En la columna anterior se mencionó que las FFAA a lo largo de estos dos siglos, han sido instrumento de los poderosos del país para defender sus intereses y no instrumento de defensa del conjunto de la sociedad. Fueron apropiadas por partidos, grupos económicos y por el anticomunismo ideológico hasta los 90 en que surgen pequeñas, pero importantes reacciones, dentro de oficiales que en medio de la guerra apoyan a las víctimas de la violencia y defienden la institucionalidad. A partir de allí, surgen miradas críticas en el Ministerio de Defensa sobre las conductas criminales conocidas como falsos positivos, qué a decir verdad, fueron práctica común en la historia de nuestras violencias, pero nunca habían alcanzado reconocimiento oficial. Por ello, asombró que el ministro de Defensa Juan Manuel Santos lo denunciara y encargara a su viceministro Sergio Jaramillo de investigar los hechos y entregar un reporte con agilidad. Hubo un asomo de dignidad, pero no existió unidad del gobierno y la sociedad toda, sobre el tema. Ver: https://bit.ly/2VUlyil Se hicieron cambios, hubo sanciones a oficiales de alto rango y apresamientos. Se redefinieron manuales operativos introduciendo claramente normas de respeto a DIH y DDHH. Sin embargo, integrantes y voceros del partido de gobierno, -que más adelante serían los más radicales dentro del Centro Democrático- asumieron estas correcciones como un golpe al cuerpo de las FFAA, y no como la primera victoria para la legitimidad institucional. Este discurso se reforzaría cuando Santos como presidente decide avanzar en la negociación del acuerdo de paz con las Farc. Así, de manera abierta se instaló la politización de las pugnas de poder al interior de las Fuerzas Armadas, especialmente dentro del ejército, lo que lo convirtió en factor relevante de la disputa Santos-Zuluaga en medio de la confrontación con el Centro Democrático -opuesto a la negociación y apoyado por un sector de las FFAA que tuvo en las asociaciones de militares retirados a sus voceros-. La acusación fundamental de ese momento era que se estaba entregando el país a las Farc, y que la doctrina y el futuro de las FFAA se estaba negociando con la guerrilla. Si bien las Farc plantearon una revisión de la doctrina militar en los medios, dicha petición nunca fue aceptada ni siquiera como tema de conversación por parte de la delegación del gobierno. Ver: https://bit.ly/2VUTnjH Durante el gobierno Santos II, y como desarrollo de discusiones y cambios planeados previamente por el ejército, al igual que como preparación para una etapa posterior al acuerdo de paz, surge “Damasco”, una revisión doctrinaria que es el eje articulador de la segunda gran reforma del ejército de Colombia. Dicha revisión está fundada en los cambios de doctrina del ejército de los Estados Unidos, de buena parte de la doctrina del ejército chileno cuyos documentos fueron “colombianizados” por un grupo de oficiales activos de las Fuerzas Armadas y de la experiencia nacional. Se introduce el criterio de fuerza multimisión entre otros elementos, que apuntan a enfrentar nuevos contextos, nuevas tecnologías y nuevas amenazas externas e internas para el país El concepto multimisión da cuenta de la capacidad para adelantar acciones ofensivas vigorosas, pero también para atender emergencias y apoyar a la ciudadanía afectada por cualquier situación más allá de la actividad puramente militar. Es claro que se trata de cambiar la doctrina contrainsurgente del enemigo interno que dio lugar a violaciones de DDHH denunciadas por décadas y que entre otros factores impidieron sentir a las FFAA como de todos. El cambio de doctrina no es solamente un tema de propaganda en medios o de mayor difusión de los criterios, como de hecho, se hace en la web y redes sociales de las FFMM. Ver: https://bit.ly/30MVN7h El cambio de doctrina consiste en educar, controlar procesos, auditar los comportamientos públicos y privados de las FFAA, eliminando el espíritu de cuerpo, en especial en las intervenciones en aquellas zonas donde la institucionalidad es frágil, la presencia del estado ha sido nula y la comunidad desconfía de quienes portan las armas de la nación. Regiones como el Catatumbo, Guaviare, el Pacifico, Bajo Cauca antioqueño, sur de Córdoba entre muchas más, exigen de mandos más profesionales, los que mejor conozcan y apliquen los cambios de doctrina para que den ejemplo, establezcan relaciones de confianza con la comunidad y garanticen a todos, que estamos viviendo tiempos de cambio y no solo un esfuerzo propagandístico que maquilla la política de armas de la nación. Como expresa la publicidad del ejército con ocasión de los doscientos años, los colombianos de una generación a otra hemos observado y visto crecer a las FFAA. Lo desafortunado es que en esta relación, no todos los ciudadanos -dada la historia-, sienten confianza en quienes portan las armas institucionales. Ver: https://bit.ly/2VUzcSK Dejar de ver como enemigos a una parte del país es un avance enorme, pero solo la actuación justa y correcta construye confianza, solo la discusión reposada, que respeta, pero llama las cosas por su nombre consolidará nación. Adenda: Una comisión presidencial nombrada para evaluar los temas de FFAA no garantiza independencia. Es la comisión del presidente. Y como él mismo dijo en un trino años atrás en condición de ciudadano recordando a Napoleón: Si quieres resolver un problema nombra un responsable, si quieres que permanezca nombra una comisión. Ver: https://bit.ly/2wkhn5k @alvarojimenezmi ajimillan@gmail.com