Los cubanos perdieron el miedo y salieron a las calles a luchar por su libertad. Miles de personas cansadas de hacer filas de ocho horas diarias para conseguir una ración de alimentos, con los niveles de contagio de la pandemia por las nubes, sin vacunas, hospitales, ni médicos, gritaron en una sola voz: “¡Libertad!”.
Han pasado más de 60 años de la dictadura de los Castro. El comunismo, que se vendió en la isla como la gran bandera revolucionaria en la década de los cincuenta del siglo XX, hoy no tiene resultados para demostrar que, en efecto, es un mejor sistema que el de la democracia y el libre mercado.
En Cuba, la dictadura es el establecimiento. No hay elecciones democráticas, ni partidos de oposición, ni libertad de prensa, ni siquiera libertad para irse de la isla a buscar nuevas oportunidades.
Los gritos de libertad le dieron la vuelta al mundo. Acá en Colombia los “progresistas” de izquierda, encabezados por Gustavo Petro y Claudia López, quedaron mudos. Los “progresistas” latinoamericanos también, como Michelle Bachelet, la alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, a quien le costó casi cinco días para hacer un escueto comunicado y, con pinzas, exigirle al dictador de Cuba, Miguel Díaz-Canel, que respete los derechos humanos de los cubanos. Pero en cambio sí condenó con vehemencia la supuesta violación de los mismos durante el paro nacional que vivió Colombia el pasado 22 de junio, desde el Consejo de DD. HH. de la ONU.
Gustavo Petro ha evitado al máximo hacer alguna referencia al tema cubano. Aceptar que el régimen persigue a los protestantes, los violenta, encarcela, silencia y asesina sería en extremo contradictorio para el candidato presidencial, que admira el modelo comunista cubano desde su militancia en la guerrilla del M-19.
Según la narrativa del senador Petro y de sus seguidores, Colombia es una dictadura, un narco-Estado. Olvidando que él como senador recibe el pago de sus honorarios como congresista de la “dictadura” y del “narco-Estado” que, además, representa. Pero ¿es Colombia una dictadura?
En el país proliferan los partidos y las organizaciones políticas. Hay derecho a hacer oposición, a la libertad de expresión, hay libertad de prensa con todas las dificultades propias del oficio, hay derecho a la protesta pacífica y a la libre expresión. El régimen de Cuba llegó al delirio de bloquear internet en la isla para que el mundo no conociera lo que sucedía en sus calles. ¿Acaso sucedió algo similar durante las protestas del paro nacional?, ¿el Gobierno colombiano bloqueó las aplicaciones de Twitter, Facebook, TikTok o Instagram? No.
Lo que sucede es que Petro es un mal perdedor, y el hecho de que en su egolatría no haya logrado ganar hasta ahora la presidencia no convierte a Colombia en una dictadura como la cubana o la venezolana.
La narrativa que lograron instaurar entre políticos y periodistas de izquierda sobre la inexistencia del modelo castrochavista, hoy, con lo que está sucediendo en Cuba, se está derrumbando. El modelo opresor y dictador de los hermanos Castro, Hugo Chávez y de Nicolás Maduro arruinó a Cuba y Venezuela. Los influenciadores y periodistas defensores del castrochavismo pueden gritar, hacer tendencias en Twitter y matonear, pero la realidad es que el modelo castrochavista sí existe, y fracasó hasta para hacer las vacunas para prevenir la covid-19.
En el más reciente ranking del Index of Economic Freedom, publicado esta semana y que mide el grado de libertad económica de 178 países, Cuba ocupó el triste puesto 176 y Venezuela el vergonzoso puesto número 177. En estos países comunistas no hay libertades económicas. Pero para sorpresa de los pesimistas, Colombia ocupó el lugar número 49 de la lista. Nada mal.
¿Y qué es el modelo castrochavista? Es comunismo, dictadura, represión y pobreza.
Ese modelo arruinó a una nación tan rica como Venezuela y obligó a que más de siete millones de venezolanos salieran exiliados del país, generando una de las migraciones más inhumanas y trágicas de la historia reciente de Latinoamérica. Además, de la ruina de una de las clases medias y de los sistemas empresariales más prósperos de América Latina.
Mientras tanto en Colombia, los líderes de la izquierda radical siguen vendiendo la idea de que el ‘Pacto Histórico’ de Gustavo Petro, o la centroizquierda de la ‘Coalición de la Esperanza’ de Juan Manuel Santos son la panacea para salir de la crisis. Venden humo e intercambian promesas, pero tras bambalinas se cuece una repartija y un plan que puede terminar como acabó Venezuela.
Si cae el régimen de los Castro en Cuba, empezaría un nuevo periodo de crecimiento económico, político y social en Latinoamérica. La interpretación de la ideología de izquierda como la que hicieron Fidel Castro, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega, Rafael Correa y Gustavo Petro no ha dejado avanzar a las sociedades de la región, porque las convence de permanecer dependientes del Estado para suplir sus necesidades. Por eso los cubanos perdieron el miedo y no quieren depender más de una dictadura de seis décadas que los privó del derecho humano más importante de todos: la libertad.
La trampa y las falsas promesas de ese modelo castrochavista, que ahora los “progres” niegan con tanto ahínco, son las verdaderas protagonistas del debate político para 2022. En Colombia se definirá entre el mercado y la libertad, contra la opresión y el fin de la propiedad privada.