó en forma irónica al escribir un texto llamado Abajo los abrioqueños, en donde describe la cantidad de grandes hombres y mujeres que hasta esa primera década del siglo veinte ya habían marcado con tinta indeleble la historia de Colombia. Uribe Uribe cita en su sentido escrito al presidente Rafael Reyes, quien de sublime forma se refería a los antioqueños así: “Pueblo del hogar cristiano y del trabajo honrado”.
De la separación de la gran Caldas hay que decir que se separó el territorio políticamente, pero el corazón ha permanecido unido. Toda la gente del eje cafetero y aun los del norte del Valle son más paisas que los de Medellín; sus costumbres siguen intactas y solo basta ver el progreso del eje cafetero para entender que todo caldense, risaraldense, o quindiano tiene en su ADN un abuelo antioqueño. La mayor reforma agraria del país existe en los territorios paisas y de manera excelsa en las tierras cafeteras, llenas de minifundios, donde la gente vive dignamente y en paz. Estas son verdades inocultables que tienen su origen.
Los antioqueños no nos doblegamos a nada, vea como en 1987 el doctor Juan Gómez Martínez se agarró a bala con los facinerosos del bandido ese de los años ochenta. Aquí no había pactos posibles. Luego de eso, el doctor Juan fue alcalde y el otro murió en un techo, como debía ser.
Las grandes empresas antioqueñas y muchas del gran Caldas se mantuvieron al margen de ese germen maldito del narcotráfico y los grandes capitales de empresarios honestos siguieron parados, generando empleo en las épocas más aciagas, la sociedad entera no se arrodilló jamás al delito.
Don Bernardo Tobón de la Roche, dueño de Todelar —gran cadena radial de finales del siglo pasado—, hacía pasar un mensaje institucional muy bello que decía: “Antioquia, tierra labrantía de nobles ideales, se encuentra hoy en el resurgir de su poder y, aún golpeada, espera con seguridad, con arrogancia, que los buenos antioqueños le devuelvan su dignidad y su pujanza”.
Hoy la grandeza de Antioquia está garantizada; tenemos líderes, tenemos empresarios, tenemos futuro. Pronto Medellín será una región de tres pisos en doble calzada, desde Santa Fe de Antioquia hasta el valle de San Nicolás; el mar estará a cuatro horas de Medellín, Caucasia a tres y a tres horas Manizales.
La iniciativa llamada ‘Corazón Inmenso’, presentada recientemente en la ciudad, llena de fe y esperanza el futuro de nuestra gente. Ver unidos a políticos, empresarios, artistas, poetas, medios y demás, muchos en orillas distintas y algunos con serias diferencias, pero unidos por la decencia, es sencillamente magnífico.
Como los toros de casta que embisten mejor cuando los puyan, los antioqueños nos crecemos en la adversidad y no nos asustan los accidentes de la política. Me refiero al diletante presidente y sus cortesanos. Antioquia seguirá y ellos pasarán.