Definida la candidatura del Partido Demócrata, en cabeza de Barack Obama, para las elecciones presidenciales de noviembre próximo, bien cabe preguntarse sobre los posibles escenarios para Colombia si este, Obama, es elegido presidente de los Estados Unidos. Una administración del Partido Demócrata liderada por el primer Presidente estadounidense de ascendencia afroamericana y quizás el más joven en toda su historia, marcaría un conjunto de rupturas y muchas continuidades en relación con Colombia. Una ruptura es que va a ser incisivo en los temas de derechos humanos y libertades civiles y de manera particular frente a la acción sindical, lo cual va a presentar una exigencia mayor para la firma del TLC. Este tratado seguramente entrará en un proceso de renegociaciones. Puede que se llegue a firmas de acuerdos parciales, sujetos a ampliarse en la medida en que se muestren resultados concretos en los temas álgidos: derechos humanos y, de manera particular, libertades sindicales. Un gobierno de Barack Obama colocará distancias frente al presidente Uribe, haciéndole sentir que muchos de los temas de la agenda compartida se deben discutir a fondo y que no hay nada ganado. Muy diferente a la tónica de Uribe con Bush, entre quienes fluye la comunicación y su identidad política es evidente y, por tanto, las estrechas alianzas son entendibles. Si el nuevo habitante de la Casa Blanca es Obama, otro será el cantar. Con lo anterior, tampoco hay que inferir un deterioro de la relación, porque los intereses de Estados Unidos en la región son los mismos. Y se seguirá planteando una política que integre a Colombia dentro de su agenda para el hemisferio occidental. Quizás lo que mejor pueda definir los rasgos de esta nueva política será “ni tan cerca ni tan lejos”. Un tema que sería prioridad para la administración de Obama, si gana, es equilibrar la ayuda militar con la económica y social. Hoy de cada 100 dólares de la cooperación estadounidense, 75, son para el componente militar y muy seguramente esto se revertirá. Habrá más desarrollo e inversión en las regiones cocaleras y dónde se disputa con mayor intensidad a guerrillas y narcotraficantes. Está por verse cuales serán los matices e innovaciones de un presidente Obama – si lo es- en relación con el tema de las drogas ilícitas, que hace agua por todos los costados: las hectáreas fumigadas crecen, pero la producción de coca se mantiene y su ingreso a Estados Unidos es fluido a pesar de los billones de dólares invertidos y las poderosas agencias encargadas del tema. Este será un tema en el que Colombia deberá estar atento, frente a un debate mundial que puede reactivarse en el próximo quinquenio y muy particularmente frente a la próxima cumbre antidrogas, Viena: Diez Años Después, que se realizará en el primer semestre del 2009 y dónde sin grandes cambios, sí se perfilarán los debates que pueden abrir campo a nuevas políticas antidrogas en la segunda década de este milenio. Si en los próximos dos años no se logra la derrota de las Farc, el papel de Estados Unidos puede ser el de ayudar a construir un acuerdo de paz. Sostener la ayuda militar en un conflicto que no se logra resolver es insostenible para cualquier gobierno estadounidense, no importa si es republicano o demócrata. Es más probable que si Obama es presidente, va a ser amigo de las soluciones pacificas y concertadas y sin tanto ánimo guerrerista como el que ha caracterizado a la administración Bush. La campaña presidencial de los Estados Unidos está en pleno desarrollo, pero si gana Obama, habrá cambios, nuevos énfasis y matices, nuevas oportunidades para Colombia y muchas exigencias para el presidente Uribe en los años que le queden como Presidente. Si hay Uribe III, tendrá que aguzar sus argumentos, con un Barack Obama que es amigo de sindicalistas, de los derechos humanos, de las políticas sociales y del medio ambiente, todos temas álgidos en Colombia. lcelis@nuevoarcoiris.org.co *Luis Eduardo Celis es coordinador del Programa de Política Pública de Paz de la Corporación Nuevo Arco Iris