Estas últimas semanas he entrevistado a varios expertos en Honduras para hablar sobre el tema de las elecciones de este domingo. Nunca pensé que lo que la presidenta de ese país, Xiomara Castro, está haciendo en Honduras fuera tan similar a lo que Gustavo Petro hace en Colombia.

Todos sabemos que el libreto populista es similar. Primero, acabar con la separación de poderes cooptando al Congreso o cerrándolo.

Cuando lo primero le falla al gobernante populista y el segundo es demasiado descarado para ejecutar, recurren a una tercera opción, la convocatoria de una asamblea constituyente. Esto último tiene dos objetivos. Amedrentar, por un lado, el poder parlamentario o, si se es un presidente muy popular, lograr las mayorías y acabar con un Estado autoritario, que solo le sirve al dictador, como pasó en Venezuela.

Lo segundo es apropiarse del sistema judicial, en principio a través de la intimidación o del nombramiento de jueces totalmente afines a la ideología del Gobierno populista y, obviamente, la captura de la Fiscalía, lo que facilita ocultar la criminalidad y corrupción del régimen y perseguir a la oposición, especialmente en los escenarios de poder.

Lo tercero es cooptar militares y policías para tener un mando que puede abusar del poder y ser utilizado por el líder populista para sus fines políticos. Finalmente, el cuarto es controlar el sistema electoral a través de la intimidación, la cooptación o la deslegitimación para tener, en un caso, la posibilidad del fraude a la mano o, en caso de derrota, la negación del triunfo opositor.

Xiomara Castro parece ser una gran alumna de Chávez y Maduro, aunque no sé qué tan correcto sea poner uno al lado del otro, al igual que Petro. Ambos han utilizado este libreto de una manera u otra para mantener el poder a través de sus candidatos en las elecciones.

Castro cooptó al Congreso apoyando un bando, y con ellos, y a través de todo tipo de trapisondas, mantuvo una gobernabilidad que le permitió elegir fiscal. Al igual que Petro, en Colombia esa gobernabilidad no ha sido permanente, y el Congreso, por diversas razones, ha dado muestras de independencia en algunos temas. Sin embargo, la utilización del fiscal para proteger su entorno político y familiar, rodeado de temas de narcotráfico, y, además, presionar a través de medidas judiciales al Consejo Electoral, es muy similar a lo que Petro aquí tiene con la fiscal Luz Adriana Camargo.

Petro no solo promovió un motín contra la Corte Suprema para que eligiera rápido su candidata a la Fiscalía, sino que, una vez con ella en el poder, los escándalos de corrupción del Gobierno se fueron dilatando e incluso uno de penetración de la narcoguerrilla de las Farc en las Fuerzas Militares fue despachado a un anaquel del olvido, que solo salió a flote por la investigación de un medio colombiano, Caracol. Eso sí, los casos contra los opositores del Gobierno, siendo el más explícito el del expresidente Álvaro Uribe, avanzaron a toda velocidad.

Castro, por su parte, utilizó la Fiscalía y la Justicia para influir e intervenir en el sistema electoral. Petro trató de utilizar en primera instancia la financiación del sistema y, ante la imposibilidad de hacerlo, comenzó a utilizar el argumento de la deslegitimación para tener ese as bajo la manga.

¿Los militares? Castro los ha cooptado a tal punto que hoy su más alto comandante participa en política abiertamente y compra lealtades con ascensos que están ligados más a afinidad política que a cualquier otra cosa. Petro ha hecho lo mismo sacando militares de alto rango y nombrando en los más altos cargos a militares y policías retirados con una obvia razón: me deben sus cargos, y su lealtad es hacia mí. El escándalo de infiltración forma parte de esa dinámica, que ya vimos cómo funcionó en Venezuela; los cooptó con corrupción y ahora gran parte de los altos mandos forman parte del cartel de los Soles.

Lo del narcotráfico es igual. Abrazos y no balazos y apoyo en las elecciones es la condición en ambos países. Nuevamente, Venezuela es el ejemplo a seguir.

Las elecciones en Honduras este domingo nos van a mostrar un camino del que debemos aprender. Son demasiadas las similitudes que existen para que ese eje Cuba-Venezuela-Nicaragua, que juega duro en Honduras, opere de manera distinta en Colombia. Es más, estoy seguro de que aprenderán mucho en Honduras y van a mejorar su capacidad de intervención en Colombia, que ya de por sí es brutal.

En las elecciones en ambos países, estas tres dictaduras se juegan una región estable, donde el terreno fértil para ellos se reduce y su espacio de disrupción se acaba o, por el contrario, quedan con dos aliados muy importantes en el continente. Vamos a ver qué pasa este domingo y es muy difícil saber quién va a ganar. Honduras es uno de los dos países de la región que no tiene segunda vuelta, luego es más fácil lograr un resultado favorable, producto del fraude y la presión, que sume poco más del 30 por ciento de los votos.

La OEA, la Unión Europea, Estados Unidos y hasta la ONG Human Rights Watch han alertado sobre la credibilidad y legitimidad de estas elecciones en Honduras. Ya veremos cómo actúan si la candidata de Castro, hoy lejos de ser la ganadora en las encuestas relativamente serias, sale adelante. Dios no lo quiera, no solo por ese país, sino por todo el continente.