La ausencia de Colombia en la sesión de la OEA en la que se pretendía condenar la violación a los Derechos Humanos en Nicaragua tuvo en su momento varias lecturas. De un lado, la oposición condenó de manera contundente este gesto del gobierno entrante, pues es un antecedente jamás antes visto en la historia diplomática de Colombia.
De otro lado, al mejor estilo del espejo retrovisor, se oyeron voces que culpaban al anterior gobierno, como el destacado abogado y profesor Ramiro Bejarano, que en su cuenta de Twitter dijo: “Fuente confiable me informa que ausencia de Colombia en sesión de OEA donde se sancionó a Nicaragua, fue la última “jugadita” de Alejandro Ordóñez y su gente, quienes ocultaron que se iba a realizar esa sesión. Nuevo embajador en OEA, Luis Ernesto Vargas, es víctima de esa felonía”.
El embajador designado, Luis Ernesto Vargas, por su parte, manifestó que aún no había sido nombrado, razón por la cual no asistió a la sesión de la OEA. Lo que realmente sucedió vinimos a saberlo gracias al derecho de petición que respondió la Cancillería a un reconocido noticiero, a través del cual el Viceministro encargado de Asuntos Multilaterales, informó que el gobierno nacional tenía pleno conocimiento de la reunión y que por orden del Canciller Álvaro Leyva la delegación de Colombia no participó en ella.
Este es un hecho bastante preocupante, no solo porque Colombia no condenó la grave violación a los Derechos Humanos por parte del régimen de Daniel Ortega y su esposa, sino porque una vez más nos dan a los colombianos información que no corresponde con la realidad de los hechos. Este ocultamiento de la verdad en etapas tan tempranas de gobierno es más que preocupante, pues eso es lo que suelen hacer las dictaduras y los regímenes autoritarios en el mundo.
La situación de salud del Presidente no es clara, tampoco tenemos información suficiente al respecto, cuando este es un tema que requiere la mayor transparencia posible. Es importante que se nos cuente la realidad del parte médico, para saber a qué atenernos, pues existiría la posibilidad de que Francia Márquez fuera la Presidente de Colombia, con todas las implicaciones que esto tendría.
A Petro se le pueden hacer todas las críticas, pero hay que reconocer que ha sido senador, alcalde de la ciudad más importante del país y que tiene una carrera política de más de 30 años, luego logró ser Presidente. La vicepresidenta Márquez, quien es una persona que merece todo el respeto, de la cual se destaca su capacidad de liderazgo, el ser la primera mujer afrodescendiente en llegar a tener el segundo cargo más importante del ejecutivo, no tiene experiencia en asuntos de gobierno, confunde la astronomía con la astrología y piensa que los huevos son importados de Alemania.
Otro asunto que genera dudas es la falta de coordinación entre las distintas carteras y la Presidencia. Cito tres ejemplos de las múltiples situaciones que se han presentado en pocas semanas. El primero, la mención por parte de la Ministra de Cultura de poner impuesto a los planes de telefonía móvil, lo cual fue desmentido por El Ministro de Hacienda y el propio Presidente. El segundo, la falta de claridad frente a nuestra política energética, en la que la Ministra del ramo anunció que eventualmente podríamos depender del gas venezolano, siendo desmentida posteriormente por el Presidente, el cual dio la razón a Álvaro Uribe, cuando expresó que en efecto Colombia debía tener autosuficiencia en esta área.
El tercero, la desinformación a la hora de dar a conocer el paradero del Presidente y el porque de sus ausencias a eventos claves para todo el país, como lo es la posesión de ministros, la reunión con más de setecientos alcaldes o la inasistencia a la transmisión de mando de las Fuerzas Militares. Ministros y portavoces del gobierno dieron versiones encontradas sobre los hechos, pues unos dijeron que estaba en reuniones de alto gobierno, que los decretos de nombramiento de ministros y militares no estaban listos por parte de la oficina jurídica de Presidencia, etc. Finalmente, Petro aclaró que tenía un dolor de estómago, dejando a los demás como unos mentirosos.
Al igual que el abogado Bejarano, millones de colombianos hemos sido víctimas de desinformación por parte del alto gobierno o de fuentes cercanas a él. Esto no puede ser considerado un asunto menor, pues insisto, es práctica recurrente de regímenes autoritarios.
Entretanto, se ha dado de baja a 50 generales sin saber porque, pues hasta ahora no se han mostrado razones de peso que lo fundamenten, seguimos sin tener conocimiento de en qué se invertirán los ingresos que se obtengan de la reforma tributaria, se siguen presentando masacres y asesinatos en todo el país, no hay una hoja de ruta sobre como no vamos a perder soberanía energética dejando de explorar pozos, nos acercamos a regímenes dictatoriales y violadores de derechos humanos como Venezuela, Cuba, Nicaragua e Irán entre otros.
El panorama no podía ser más alarmante. Sin embargo, el Presidente ha decidido viajar al Perú y dejar el país en manos de la Ministra de Trabajo, quien es miembro del partido comunista, dando con ello señales claras al libre mercado, la libertad de empresa y la propiedad privada, los inversionistas y los mercados internacionales.
A estas alturas es claro que los colombianos estamos siendo entrampados. Que no se nos habla con claridad y que el país está tomando un rumbo muy preocupante en el que se desmoraliza a la Fuerza Pública, se premia a los delincuentes con el “perdón social” y se apoya a dictaduras como la de Daniel Ortega.