Los petristas repiten como grabadoras que la economía creció al 3,6 por ciento en el tercer trimestre, que la inflación –aunque repunta al alza en los últimos meses– bajó a algo más del 5 por ciento, que el desempleo cayó al 8,2 por ciento, que la moneda colombiana es la más revaluada y que los conglomerados, por los índices bursátiles y las ganancias, hacen su agosto. Según ellos, Colombia vive un paraíso económico.

¿Cuáles son las fuentes de la ilusoria bonanza? Tres: el gasto del Gobierno, el gasto de los hogares y el gasto proveniente de las economías ilegales. Examinar el origen y el destino de cada uno es indispensable para definir si hay una economía sostenible o, por el contrario, si es una burbuja de consumo que puede explotar. Reza el adagio: “Comida para hoy y hambre para mañana”.

El gasto del Gobierno se funda en los ingresos tributarios y de capital, entre ellos los obtenidos vía el endeudamiento. ¿Cómo van los impuestos? La meta de recaudo bruto para 2025 era de 305,49 billones de pesos; no obstante, a 28 de octubre se han recolectado 228,8 billones. Si se estima que, en el mejor de los casos, en noviembre y diciembre ingresarían 49 billones, el faltante sería de, al menos, 26 billones. Si la meta es el recaudo neto de 280 billones y, si en el último bimestre entran solo 42,5, como estima la Dian, el déficit será de 10 billones de pesos.

Ahora bien, si el presupuesto de gastos para 2025, aprobado por decreto, fue de 523 billones de pesos y por los distintos tributos solo se financiarían, a lo sumo, 270 billones, el saldo (253 billones) debe provenir, en primer lugar, de los excedentes transferidos por Ecopetrol y el Banco de la República. Entre ambas trasladarían 18 billones y 3 billones más de otras, para acopiar, entre impuestos y transferencias, 293 billones.

Los 230 billones restantes, para cumplir el presupuesto, vendrán por mayor endeudamiento. La deuda pública total, interna más externa, que era de 1.022 billones de pesos a 31 de diciembre de 2024, en septiembre de 2025 ya ascendía a 1.175 billones, 150 billones más. Para alcanzar un gasto de 523 billones, se requerirían, en el último trimestre, otros 80, difíciles de conseguir. Dadas las realidades financieras, el déficit fiscal será de más de 120 billones, de los cuales, a junio, iban 69,5 (BIE, Banrep). Menos ingresos frente al enorme gasto proyectado.

Se corrobora en el informe del PIB en el tercer trimestre de 2025 (Dane). Veamos. En el crecimiento, analizado desde la actividad económica, la administración pública crece al 8 por ciento, más del doble que toda la economía. En cuanto al consumo, el del Gobierno, de septiembre de 2025 respecto a septiembre de 2024, subió un escandaloso 14 por ciento, el cuádruple del alza del PIB. Gastar con deuda es la ciencia económica del petrismo, pese a que los intereses, para la contratada a 10 años, ya estén por más del 12 por ciento anual, los más altos del siglo XXI (BIE, Banrep).

También se desbordó el consumo privado. Los bienes durables (vehículos, aparatos electrónicos y similares) crecen al exorbitante 17 por ciento, que se refleja en el alza de las importaciones que se incrementaron al 10 por ciento (Dane). Las fuentes de tanto “consumismo” son, en primer lugar, el incremento del crédito, en “28 % anual, impulsado sobre todo por las colocaciones de libre destinación y tarjetas de crédito, con aumentos de más del 30 %” (Raddar); en segundo término, las remesas en el año corrido, por 9.762,09 millones de dólares, girados desde el exterior a la quinta parte de los hogares nacionales, y que, a la tasa de cambio actual, equivalen a 39 billones de pesos; y, tercero, relacionado con el gasto público, “los salarios generados por el Estado a través de contratos por prestación de servicios” (Raddar).

También juegan papel central los flujos de dinero encubierto del narcotráfico, la minería ilegal y la criminalidad organizada. Basta con citar a José I. López (Anif): “El fuerte aumento del efectivo en manos de los colombianos (17 % anual a octubre) sugiere –sin ser prueba concluyente, pero sí un indicio relevante– que una parte del consumo que hoy impulsa la economía podría estar asociada a actividades informales o fuentes ilícitas” (X, 19/11/25).

El gasto desaforado contrasta con la caída del ahorro, que es apenas el 13,8 por ciento del PIB, cuando en 2011 era el 19,7, y con la de la inversión, que, expresada en la formación bruta de capital, solo crece el 2,2 por ciento, por debajo del alza del PIB (Dane, 2025).

El petrismo repite que la causa del “éxito” es el influjo de la demanda efectiva, pero omite que, sin una respuesta equilibrada en la oferta disponible, tarde o temprano llegará la parálisis, la recesión, el estallido financiero y, por qué no, el impago. Funesto legado de Petro.