La apuesta más grande que hoy se propone en Colombia es alcanzar la paz con los grupos armados irregulares. Los intentos de diálogo han estado cargados de innumerables tensiones y abundantes incoherencias por parte de quienes habitan en la ilegalidad.

El proceso con el Estado Mayor Central de las Farc (EMC) está caído y fue calificado como “prematuro” por el mismo presidente Petro. Con el ELN, la mesa de diálogos sigue en pie, aunque las declaraciones de Antonio García, su cabecilla, ponen en tela de juicio la viabilidad del consenso. Entonces, ¿cómo pretenden avanzar hacia la paz?

A pesar de las razonables críticas al proceso con el ELN, la oportunidad política para dejar las armas todavía se puede aprovechar. Si el gobierno quiere seguir con los diálogos, es necesario proteger la bilateralidad de los acuerdos del cinismo de esta guerrilla, con el que pretenden burlarse del país. No se trata de tumbar los diálogos, se trata de hacerlos para corresponder con lo que se pacta en la mesa.

Hasta el momento, el proceso se sostiene con debilidad debido a la incoherencia del ELN. Afirman algo en la mesa y hacen otra en la selva. La arrogancia con la que Antonio García equipara la financiación de las Fuerzas Militares con la de su guerrilla o con la que califica la organización como “pobre” deja entrever la dificultad de llegar a un acuerdo basado en la realidad que sufre el país por cuenta de ellos.

Pareciera ser que la utopía del ELN es la distopía para la paz en Colombia. Mientras esta organización no identifique el secuestro, la extorsión, la minería ilegal o el narcotráfico como obstáculos para la terminación de la guerra, no se llegará a ningún acuerdo. De nada le sirve al ELN secuestrar a cinco vendedores ambulantes para liberarlos en los días siguientes, como sucedió el pasado martes 14 de noviembre. Lo único que genera es desconfianza en el proceso.

En los negociadores del gobierno recae la responsabilidad de hacer respetar la bilateralidad. No obstante, en el ELN recae la necesidad de mostrar una sincera voluntad de paz, lo más importante y necesario actualmente. El próximo ciclo de diálogos en México es inevitable. Las exigencias deben estar centradas en que la guerrilla demuestre no tener posturas perjudiciales para la consecución de la paz.

Para los Acuerdos de Paz con las Farc en 2016, el general Alberto Mejía, excomandante de las Fuerzas Militares, afirmó en una entrevista para El Tiempo ser “un hombre de guerra” queriendo ser “arquitecto de paz”. Se necesitan arquitectos de paz en todos los sectores que exijan no más burlas al país. Los mandatos constitucionales no pueden ser negociados.