Sergio Fajardo es un personaje singular en esta contienda presidencial, la cuarta en la que participa, tres veces como candidato a la primera magistratura, y una acompañando a Antanas Mockus, otra rara avis en nuestro panorama político. Uno y otro admirables por sus nobles y novedosos aportes a la agenda nacional.
Quiero destacar su rigurosa formación de matemático, disciplina que ha desarrollado en su larga carrera profesoral en prestigiosas universidades, aquí y allende los mares. Esta formación se nota en su modo de ser, tozudo e inflexible. Lo cual no sorprende: en el ámbito de las matemáticas, cuando se descifra una hipótesis se convierte en teorema: en adelante es imposible dudar de su veracidad.
Es tambien notable su desconfianza por los partidos políticos tradicionales a los que considera, con acierto, proclives a la corrupción. Por ese motivo, sus campañas han sido primordialmente cívicas. Esa postura principista ha tenido dos consecuencias contradictorias. Le ha servido para consolidar su imagen como un político honorable. Pero, al mismo tiempo, le ha dificultado armar las alianzas que son necesarias, para aspirar, con posibilidades de éxito, a la Presidencia de Colombia.
Sergio, gracias por subir hasta “La Montaña Magica”. La tibieza de éste sol matinal, el jardín circundante, el silencio que las aves matizan con sus trinos, nos crean un ambiente propicio para hablar del futuro de nuestro país en medio de una encrucijada de excepcional complejidad.
¡Cuánta razón tienes! Jorge. Comienzo diciendo que el modelo político y social plasmado en nuestra Constitución se encuentra amenazado por un proyecto populista que pretende continuar en el poder. La propuesta de asamblea constituyente, tal como fue difundida por los asesores de Petro, carece de límites. Podría, por ejemplo, establecer la reelección presidencial a término indefinido, mutilar los poderes del Congreso, convertir a la Procuraduría y a la Fiscalía en dependencias del gobierno, y abolir la autonomía del Banco de emisión para que el gobierno pueda gastar sin restricciones. Ese es el camino inexorable a la inflación. Justamente alarmado por esta posibilidad, he propuesto un referendo constitucional para impedir la convocatoria. Ante el asedio institucional que hemos soportado durante este cuatrienio, en buena parte con éxito, el país requiere estabilidad para recuperarse del desasosiego reinante.
Añado a tus palabras la ambigüedad de Cepeda, quien ha dicho que la constituyente no es su prioridad, pero la preserva como una opción por si la oligarquía no acata la voluntad del pueblo, o algo así.
Tal cual. Petro y Cepeda juegan a que el primero es el policía malo: altanero, desafiante, radical; mientras que éste hace el papel del policía bueno: ecuánime, respetuoso, prudente. Una estrategia efectiva, sin duda.
Hablemos ahora de la lucha contra la corrupción, que ha llegado durante el gobierno actual, a magnitudes ignotas.
Es asombroso lo que ha sucedido. Se han comprado votos en el Congreso para obtener la aprobación de leyes y cupos de endeudamiento, se han robado los fondos para financiar las catástrofes de la naturaleza, se han entregado recursos cuantiosos a ciertas “comunidades” para que, en realidad, hagan con ellos lo que les plazca, con la ostensible intención de que voten por Cepeda. Por estas conductas, integrantes del entorno familiar petrista y altos funcionarios están afrontando procesos penales. Está probado que entraron recursos turbios a la campaña de Petro en 2022, circunstancia que torna ilegítima su elección. Los cargos en el gobierno se han convertido en botín de los clanes afines al caudillo y a sus alfiles.
Ante este panorama desolador, el candidato del gobierno se ha limitado a proponer austeridad en el gasto estatal y control estricto de las compras públicas. Es como si la orgía del gasto y la contratación a dedo hubieran sucedido sin que Cepeda se enterara. Su silencio solidario es atronador. Su credibilidad, nula.
Creo que más que reformas legales, se requiere que a la jefatura del gobierno llegue una persona de elevada estatura moral, comprometida con la pulcritud y capaz de coordinar las dependencias del Estado que tienen el deber de afrontar a los corruptos. Entre otras razones, por esa he puesto de nuevo mi nombre a consideración del país. En mis varias participaciones en comicios públicos — los que he ganado y perdido— nadie me acusado, con fundamento, de prácticas corruptas.
Comparto tu enfoque, Sergio. Plantear reformas legales en este terreno es inútil: el problema es de mal uso del herramental disponible. Cuando los gobernantes miran para otro lado o son cómplices, así sea por omisión, ninguna reforma es útil.
Es lo que pasa cuando los políticos, que se proclaman honestos, pierden la jerarquía moral. Petro, rodeado de corrupción por los cuatro costados, intenta tapar el sol con un dedo.
Hablemos de la denominada “Paz Total”.
La Paz Total ha sido un fracaso absoluto. Los violentos han expandido el control sobre muchas zonas del país, gracias a los ceses al fuego, la designación de líderes criminales como “agentes de paz”, y el desmantelamiento progresivo de las Fuerzas Armadas. Como “al que no quiere caldo se le dan dos tazas”, Cepeda propone persistir en ese estropicio.
Mi propuesta es diametralmente diferente. Ante el crecimiento exponencial de la delincuencia, propongo fortalecer los estamentos armados de la República; en vez de seguir dando tratamiento político a delincuentes comunes, en general conectados con multinacionales del crimen, mi gobierno ejecutaría una vigorosa acción para recuperar los territorios que hemos perdido. De otro lado, se requiere una articulación eficiente entre seguridad y desarrollo económico en zonas rurales
A lo que bien afirmas, añado que Cepeda ha resucitado la vieja teoría de las causas objetivas de la violencia, siendo la principal de ellas la pobreza. Numerosos estudios, entre ellos los de Paul Collier, han planteado que la causalidad es inversa: la violencia, de ordinario, conduce a la pobreza.
Es oportuno que hablemos ahora de un tema que desde siempre me ha obsesionado: la educación, un elemento indispensable para garantizar a niños y jóvenes vidas plenas; y que es, junto con el empleo digno y formal, el gran motor de la equidad social. Reconozco los avances en cobertura educativa, aunque con enormes rezagos en la educación preescolar y la formación técnica. Y, lo que es peor, pongo de presente los magros avances en la calidad, como cada tanto lo demuestran las comparaciones internacionales.
El Estado debe recuperar la capacidad de liderar la política educativa, y, por consiguiente, ser capaz de ordenar que el desempeño de los maestros sea evaluado con regularidad. Todos los expertos recomiendan esta medida, pero ningún gobierno la ha implementado. Intereses privados muy poderosos lo impiden.
Cepeda, por el contrario se presenta como continuador de Petro. Ofrece estatización plena de la educación con total menosprecio por la educación privada. Es como si hubiéremos regresado a las disputas que padeció Colombia en el siglo XIX, las cuales creímos haber resuelto en la Constitución de 1991. La educación debe ser mixta y laica.
Es indispensable, para concluir esta entrevista, que hablemos de política. Muchos ciudadanos, que en el pasado militamos en partidos que, de maneras distintas, defendían ideas liberales, hemos llegado a la decepción total. Esos partidos, dedicados al clientelismo, y al negocio de conceder avales para aspirar al Congreso, ya ni siquiera presentan candidatos a la presidencia.
¡Vaya, Jorge, pareces el más comprometido de mis partidarios! Ese es justamente el núcleo de mi propuesta, que se fundamenta en la primacía de la libertad individual, en el Estado de derecho, en la estabilidad fiscal, y en una economía de bienestar soportada en un sector privado vigoroso. Todo esto en tándem con la regulación del Estado para proteger a los consumidores, proveer bienes públicos e incidir en la distribución de la riqueza. Este es el modelo que recoge la Carta Política del 91, motivo suficiente para preservarla. No para bloquear el progreso del país, sino para encausarlo.
Así es. Pero como “la política es el arte de lo posible” tus legítimas ambiciones tropiezan con las cifras que arrojan las diferentes encuestas, que te dan pocas posibilidades de pasar a segunda vuelta. Con base en ellas podemos vislumbrar la posibilidad de que la contienda se decida entre los candidatos de los extremos…
Perdona que te interrumpa. Esa es una de las razones que me inducen a persistir en mi candidatura.
Noble tu posición, pero su factibilidad es baja. Te pregunto: ¿no resultaría mejor realizar una alianza programática con el proyecto que lidera Paloma Valencia, quien representa una coalición de centro, que se enriquecería con muchas de tus propuestas? Tu participación, además, nos podría liberar de opciones muy preocupantes.
Como diría el doctor Uribe: “Siguiente pregunta amigo periodista”.
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Este reportaje es imaginario. Nunca me he reunido con Sergio Fajardo, aunque he procurado ser leal a sus ideas. Con razón afirmaba Santa Teresa de Jesús que “la imaginación es la loca de la casa”.