En toda democracia, es obligación de los gobernantes, y demás integrantes del Estado, respetar el carácter autónomo, independiente y pluralista de las organizaciones políticas, sociales, gremiales y étnicas, así como también la de encontrar caminos de entendimiento y colaboración con las mismas.

En igual sentido, en democracia, es deber de las organizaciones políticas, sociales, gremiales o étnicas evitar una política radical de no diálogo con el gobierno de turno o con las demás instituciones del Estado. Lo que se debe evitar en democracia es que ese diálogo o entendimiento con las diversas instancias del Estado a nivel nacional, regional o municipal, se vuelva una política de incondicionalidad, de cero críticas al mismo o de no reconocerle absolutamente nada bueno, tanto al gobierno nacional como a los gobiernos regionales y municipales.

Esa relación entre autonomía y democracia es la que puede estar pasando en los actuales momentos en Colombia entre el gobierno nacional, en cabeza del presidente Petro, y el presidente de la Federación Nacional de Cafeteros.

Anoto que la falta de diálogo entre el presidente Petro y el presidente de la Federación Nacional de Cafeteros no le ayuda al futuro económico y social de más de 500 mil familias cafeteras y menos al futuro del desarrollo económico, agrario y social de Colombia.

Mi experiencia como gobernador del Valle del Cauca, en el período 2004 – 2007, me enseñó que, por encima de quién los dirija, los gremios cafeteros son unos excelentes aliados del gobierno nacional y de los gobiernos departamentales y municipales, en temas fundamentales para el desarrollo agrario como el mantenimiento de las vías terciarias, de las escuelas y centros de salud rurales, mantenimiento de sistemas de acueductos rurales y para el mejoramiento de las viviendas de familias campesinas, entre otros.

Esa relación de cooperación y de entendimiento entre el Estado y la Federación Nacional de Cafeteros es necesaria y mucho más fácil de establecer, toda vez que ella maneja recursos del Estado, lo que la obliga a rendir cuentas públicas sobre el manejo de los mismos, el impacto y los resultados obtenidos en materia de beneficios técnicos y sociales para las familias cafeteras. De igual manera, en la participación de los cafeteros en cada uno de los comités departamentales existentes y con las diversas expresiones regionales del movimiento denominado “Dignidad Cafetera”.

Lo mejor para el futuro democrático de nuestro país es que, tanto desde el gobierno nacional, como desde las instancias políticas, sociales y gremiales que existen actualmente, se procure un diálogo social, un clima de entendimiento y colaboración mutua. Ese camino constituye, en mi opinión, la verdadera esencia de la iniciativa presidencial del “Acuerdo Nacional”.

Con todo respeto, invito tanto al presidente de la República como al presidente de la Federación Nacional de Cafeteros, a hacer a un lado los pequeños egos personales y a encontrar los mecanismos de trabajo conjunto en favor de la población de las regiones agrarias cafeteras. Esa es la parte fundamental que más desean las familias cafeteras colombianas que tanto han aportado con su trabajo al desarrollo económico y social del país.