'Que Dios me perdone', es el título del artículo que apareció en esta misma sección la semana pasada, el cual contiene una dura crítica al catolicismo y señala por qué su autor se alejó de Dios y la Iglesia. En este mismo sentido se mueven muchos de los comentarios a este texto publicados en SEMANA.COM. He leído con honda atención y gran respeto este artículo y se me hace presente las muchas ocasiones en las cuales Juan Pablo II, de forma pública, le ha pedido perdón a Dios y la humanidad por los graves pecados de la Iglesia Católica. Asimismo viene a mi mente una cuestionante afirmación del Concilio Vaticano II donde señala que integrantes del catolicismo son causa del ateísmo contemporáneo, "en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión".Certifica el columnista cómo los sermones dominicales son insulsos, la celebración de la misa es aburrida y la enseñanza religiosa comunica dogmas y doctrinas absurdas e ininteligibles para la sensibilidad contemporánea. Lamenta también que el catolicismo vea la sexualidad como un tabú y algo peligroso, su rechazo a la importancia del placer y el gozo y la vigencia de ciertos 'milagros' y 'apariciones marianas' de un talante muy discutible. En síntesis, "el distante discurso de la Iglesia, su moral vetusta y sus pocas respuestas" son el blanco de las críticas del artículo al que me estoy refiriendo.Hasta la realización del Concilio Vaticano II (1962-1965), muchos de estos hechos negativos eran reales. Luego de este Concilio, la Iglesia se ha venido renovando a sí misma en todo sentido y creo que hemos logrado buenos avances a este propósito. Sin embargo, en algunos sectores del catolicismo actual los mencionados hechos negativos aún permanecen. Sin lugar a dudas, la crítica del abogado y periodista Carlos Cortés y la de sus corresponsales se constituye en un provocador examen de conciencia que los ministros servidores y todos los integrantes de la comunidad cristiana debemos tener en cuenta.Doctor Cortés, percibo en su columna una gran sed de autenticidad y amor por la verdad transparente e integral. Lo felicito y comparto con usted estos valiosos sentimientos. En aras de esta autenticidad e integralidad lo invito a que veamos también la otra cara de la moneda. Musulmanes, ateos y agnósticos reconocen y admiran el compromiso de la Madre Teresa de Calcuta y su ejército de religiosas y religiosos que renunciando a los justos placeres de la vida que todos merecemos y solamente armadas/os de su gran pasión por los miserables y excluidos, viven sumergidos en las más insoportables cloacas de la humanidad rescatando a los parias del mundo de un infierno en vida, en el cual los ha colocado una sociedad insensible y excluyente.Vivimos un mundo que llaman globalizado, de la globalización de la miseria y la opresión, que somete a condiciones de vida infrahumanas a más de la mitad de la humanidad y a más del 60 por ciento de los colombianos. Detrás de esta hecatombe se halla el endiosamiento de los mercados y de la acumulación de riqueza en manos de unos pocos a costa de la miseria de millones, la que se afinca empecinadamente con la imposición de un sistema donde solo decide la gran potencia unipolar, sus aliados y sus multinacionales, castigando de las más diversas maneras a quienes se atreven a disentir de ellos. A pesar de esto, Juan Pablo II vive levantando su voz de protesta contra toda esta iniquidad, señalando el carácter pecaminoso y perverso de este neoliberalismo imperante, y reivindicando las justas luchas y derechos de los pobres de la Tierra.Por esto mismo, el papa Wojtyla, con gran coraje ha condenado la infame invasión militar contra Irak, la que califica de "injusta, inmoral e ilegal", constatanto que "la administración Bush es una democracia imperial". Muchas católicas y católicos de todas las nacionalidades, tanto laicos (o sea que no son curitas ni monjitas) como sacerdotes y religiosas, dedican su vida al servicio desinteresado a todos y en especial a los más necesitados, lo que en no pocas ocasiones les ha costado terribles padecimientos, incluyendo la tortura y el asesinato. Quisiera relatarle más casos concretos en este sentido, pero comprenderá que no puedo abusar de la generosidad de la revista SEMANA con el espacio que brinda a mi artículo."Cada uno habla de acuerdo a como le va en la feria", reza el proverbio castellano. Percibo doctor Cortes que usted se topó en su vida con una esquina retardataria y oscurantista del catolicismo. De verdad que lo lamento, y vea usted las paradojas de la existencia humana, ya que mi caso es el absolutamente contrario. Yo también estudié en un colegio de padres y ellos desde el año 1966 se quitaron la sotana, vestían como cualquier persona y nos pedían que los llamáramos por su nombre y los tuteáramos. Brillaban por su buen humor y su cercanía y calidez con sus estudiantes.Ellos eran los que invitaban a niñas de otros colegios a tener convivencias con nosotros, y organizaban las fiestas en las cuales administraban el bar y nos enseñaban a disfrutar un buen trago con alegría y mesura. Desde el año 1968 estos mismos sacerdotes nos daban clases de educación sexual sin ningún tabú, con un hondo sentido humanista y haciendo recurso a los más recientes avances de la medicina y la sexología. Recuerde que la educación escolar sexual se oficializó en este país 30 años después.Desde la misma época la participación en la misa nunca fue obligatoria sino totalmente voluntaria; y en mi secundaria nuestros maestros clérigos también nos enseñaron que el relato bíblico según el cual Dios crea al hombre soplando un muñeco de barro era una elaboración simbólico-teológica que necesitaba una interpretación adecuada y que en nada se oponía con la teoría de la evolución de las especies, totalmente válida desde la ciencia biológica. Por supuesto, los 80 compañeros de bachillerato y yo guardamos los mejores recuerdos del colegio, y tenemos en alta estima al catolicismo y la maravillosa presencia de Dios en nuestras vidas.No se nos olvide que el cristianismo es ante todo una práctica cotidiana del amor, la ternura, la solidaridad y el perdón con todo ser humano, para lo cual ayuda la celebración de la misa y los sacramentos, que deben ser realizados de manera creativa, festiva y participativa, evitando al máximo todo aburrimiento o monotonía. "Un solo mandamiento les doy, que se amen unos a otros como yo los he amado. No hay mayor amor que el de aquel que da la vida por sus amigos", nos dice Jesús en el evangelio. "Dios es amor y todo el que ama está en Dios y Dios en él", nos recuerda el Nuevo Testamento.Todo esto nos muestra que también hay una Iglesia empeñada en la fascinante y gozosa práctica de la solidaridad, cuya moral lejos de ser vetusta ante todo es un comportamiento que responde a los grandes anhelos y dolores de las mujeres y hombres de hoy, dando de esta forma no pocas sino muchas y contundentes respuestas a los acuciantes retos de la sociedad contemporánea. Por ende, no solo existe un distante discurso eclesial, también se da un discurso y ante todo una práctica muy cercana de amor y transformación social por parte de la comunidad cristiana. Y doctor Cortes, no se angustie, ya que ciertamente Dios lo perdona y nos perdona a todos, porque Él es ante todo compresión y misericordia infinitas.* Sacerdote jesuita, doctor en teología