Hay momentos en las campañas donde las encuestas dejan de ser simples fotografías y empiezan a convertirse en tendencia. Y eso es exactamente lo que está pasando hoy en Colombia. Más allá del ruido, de las encuestas hechas para inflar candidatos y de los titulares acomodados, las mediciones más creíbles ya están mostrando algo muy concreto. La elección presidencial empezó a cerrarse alrededor de dos figuras, Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella.
Y eso cambia completamente el tablero político. No solo porque Cepeda aparece consolidado como el candidato del petrismo, sino porque Abelardo terminó convirtiéndose en el único dirigente de oposición que hoy está creciendo de verdad en los sectores populares del país. Ahí está la clave de todo.
El fenómeno de Abelardo no se explica únicamente por el voto uribista tradicional ni por la rabia antipetrista de redes sociales. Se explica porque está entrando en estratos populares donde históricamente la derecha y la centro derecha colombianas no conectaban emocionalmente. Y cuando eso pasa, las campañas cambian de dimensión.
Incluso empezó a verse en otro termómetro político que siguen estrategas e inversionistas internacionales. Plataformas de predicción electoral como Polymarket y Kalshi registraron un crecimiento de las apuestas alrededor de la candidatura de Abelardo de la Espriella, consolidándolo como el principal rival de Iván Cepeda. Y eso importa porque ahí no responde la militancia emocional de redes sociales, sino personas apostando dinero real sobre quién creen que terminará ganando la elección.
AtlasIntel pone hoy a Iván Cepeda en 38 %, a Abelardo en 29,9 % y a Paloma en 21,2 %. GAD3, otra firma internacional con buena reputación metodológica, muestra una tendencia muy similar. En su última medición, Cepeda aparece con 36 %, Abelardo con 21 % y Paloma con 13 %, consolidando el mismo escenario que ya empiezan a mostrar varias mediciones internacionales: Cepeda liderando, Abelardo creciendo y Paloma perdiendo impulso.
El propio CEO de GAD3 aseguró, en entrevista con Caracol Radio, que la suspensión de sus encuestas en Colombia no obedeció a la nueva ley electoral y lanzó una frase que dejó bastante ruido en el ambiente político: “Tienen alergia a la realidad social”.
Y según una fuente muy confiable, la salida de GAD3 de Colombia habría estado relacionada con supuestas presiones políticas al canal RCN por los resultados de la última medición, que no gustaron mucho en ciertos sectores políticos.
En ambas encuestas la conclusión es prácticamente la misma. No habrá ganador en primera vuelta y la segunda vuelta empieza a perfilarse entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella. La tendencia ya empezó a marcarse.
Por eso no existe ningún empate técnico real entre Abelardo y Paloma, como algunos sectores políticos han intentado vender durante semanas. Eso puede servir como relato de campaña, pero no es lo que muestran los números. Vicky Dávila, en su entrevista con Valencia para SEMANA, se lo dejó claro en varias ocasiones.
Las firmas internacionales con mejor reputación predictiva coinciden en el mismo fenómeno. Abelardo sube, Paloma perdió impulso y el voto útil de oposición empieza a moverse. Mientras tanto, varias encuestas nacionales que intentan instalar artificialmente la idea de un empate técnico ni siquiera aparecen bien posicionadas en rankings internacionales de credibilidad y precisión. Las encuestas del establecimiento, como Invamer, Guarumo o el Centro Nacional de Consultoría, están produciendo fotografías cada vez más desconectadas de la tendencia que sí detectan las firmas internacionales. Aunque dejaron algo claro. No se atrevieron a cruzar la línea roja de poner al tercero pasando al segundo, porque ahí la maniobra sería demasiado evidente. Porque una cosa es lo que circula en redes sociales como “X” y las cadenas de WhatsApp, y otra lo que realmente empieza a mostrar el electorado.
¿Por qué Abelardo está creciendo? Porque entendió algo que la derecha colombiana nunca había entendido del todo. Esta elección no se está peleando en los editoriales de Bogotá ni en los cocteles empresariales. Se está peleando abajo. En la frustración económica, en el cansancio social y en la sensación de deterioro que existe en millones de personas.
Durante años, Gustavo Petro tuvo prácticamente el monopolio emocional de los estratos populares. La izquierda sabía hablarle al ciudadano indignado. La derecha no. Sonaba técnica, fría o elitista.
Abelardo rompió eso. Y lo hizo entendiendo algo que muchos políticos tradicionales siguen sin comprender. Hoy la gente no está buscando candidatos perfectos. Está buscando candidatos auténticos. Ya existe un agotamiento enorme frente al político libreteado, calculado y fabricado por consultores. Abelardo conecta porque transmite convicción. Porque habla como alguien que realmente cree lo que dice. Y en un país cansado de discursos prefabricados, eso genera identificación inmediata.
Además, logró salir de la burbuja tradicional de la derecha. Mientras otros candidatos siguen hablándole al mismo electorado de siempre, Abelardo empezó a entrar en conversaciones populares donde antes la oposición no tenía llegada. Taxistas, comerciantes, jóvenes frustrados económicamente y sectores cansados de la inseguridad que incluso votaron por Petro hoy empiezan a escucharlo.
Ahí está creciendo de verdad y además tiene otra ventaja que está explotando a la perfección. Su experiencia en el sector privado y en la generación de empresa. Abelardo está marcando una diferencia importante frente a candidatos que vienen principalmente del mundo legislativo. Porque legislar y administrar son cosas distintas. Y en un momento de incertidumbre económica, mucha gente empieza a valorar perfiles que transmitan capacidad de ejecución, liderazgo y experiencia manejando proyectos, inversión y generación de empleo.
Podrán gustar o no sus formas. Podrá incomodar su estilo. Pero sería absurdo negar lo evidente. Es el único candidato de oposición que hoy está entrando con fuerza en sectores populares donde la derecha y la centro derecha tradicional jamás logró conectar emocionalmente. Por eso está creciendo. Y por eso también empezó el nerviosismo en sectores políticos que daban por descontado que Paloma Valencia heredaría automáticamente el liderazgo opositor. No pasó.
Paloma conserva un voto importante y reconocimiento político, claro. Es algo innegable y más cuando está detrás el elector más importante del país, el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Pero los números muestran algo que en campaña suele ser mortal. Perdió impulso. Y cuando un candidato pierde impulso, el electorado empieza a moverse rápido hacia quien siente con opción real de llegar. Eso ya empezó a ocurrir.
También empieza a perder credibilidad la idea de que si Abelardo llega a segunda vuelta, el electorado de centro no terminaría moviéndose hacia él. Las propias mediciones muestran que, en una elección cada vez más polarizada, buena parte de los votantes termina moviéndose más por rechazo al petrismo, percepción de viabilidad y voto útil que por afinidades ideológicas tradicionales.
Además, hay un dato clave que termina de derrumbar la campaña del miedo que algunos sectores intentan instalar desesperadamente alrededor de esta elección. En distintos escenarios de segunda vuelta, Abelardo también derrota a Iván Cepeda. Así se cae la tesis de que Paloma Valencia es la única candidata capaz de frenar al petrismo.
El problema para esa narrativa es todavía más profundo. Nunca logró despertar el fervor ni el entusiasmo político que sí empezó a generar Abelardo de la Espriella. Y en campaña eso pesa muchísimo. Las elecciones no se ganan únicamente con estructuras, apoyos tradicionales o titulares hechos para sostener percepciones. También se ganan con conexión, con crecimiento y con la sensación de que hay una candidatura que realmente puede llegar y ganar.
Para disputar una segunda vuelta primero hay que clasificar. Y según las mediciones y tendencias nacionales e internacionales más creíbles, quien hoy aparece ocupando realmente ese lugar no es Paloma Valencia.
Es Abelardo de la Espriella.