Como es costumbre en nuestro contexto el deporte nacional de la crítica sin fundamentos y sin sentido arreció por estos días como antesala al debate electoral del pasado domingo 13 de marzo, en este entender, líderes políticos, expresidentes e incluso influenciadores alarmaron y alertaron sobre el inminente fraude electoral de que iba a empañar los resultados de la jornada democrática, las insinuaciones sobre un gigantesco y orquestado plan para sabotear los comicios estuvieron en boca de muchos, quienes incluso se atrevieron a señalar con nombre propios sobre lo que iba a ser una sofisticada operación de sabotaje en las urnas. De manera irresponsable se señaló directamente a la Registraduría Nacional del Estado Civil y al registrador nacional, como eventuales responsables de lo que iba a ser una debacle de nuestro sistema democrático; que los jurados estaban capacitados para falsificar, que el software electoral estaba plagado de malwares destinados a modificar los resultados electorales, en fin, toda una serie de teorías conspirativas que predicaban de lo humano y lo divino, poniendo en duda la seriedad que durante décadas ha caracterizado a nuestro sistema electoral.

A las 6 de la tarde, es decir, dos horas después de haberse cerrado los puestos de votación, tal y como es costumbre, la opinión publica ya tenía acceso, prácticamente, a los resultados definitivos de los comicios, casi dos horas después de haber concluido el certamen electoral ya estaban subidos en el sistema más del 50% del conteo de todas las mesas del país, de modo tal, los arquitectos de conspiraciones e insensatas acusaciones no tuvieron otro remedio que hablar sobre los pronunciamientos democráticos del pueblo y no sobre el supuesto sabotaje subrepticio, del cual quedó claro no fue más que otra de esas lesivas manifestaciones de fake news y de desinformación que por estos días tanto mal nos hacen. La Registraduría cumplió, y lo hizo a cabalidad y nos corresponde a todos destacarlo, pues reiteramos, como es usual en nuestro espectro democrático, tenemos la garantía de contar con información, real, fiable y certera siempre en tiempo récord, en el mismo día de las elecciones, vale recordar como en otras latitudes, incluso en los Estados Unidos, estos procesos son absolutamente complejos, y por qué no, tormentosos, o qué decir de las elecciones presidenciales del pasado 2020, en la que los resultados son expuestos al público después de varios días de cerradas las urnas.

Claro, decir que nuestro sistema es perfecto, no es siquiera cercano a la realidad, pues habrá que pensar en detalle cómo mejorar diferentes aspectos como; los procedimientos de información sobre los sitios de votación, en especial la información sobre las respectivas mesas, que claramente el domingo en la mañana no estaba funcionando situación que generó traumatismo en diferentes puestos, sin embargo, sin ánimo de avocar por la Registraduría, esa información estaba disponible desde hace varias semanas, es más, desde el momento en que se seleccionan los jurados de votación, ya la Registraduría tiene en línea la información de las mesas de votaciones, de ahí que es nuestro deber correlativo como ciudadanos tener clara esa información y no dejar todo para el último instante. Así mismo, es menester detenerse a revisar el diseño e información de los tarjetones electorales, urge la implementación de un color en vez del nombre de la agrupación política, es fundamental hacerlos más sencillos y didácticos, un tarjetón que lleve a los electores a evitar los errores y las confusiones, sin embargo, se trata de detalles de fácil implementación y corrección que pueden ser fácilmente adoptados en aras de lograr mejorar nuestro añejo sistema democrático.

Sin embargo, es inaplazable el debate en torno a la modernización del sistema de escrutinio, el cual urge trasladar a un plano absolutamente digital y con soporte tecnológico, las actas de conteo no pueden seguir siendo digitalizadas a mano, es absolutamente inconducente que con todas las herramientas técnicas que existen en el mercado, aun los formularios deban ser diligenciados a puño y letra por los jurados, es fundamental erradicar las posibles dudas de nuestro sistema en esta instancia, pues es acá en donde se presentan las mayores dudas en el sistema electoral, sin duda, son problemas que persisten desde principio de los años noventa hasta nuestros días, en los que el candidato se acuesta tranquilamente elegido, pero entre la oscuridad de la noche y la paz de madrugada se levanta sin curul por la cantidad de votos que se pierden en ese lapso, vemos en las redes sociales como estos formularios son fácilmente enmendados y rellenados con información falsa, urge implementar soluciones digitales de blockchain e incluso biométricas que permitan que la información reflejada en la mesa sea inmodificable y a su turno se encripte sin poder ser modificada o alterada por terceras personas

Los resultados del pasado 13 de marzo fueron rápidamente depurados, dándonos absoluta tranquilidad y certeza sobre la perenne tarea que ha desempeñado la Registraduría en la organización electoral de nuestro país, que sin duda nos pone como referentes en la región e incluso a nivel mundial, por la inmediatez y eficiencia a la hora de entregar los resultados.

Así las cosas, es claro que todos esos demonios del supuesto fraude que se iba a fraguar en el marco de las elecciones parlamentarias fueron exorcizados, dejando solo en la mesa el análisis de los interesantísimos resultados de la jornada, que sin duda marcan un nuevo debate de nuestra realidad política; un partido conservador, organizado disciplinado que salió a votar con entusiasmo, un repunte de la izquierda democrática que demostró que está más unida que nunca, y los inesperados resultados del centro democrático y cambio radical, que suponen de suyo cierta desconexión al interior de sus estructuras y que como consecuencia vieron una angustiante disminución de sus curules.

El registrador nacional y todo su equipo de trabajo cumplieron a cabalidad con el sagrado compromiso democrático de nuestro país y sin duda merecen ser destacados a plenitud.