Sobre la reforma a la salud han opinado muchos, menos la persona que en los últimos 30 años construyó la empresa de salud más grande del país. Esto es lo que piensa Carlos Palacino, fundador de Saludcoop en 1995 y su único presidente hasta 2011, sobre el texto aprobado en la Comisión Séptima de la Cámara de Representantes: “Sin lugar a duda, hay una serie de artículos que expresan un marco de buenas intenciones, y me identifico con la mayoría de ellas. Pero una cosa es compartir el propósito de llegar a una meta de mejoramiento de la calidad, de la medicina familiar, de llevarles la salud a las personas a sus territorios, al sitio más cercano, pero observo que es muy probable que la nueva estructura que se propone no va a generar esosresultados.

La reforma es una colcha de retazos, con fallas en su estructura, sin cifras sobre su impacto económico y sin claridad de cómo van a ser los distintos procesos de ese sistema. Si ustedes leen el texto de la reforma, encontrarán una infinidad de artículos que hablan de una reglamentación que se va a expedir después de aprobada la ley. Es decir, la ley termina siendo una carátula. Solo una vez aprobada y expedida, el Gobierno comenzará a emitir la reglamentación sobre muchos de los aspectos. Por ejemplo, cómo serán las famosas redes integradas e integrales, quiénes pueden formar parte de ellas, cómo se van a habilitar esas redes y cada uno de sus componentes, cómo serán designados y habilitados los gestores farmacéuticos, cómo se van a distribuir los recursos. Se habla de unas gestoras de salud, que son las actuales EPS. Pienso que están tratando de acomodarles unas funciones para no decir que realmente ya no manejarían el aseguramiento, ni afiliarían a los usuarios, ni administrarán los recursos. En esencia, desaparecerían”.

Palacino no comparte la descentralización: “Me preocupa muchísimo descentralizar la plata y el control. Va a haber mucha gente tomando decisiones en salud y eso va a conducir a unos niveles de ineficiencia y de corrupción. Van a tener mucho poder las autoridades territoriales. Hay alcaldes y gobernadores que seguramente son personas muy respetables, pero también los hay que no tienen esos principios y esos valores que necesita el sector salud para administrar con mucha transparencia y con mucha responsabilidad administrativa los recursos. En Saludcoop todas las decisiones estaban centralizadas para evitar que al dispersar las decisiones en regionales se nos pudieran permear esos procesos y darle paso a la corrupción. Las decisiones las tomaban las Vicepresidencias y algunos directores de carácter nacional. Jamás permitimos que un proveedor nos dijera mire, venga, doctor Palacino, yo le puedo compartir utilidades de la empresa; venga, doctor Palacino, hagámonos socios. Más de un proveedor que pretendió hacer ese tipo de cosas tuvo que salir con un palmo de narices de las oficinas de Saludcoop. Si eso se hubiera permitido, Saludcoop nunca hubiera sido una entidad eficiente. Se hubiera perdido la perspectiva de la institución, porque ya no es la política de mantener el equilibrio financiero, sino la política del negocio personal”.

El costo es otra objeción: “Nadie sabe cuánto va a costar el nuevo modelo de seguridad social. Si bien debe primar el acceso a la salud sobre los recursos económicos, nadie sabe si los recursos que va a captar el sistema y que va a manejar la Adres van a ser suficientes para esa dimensión de reforma. Un eventual déficit afectaría a toda la cadena de prestación del servicio y, por ende, la oportunidad y la calidad del servicio. A todo esto hay que sumarle la incertidumbre de los prestadores, del personal de la salud, de los que hoy son administradores. Es una reforma, para mí, supremamente riesgosa para el país y para los usuarios. Y si se aprueba y todo esto se supera, ¿qué va a pasar? Una cosa es decir que con eso se pretende una buena calidad, servicio oportuno, etc., y otra cosa es la realidad.

Para mí, pasarán muchos años para que la reforma se estructure en debida forma, entonces, vamos a volver a lo mismo que ocurrió cuando existía el Instituto de Seguros Sociales, que la gente va a terminar recurriendo otra vez a la medicina privada y, para la gente que no tiene recursos, el gasto de bolsillo se va a incrementar nuevamente. Para el común de los trabajadores, el gasto en salud va a ocupar una proporción más alta de su salario. ¿Va a crecer la medicina prepagada? Yo diría puede ser que crezca un poquito, pero no mucho. La gente que está en capacidad de pagar la medicina prepagada es una población que no pasa de un millón y medio de personas”.