Las relaciones entre Colombia y Venezuela desde 1830, cuando se disolvió la Gran Colombia, se asemejan a una montaña rusa con subidas hasta el cénit y caídas abruptas. Sin embargo, la situación actual entre los dos países es especialmente peligrosa y compleja.

Las cosas han llegado a un punto en el que el presidente Duque, después de haber confirmado que el grupo armado responsable de la colocación de la bomba en la Brigada 30 en Cúcuta y del atentado contra él y sus ministros, se refugia en territorio venezolano, ha solicitado a los Estados Unidos que incluya a Venezuela en la lista de los países que propician el terrorismo.

Hace algún tiempo Maduro afirmó que el atentado de que fue objeto mediante un dron cargado de explosivos en una ceremonia militar se había fraguado en territorio colombiano, ante la indiferencia de nuestras autoridades. Formuló la misma acusación, cuando un grupo de mercenarios desembarcó en las cercanías de Caracas supuestamente con el propósito de capturarlo.

Continúa la pugna entre Colombia y Cuba, donde dirigentes del ELN responsables del atroz atentado contra la Escuela de Policía General Santander permanecen tranquilamente en La Habana. El presidente Trump antes de salir del poder, precisamente por esa razón, revocó la decisión que había adoptado su predecesor de sacar a Cuba de la lista de estados que patrocinan el terrorismo.

La Habana, se había sentido siempre ofendida por estar incluida en esa clasificación. Es más, uno de los factores que pudo haber motivado a Cuba a ser facilitadora en el proceso de paz con el ELN y las Farc, fue el de tratar de demostrar ante el mundo que, era precisamente lo contrario: una gran promotora de la paz. No faltaron incluso algunos que consideraron que el premio Nobel de Paz, debía haber sido para Cuba.

Es muy dudoso que, en este momento, cuando se percibe un sutil cambio de línea de Biden con respecto a Venezuela, los Estados Unidos atiendan la solicitud colombiana, con todas las consecuencias que pudiera tener.

El ELN y las Farc están desde hace mucho tiempo en territorio venezolano y los gobiernos de Colombia lo han sabido muy bien. No obstante que hay evidencia de ello, un presidente calificó a Chávez como “su nuevo mejor amigo”.

El gobierno de Maduro que ha tratado, sin mayor éxito, de dar la impresión de una supuesta dicotomía con los grupos armados colombianos en Venezuela, seguramente presentará como prueba de “su empeño” en luchar contra ellos, los combates que se dieron en el estado Apure, con inusuales bajas entre las fuerzas armadas venezolanas.

En esas condiciones no sería improbable que Colombia se quedara con la solicitud formulada pero no acogida por Washington.

Sin embargo, si como parece, Venezuela quiere la aproximación con los Estados Unidos, el gobierno norteamericano que manifiesta que Colombia es su gran aliado, podría exigirle a Maduro como condición para el levantamiento de algunas de las sanciones, no simplemente una transición política de cualquier modalidad, sino la suspensión del apoyo y refugio a los grupos armados colombianos.