El jefe de Gobierno nuevamente está confirmando la falsedad de las promesas de campaña, en la que lamentablemente logró engatusar a un electorado ingenuo que cayó en la trampa de la dialéctica socialista prometiendo castillos en el aire, trenes voladores, cambiar el petróleo por aguacates y las divisas petroleras por el turismo, así como otras extravagancias cósmicas, al igual que lo hizo Goyeneche en su momento, pues para este, sus proyectos incluían pavimentar el río Magdalena, colocarle un ventilador a Cartagena y techo a Bogotá.

El Gobierno ahora quiere aniquilar la democracia con una asamblea constituyente que le permita destruir nuevamente la Constitución y las leyes, para entre otras implantar por la fuerza las nefastas reformas a la salud, al sistema pensional, a los servicios públicos y al sistema laboral, puesto que por la vía legal y con la legítima y objetiva participación del poder Legislativo no ha logrado su funesto propósito de implantar las ideologías totalitarias que lo envenenan y forman parte de su anacrónica agenda ‘progre’.

En 2018, en plena campaña por la Presidencia, en la Plaza de Bolívar y en compañía de Antanas Mockus y Claudia López, el hoy jefe de Gobierno presentó la tabla de lo que se puede considerar como sus principales engaños, entre los cuales vale la pena recordar algunos: ‘No convocaré a una asamblea constituyente’, ‘Manejaré los recursos públicos como sagrados’, ‘Nombraré a los/las más capaces’. Es una vergüenza que quien esté a la cabeza del poder Ejecutivo haya utilizado y siga empleando la mentira para lograr sus propósitos políticos y satisfacer su ego.

Es increíble que en dos oportunidades y con apenas unas tres décadas de intervalo, integrantes y exintegrantes del grupo terrorista M-19 presionen la conformación de una asamblea constituyente para el logro de sus propósitos ideológicos, no para alcanzar la prosperidad del pueblo colombiano; pero más absurdo sería considerar que el pueblo que está siendo agredido por un sistema totalitario vaya a apoyar el nuevo despropósito que busca gobernar a los más de 50 millones de habitantes con la doctrina marxista en la mano.

Definitivamente, la izquierda eligió mal a su representante para el actual período presidencial, puesto que quien gobierna ha demostrado en forma recurrente la falta de visión de estadista y ejerce el poder con revanchismo, propiciando la confrontación del pueblo, el odio y la lucha de clases, llegando inclusive a amenazar abiertamente a la población si no le aprueban sus caprichos, pretensiones que buscan estatizar al país para dominar la voluntad de los ciudadanos y hacerlos dependientes o esclavos del Estado, pues quedan presos del hambre y la miseria por culpa de medidas ilógicas y contraproducentes para el desarrollo y progreso del país.

La propuesta de la asamblea constituyente conlleva muchas arandelas y entre ellas está en la mira la Constitución de 1991, que no es perfecta porque otorga muchos derechos y exige pocos deberes, también porque considera el nefasto ‘delito político’ bajo el cual se guarecen los delitos de lesa humanidad cometidos por los bandidos de toda pelambre, como ha sucedido con las Farc y seguramente es lo que se está cocinando para los delincuentes del ELN y las organizaciones narcoterroristas, pero lo más aberrante es que se incluya la reelección, como lo han dejado entrever desde el jefe de Gobierno hasta su fórmula vicepresidencial, pasando por varios de sus alfiles y peones.

La impunidad frente a la corrupción sigue su marcha muy oronda, especialmente para encubrir posibles conductas delictivas que van desde sobrepasar los topes de financiación para las campañas políticas hasta los sobrecostos en las compras del Estado, como es el caso de los camiones para el agua de La Guajira, sin dejar atrás los abusos de autoridad, como el tema del polígrafo en Palacio o los nombramientos en cargos oficiales de personajes posiblemente involucrados en casos de narcóticos y conductas reprochables.

Claro que Colombia requiere el cambio, pero para mejorar el empleo, la calidad de vida de los colombianos, la economía, disminuir el índice de burocracia, acabar con la inseguridad, evitar que los delincuentes se apoderen del país por negligencia del Estado. Cambio para que se recupere el respeto y el fortalecimiento de la fuerza pública, para que cumpla su función constitucional de ofrecer seguridad y defensa a la nación.

Una nueva constituyente afectará la estabilidad del Estado y aferrará al socialismo en el poder. Solo la democracia nos permitirá salvar la dignidad y la libertad del pueblo colombiano. Compatriota, piensa en el futuro antes de que nos obliguen a llamarte camarada.