Una de las mayores equivocaciones de la izquierda, especialmente la de América Latina, es no entender la abismal diferencia entre el socialismo y el Estado de bienestar. El socialismo en esencia implica el control selectivo de los medios de producción. Es decir, que las fábricas, las empresas y, en el fondo, la casi totalidad del motor económico estén en manos del Estado. Al anverso de la moneda, en el Estado de bienestar —al ser el sector privado predominante— se potencia y estimula al empresariado. Los países escandinavos, que la izquierda suele poner como ejemplo de “socialismo exitoso”, son fundamentalmente estados capitalistas que generan riqueza en mercados abiertos, fomentan la innovación y protegen la propiedad privada. La enorme diferencia es que sus impuestos, que a todas luces son razonables, no se los roban y, por ende, les permiten sostener servicios públicos de calidad. El mercado, en las propuestas del candidato de extrema izquierda Iván Cepeda, dejaría de ser protagonista y pasa a ser un actor secundario al que hay que vigilar de cerca.
Es de supina ignorancia creer que Suecia no es una sociedad capitalista. Sí, Suecia experimentó a finales del siglo pasado con el socialismo, pero muy rápidamente se dio cuenta de que el modelo había dejado de funcionar. Como lo explica en su libro Suecia, el otro modelo, el analista chileno Mauricio Rojas, Suecia terminó entendiendo que la redistribución depende integralmente de la creación de riqueza, y que esa creación no es automática ni garantizada: es un proceso continuo, competitivo y vulnerable a malas políticas. El error de Suecia en su período socialista fue actuar como si la base productiva fuera inagotable, como si bastara con gravar, regular y expandir el Estado sin afectar el motor que genera los recursos. Según Rojas, Suecia no abandonó el bienestar de sus ciudadanos, sino que reforzó la economía de mercado, introdujo la competencia en los servicios públicos, ajustó los impuestos y las regulaciones; e hizo mucho más eficiente el Estado. A comienzos de 2026, Suecia tiene aproximadamente entre 52 multimillonarios en dólares, presentando una de las mayores concentraciones de ultrarricos per cápita en el mundo, casi el doble que la de Estados Unidos. Al igual que Suecia, los otros países escandinavos entendieron que, sin una creación constante de riqueza, que incluye la explotación intensa de sus recursos mineros y fósiles, la redistribución es insostenible. Parte de esa riqueza, en permanente evolución, es capturada por medio de impuestos razonables y vuelve a la sociedad en forma de políticas públicas.
En Colombia, este gobierno hostil a los empresarios no parece ni entender, ni importarle la creación sostenida y permanente de riqueza. El candidato Iván Cepeda, cuyos paradigmas de desarrollo no son los países escandinavos, sino Cuba y Venezuela, insiste en que va a ser el Estado, no el mercado, el motor de la economía.
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Apostilla: Si ha habido un colombiano que dejará una huella como eficientísimo y pulcro ejecutor, es Germán Vargas Lleras. ¡Proyecto o ley que patrocinara o del que fuera promotor, proyecto o ley que salía adelante! Se le atribuye al francés André Maurois el haber dicho que aquellas personas que tienen carácter, generalmente tienen mal carácter. Nadie discute que Vargas Lleras era un hombre de carácter.