- ¡Germán, por favor! ¿qué hace todo un vicepresidente de la República vestido de…? ¿Cómo se dice esa gente que hace edificios y vive toda sucia y eso?- ¿Obrero?- ¡Eso! - ¿No me pidió, el señor presidente, acaso, que fuese su obrero?- Pero en un sentido figurado, Germán: ¿qué es ese casco? ¿Y ese chaleco? ¿Es por octubre? ¿Se disfrazó de Manny a la obra?- Presidente: permítale a este servidor ayudarle a edificar el palacio de esta patria, sabiamente conducida por usted.- Gracias, Germán.- Dígame maestro, señor presidente, si no le molesta.-Y usted dígame mi señora, entonces.- Claro que sí, mi señora. Estoy listo a emprender junto con usted las importantes reformas que el país requiere con urgencia. - Pero no era necesario vestirse así. Aunque, ya puestos en esas, arrime ese butaco y revise esa gotera. - Claro que sí, presidente.-“Mi señora”.-Claro que sí, mi señora: resulta altamente estimulante hacerlo, si con ello satisfago sus intereses y por ende los de la patria.-¿Trajo herramienta, maestro?- Pues tengo este serrucho, que encontré en el Congreso… - Bueno: trépese… Pero no se me vaya a caer (ni a tumbar) y revise allá arriba…-Parece ser una filtración: no encontraría nada extraño que el expresidente Uribe se halle implicado en la misma.- Pues empiece el tape, tapen. -Pero no tengo con qué.…-Con ese ladrillo…-¿Pero no es esa una columna de Gabriel Silva, acaso? -Exacto.-Listo, presidente. Mi señora. -¡Lo hace muy bien de obrero, Germán! Ayúdeme ahora a hacer una reforma en el tocador de Tutina: está desesperada de que yo se lo desordene.- Como guste, presidente, mi señora, pero permítame entre tanto ingerir algo de almuerzo…-¿Qué es ese curioso edificio de ollas, Germán?-A mí también me sorprendió cuando me lo dieron a conocer por vez primera. Se llama ‘portacomidas’ y lo usamos los de la clase obrera. Luz María me sirve en estos recipientes mis sopas adelgazantes.-¿Y sí queda almorzado con eso?-Complemento con lo que mis colegas llaman ‘salchichón cervecero’, una suerte de embutido colombo-bávaro algo gelatinoso. Siempre pido tres dedos, pero me sirven menos…- Pero coma después, que las reformas no esperan: quiero ampliar el cuarto de María Antonia, agrandar mi vestier, quitarle funciones a la Procuraduría: ¡estucar por todas partes para que el Estado mismo parezca nuevo! - ¿Y sí tiene planos mi señora?- No, Germancho, toca al ojo: ¡reformemos que el golpe avisa!-Ya mismo, mi señora: ¿por dónde empiezo?-Por el clóset, que gracias a Alfredo Molano quedó sin gente, y utilicemos ese espacio para ampliar los poderes de la Presidencia…-Como diga, mi señora.-Tumbe ese tabique, que me recuerda a Juan Lozano, y ponga en ese lugar más funciones para mí.-Listo, mi señora: ¡ya mismo rompo! - …Quién entiende a mis vicepresidentes: Angelino venía de la clase obrera y soñaba con ser de la clase dirigente: exigía viajar en primera y todo. Y usted viene de la clase dirigente y ahora quiere sentirse de la clase obrera: hasta asiste a los consejos de ministros disfrazado de albañil. ¡Viera los comentarios cuando salió al baño!-Es que tenía que arreglarlo, porque la palanca no soltaba… - Qué raro: si en mi gobierno funcionan muy bien las palancas…- Creo que fue allí, en el salón del consejo, donde olvidé mi palustre.- ¿Ah, era suyo? Néstor Humberto creía que era un homenaje a su papá, don Salustiano Tapias.- Hablando de Tapias, mi señora, ¿cómo va el ministro de Ambiente?-Pues unos dicen que está muy verde y otros que es algo tronco, lo cual demuestra su conciencia ecológica. - ¿Pero es lento o qué, mi señora?-Pues se da sus licencias, aunque casi todas exprés. ¿Sí pudo arreglar ahí?-Sí: ya rompí. Acá le caben siete superministros más.-Ahora mida el marco de esa ventana, que lo quiero cambiar por el marco para la paz.-Claro que sí, mi señora… Acá voy… ¡¡Fiu, fiui!! ¡Se salió del Inpec, o qué, mamita, con esa cantidad de presas tan buenas!-Germán, por favor, no le grite esas cosas a Ginita, que todos saben que esta ventana es la de de mi despacho.-Ay, perdone, señor presidente: son piropos del gremio.- ¿Cuánto mide?- No sé, pero es bajita.-Me refiero al marco.-Pues no sé, no tengo cómo medir: Petro me compró el metro para dejárselo a Bogotá. -¿Y entonces?- Ya va a tocar dejarlo para mañana, mi señora, porque no traje más herramienta…- ¿Y esa carretilla qué es, acaso?-No es mía: esa era la carretilla que echaba Lucho Garzón en los consejos, mi señora: si quiere se la llevo esta quincena, que me voy a beber unas polas con él.-Pero vea, Germán…-Maestro…-Vea, maestro: hágame ese marco hoy mismo para empujar lo de La Habana… - Lo siento, mi señora; ni siquiera hay materiales.-¿Pero por qué se echa agua de la llave en el pelo?-Porque ya me voy para la casa. Hoy no se hizo más. -No, no, no, Germán: hay que trabajar, estar encima de todo, fijarse en lo micro…-Justamente: me voy a jugar micro…-Al menos llévese ese serrucho que ahora vienen los congresistas de la Unidad Nacional y después es para problemas. -Como diga, presidente.-“!Mi señora!”… -Como diga, mi señora.