El director de SEMANA, Yesid Lancheros, le recordó en una entrevista a Mauricio Gaona que, según Gustavo Petro, el M-19 no fue responsable de la muerte de su padre, el magistrado Manuel Gaona Cruz, asesinado en el Palacio de Justicia a los 44 años en 1985. El hijo contestó que, en cuanto a Petro, “esa declaración lo coloca en un lugar del cual la historia difícilmente lo va a remover y es el de la infamia. Para los colombianos que estaban vivos ese día, se cometieron crímenes contra la humanidad, lo vieronen vivo y en directo. Las interpretaciones lo que hacen es que terminan asesinando la historia y esta es la mejor forma de generar impunidad. Que un país pase de ese momento a colocar a esas personas en el poder es una discusión patológica de la realidad que estamos viviendo, porque normalizamos los crímenes contra la humanidad, y por eso estamos lidiando con gobernantes inmerecidos”. Adhiero con fervor a las palabras de Mauricio Gaona. Yo estaba vivo. Iría más allá. Son gobernantes inmerecidos e ilegítimos, ilegítimos porque tienen la legitimidad formal, pero no la legitimidad moral.

Mauricio Gaona viene prestando un gran servicio público, como vástago de un hombre dedicado al imperio del derecho, no a la barbarie de las armas. Es hoy un faro en un país que no tiene guardián en la heredad. Han calado muy hondo sus opiniones, que extracto aquí como retazos textuales: “No le quedan tantos días a la república. Vamos hacia una dictadura. Petro quiere llegar al hiperpresidencialismo. Me parece que a la democracia colombiana le quedan unas semanas para tomar una decisión trascendental. Soy pesimista sobre el futuro de Colombia. La derecha hace mucho ruido, mientras que la izquierda trabaja silenciosamente. Esta es una izquierda que viene de la violencia de grupos armados asociada a organizaciones que cometieron crímenes contra la humanidad. La democracia ya no muere en un cuartel, sino en una constituyente hecha para asesinarla”. Mauricio Gaona hace esta veraz síntesis del Gobierno Petro: “El balance no es positivo desde el punto de vista de la ética del Estado, de la decencia y del honor. Le fallaron a la historia, les fallaron a quienes los eligieron y le fallaron a Colombia”. Es idóneo que sea otro gran jurista de apellido Gaona quien emita hoy la sentencia implacable, a la luz del derecho constitucional, contra los gobernantes inmerecidos.

Empero, discrepo de Mauricio Gaona cuando sugiere que los regímenes de Nicaragua y Venezuela podrían reproducirse en Colombia. En Nicaragua existe hoy una dictadura de unos bandidos provenientes del sandinismo, y en el siglo XX los Somoza sanguinarios gobernaron durante 32 años. Hay tradición de dictadura. En Venezuela también hay tradición de dictadura.

En el siglo XX brillaron los tiranos Cipriano Castro (9 años), Juan Vicente Gómez (27 años) y Marcos Pérez Jiménez (4 años). Este último no duró más tiempo porque le advirtieron que su vida corría peligro y se marchó al exilio dorado en Madrid al son de la famosa frase: “El pescuezo no retoña”. Estamos hablando de 41 años de yugo militar el siglo pasado, más todo este siglo. En 126 años de historia suman 67 años de despotismo, más de la mitad.

En Colombia, Gustavo Rojas Pinilla solo duró 4 años. No ha habido otros dictadores. Tal vez no hemos tenido una verdadera democracia, pero sí democracia electoral en cuanto al cambio de Gobierno cada 4 años. No creo que unos gobernantes inmerecidos sean capaces de modificar la historia. Todo podría suceder, pero invoco, como amuleto, la añeja frase: “Colombia no es tierra fértil para las dictaduras”. Para instaurar una tiranía, se necesita un pelotón de fusilamiento, al estilo Fidel Castro en Cuba. En un país anegado desde siempre en la violencia, es curioso que el pelotón de fusilamiento sea anatema en Colombia.

Mi pronóstico si triunfa el Pacto Histórico es más de lo mismo: más desfalcos, más pronunciada danielquinterización de los cargos públicos, más impunidad para los asesinos, más minga indígena, seguirán desgañitándose inútilmente, pero una verdadera dictadura que quiebre la economía colombiana –que es privada, no estatal– no se atreverán a intentarlo. Repito lo que escribí hace cuatro años cuando se temía que Petro sería otro Maduro: en Colombia, si escasea la media de aguardiente en las tiendas y en los supermercados, el pueblo se levanta y tumba a Cepeda. Ídem si faltan el aceite, el azúcar y la areparina. Colombia no es Venezuela. La gente tolera muchas injusticias, pero no el desabastecimiento. Cuando fuimos un solo país, se decía que Caracas era el cuartel, Quito, el convento y Bogotá, la universidad. La universidad de la cual fue prez y gloria Manuel Gaona Cruz.