La impunidad en los grandes casos de corrupción en Colombia ha sido la constante. O la justicia llega demasiado tarde o cuando llega viene sin que los corruptos paguen de sus bolsillos los miles de millones de pesos que se robaron en las concusiones, peculados o cohechos que son pan nuestro de cada día.Por eso la reciente declaración de Transparencia Internacional según la cual Colombia no va tan mal en las investigaciones por el caso de corrupción más grande de América que involucra a la multinacional Odebrecht, llama la atención. ¿Se corresponde esta apreciación con la realidad? ¿Es verdad que vamos más bien que mal disciplinando y juzgando a los pillos que se dejaron comprar por Odebrecht?Las cosas son relativas. Es cierto que en materia penal, la Fiscalía y también la Corte Suprema han avanzado positivamente. Mientras los gringos habían dicho en un comienzo que eran dos los contratos viciados por la corrupción de Odebrecht en Colombia, el ente investigador logró identificar varios otros con evidentes irregularidades: Ruta del Sol II, Ocaña-Gamarra, Convenio de Estabilidad Jurídica de la Ruta del Sol, crédito del Banco Agrario, contrato Tunjuelo-Canoas y Puente Plato en la Ruta del Sol III.De todos ellos han quedado por el camino 67 indiciados, 5 condenados a la fecha y 10 acusados por la Fiscalía. Son 12 los aforados remitidos a la corte, de los cuales uno ya está condenado, otro detenido preventivamente y uno más citado a indagatoria la semana entrante.La Fiscalía, con todo y las críticas de los detractores de Néstor Humberto Martínez, puede decir que ha cumplido en buena parte su tarea. Queda pendiente en lo judicial y lo disciplinario –que le corresponde a la Procuraduría– definir la suerte de las exministras Cecilia Álvarez y Gina Parody en donde todavía no ha habido decisiones de fondo, y aunque por el caso de Puente Plato ha sido ya vinculado formalmente el intocable de 2017, Roberto Prieto (¡al fin!), queda la sensación de que este caballero de industria debería responder por mucho más de lo que hasta ahora se le reprocha y que siguen siendo varios y muy poderosos los que lo protegen.El gran lunar del escándalo de Odebrecht, sin embargo, se llama campaña presidencial de 2014. Aunque en el caso de Óscar Iván Zuluaga, el Consejo Nacional Electoral (CNE) archivó el proceso pese a las observaciones reiteradas de la Procuraduría, frente al expediente del actual presidente nos quedamos sin saber la verdad. O bueno, la sabemos, pero la autoridad electoral se quedó de brazos cruzados sin hacer nada al respecto.A pesar de que las faltas cometidas no eran en ese momento consideradas delitos, haber establecido responsabilidades administrativas con seriedad hubiera permitido incluso la pérdida de investidura del primer mandatario o un juicio político de hondo calado contra Santos.En ese sentido, mientras en Perú la justicia ha obrado contra los presidentes Toledo y PPK o en Panamá se ha movido el caso contra Martinelli o en Ecuador han pasado cosas con el vicepresidente de ese país, en Colombia el CNE se quedó rezagado, evadió convenientemente su responsabilidad histórica y ratificó que es una entidad inoperante y politiquera.Finalmente, cabe resaltar dos de las críticas que con justa razón ha formulado el procurador Fernando Carrillo: la primera, que la cooperación judicial en América Latina es una farsa (palabras más, palabras menos) porque Brasil se ha negado sistemáticamente a colaborar con Colombia en este tema y en tal sentido la convención interamericana contra la corrupción de 1996 se quedó en letra muerta. La segunda conclusión, es que Odebrecht, amparada por las mismas autoridades brasileñas, sigue sin reparar económicamente a nuestro país y de las platas que los funcionarios condenados en Colombia debieron devolver, poco o nada sabemos.El balance del expediente Odebrecht y los resultados de las investigaciones tiene tantos avances como lunares. La justicia nacional se ha movido ciertamente más que en Argentina, Panamá o Venezuela pero los pendientes no pueden ser ignorados o tratados con la superficialidad con que solemos abordar estos escándalos. No basta con tener un pedazo de la verdad. ¡La necesitamos toda y requerimos que quienes la hicieron, la paguen! Si este es el caso más grande de corrupción, lo menos que uno puede pedir es que los castigos sean los más grandes de la historia frente a los protagonistas de la trama Odebrecht.Twitter @JoseMAcevedo