Es imposible predecir cómo va a terminar la operación de Estados Unidos e Israel en Irán. Lo que sí es absolutamente claro es que esta acción militar va a tener un profundo cambio en el mundo de la energía a nivel global.

¿La razón? Rusia, Irán y Venezuela utilizaron el petróleo y el gas como un instrumento de guerra mucho antes de la respuesta de Occidente a estas amenazas o acciones que estos países ejecutaron. Comencemos por Venezuela, que con Petrocaribe, por un lado, y elregalo de petróleo a Cuba, por otro, además de la financiación y apoyo a organizaciones terroristas con dinero producto del petróleo, mostró en este continente cómo el uso de esa fuente de energía era un instrumento político de apoyo al populismo y al comunismo de paso. Las revelaciones que saldrán en el juicio a Nicolás Maduro mostrarán además otros aspectos de esta política, como la financiación de actores legales e ilegales a lo largo y ancho del continente, siempre con un fin: el de desestabilizar las democracias de la región.

Hoy, la respuesta de Estados Unidos en Venezuela y en Cuba, país que en 70 años de revolución nunca se preocupó de asegurar una fuente de energía, pues prefirió el regalo de la Unión Soviética, primero, y de Hugo Chávez, después, demostró con claridad cómo el uso político del petróleo facilitó la supervivencia de un Estado terrorista como Cuba y de otro como Venezuela, un Gobierno que promocionaba el terrorismo, algo que ojalá ya no esté haciendo, lo que está aún por verse.

Lo de Rusia ha sido clarísimo. Antes de la invasión de Ucrania, extorsionó en varias ocasiones a Europa con el petróleo y el gas baratos. Después de la invasión y ante la obvia reacción de Europa en contra de esta operación militar, les cortó el acceso a estas fuentes de energía. Lo de Irán es igual, pues su financiación de los terroristas hutíes para controlar la entrada y salida al golfo de Adén y su permanente extorsión con el estrecho de Ormuz, que ahora se convirtió en un cierre, muestran con claridad que el petróleo para esa dictadura fanática es un instrumento político de financiación de terrorismo y de extorsión.

Pues bien, el final del mundo energético como lo conocíamos y en el que Rusia, Irán y los países de Oriente Medio eran los grandes jugadores es apenas cuestión de tiempo. Un nuevo mundo de la energía y, por ende, del poder se está construyendo y América Latina tiene una gran oportunidad si hace las cosas bien.

La salida de los Emiratos Árabes de la Opep tiene una clara razón de ser: quieren exportar todo el petróleo que puedan, sin límites, lo antes posible. Tiene absolutamente claro el nuevo mundo energético que se va a construir y quieren capitalizar, lo más rápido posible, el petróleo y el gas que ya tienen. Saben que en unos años nuevas fuentes de petróleo y gas les van a competir. Saco lo que pueda ya; es el mensaje que manda y que seguramente otros países petroleros del Oriente Medio van a seguir.

El nuevo mundo energético va a tener a Rusia e Irán abasteciendo a China. Ese eje autoritario ya trabaja junto, y China solo va a mantener compras en otros países para poder bajar el precio, pues lo que viene durante un tiempo es una sobreproducción de petróleo por cuenta de este nuevo escenario geoestratégico y económico. Además, ya hay gasoductos que no tenían viabilidad en el anterior mundo energético y hoy están reviviendo, en especial en los países de la antigua Unión Soviética. Eso sí, no pasan por Rusia ni por Irán para no tener que pagar el precio de la inestabilidad política y la extorsión de estos dos países.

¿Y América Latina qué? Una gran oportunidad si dejamos de lado el populismo y creamos las condiciones necesarias para la inversión petrolera, que va a estar ávida de nuevas fuentes de petróleo y gas. Gran ganador: Guyana, que va a exportar petróleo rápidamente, sin contratiempos. Argentina y su reserva Vaca Muerta entran en producción en el momento exacto. Brasil tiene grandes posibilidades, al igual que México, pero el populismo en este último país mata cualquier posibilidad de revivir la industria petrolera. Es más, hoy Pemex es insalvable, como lo es PDVSA, y si seguimos en el mismo camino, Ecopetrol en Colombia.

Venezuela puede ser el gran beneficiado de este nuevo mundo, pero la transición se debe consolidar, y la democracia y la seguridad jurídica, que hoy no hay, son absolutamente necesarias para desarrollar todo ese potencial energético. Colombia igual tiene que despertarse y hacer las cosas que durante años no se hicieron.

Lo primero es permitir el fracking en las zonas donde no se dejó hacer durante los dos últimos gobiernos. Lo segundo es acelerar el desarrollo del gas en el Caribe. Lo tercero, crear condiciones económicas y de seguridad jurídica, con contratos de estabilidad con penalizaciones internacionales, para exploración en el país y así sacar hasta la última gota de petróleo para invertir en el país. Y quinto, recuperar Ecopetrol, que se robaron en este Gobierno. Hay que dejarlo limpio y con los mecanismos que eviten que esta mafia pueda regresar a acabar el trabajo que Ricardo Roa, quien debería estar en la cárcel, comenzó.

Es más, no se debería descartar la privatización de Ecopetrol para que no acabe como las petroleras estatales de México y Venezuela.

El mundo multilateral cambió. El de energía cambió. El próximo presidente de Colombia, si no es Iván Cepeda, que está alineado con el autoritarismo, debe navegar esas aguas para sacar provecho. Ya veremos.