La rabia es el motor que impulsa la campaña de la extrema izquierda, y por esta razón su discurso promueve la división, el odio y el miedo entre los colombianos. Su candidato ha ido de plaza en plaza, dejando entrever que un gobierno de ese espectro político sería el de la venganza.
Esta semana, Petro la emprendió otra vez en contra de las Fuerzas Armadas. Insinuó que los “generales mandan matar soldados por el Clan del Golfo”, incluso que algunos están en “la nómina del Clan”.
Para nadie es un secreto la repulsión en contra del Ejército y de la Policía, ya que por cuenta de su pasado como guerrillero del terrorista M-19, Petro enfrentó al Estado, la Constitución y sus instituciones.
El objetivo central de un gobierno de Petro consiste en acabar con el Esmad y la máxima humillación será ejecutada en contra del Ejército al convertirlos en una especie de ‘Boy Scouts’ para que siembren árboles y contribuyan a frenar el cambio climático, así como lo afirmó el propio Petro en una entrevista con Vicky Dávila hace un año. En su narrativa, el ataque en contra de las Fuerzas Militares ha sido feroz, pero lo que nunca ha explicado es ¿cuál va a ser su política de seguridad para lograr la paz?, ¿similar a la de Bogotá, en donde el relacionamiento interinstitucional Alcaldía-Policía-Fiscalía fue desastroso? (Para los que no se acuerden cómo era de insegura Bogotá en la alcaldía de Petro, basta con que la asemejen con lo que sucede hoy en la ‘Ciudad Gótica’ de Claudia López).
Lo cierto es que, en un gobierno de Petro, el modelo de seguridad para los ciudadanos será la ejecución del “perdón social” prometido para los narcotraficantes, la guerrilla del ELN, la primera línea, los terroristas, las disidencias de las Farc y, por supuesto, los corruptos. ¿Quién mejor para entender la importancia del perdón para un criminal que alguien que ha sido beneficiado del mismo?
Tanta benevolencia de Petro y sus aliados con el hampa del país hace pensar que en un gobierno suyo habrá venganza contra los ciudadanos que nunca hayan cometido un delito, pero que, en cambio, sí se hayan atrevido a cuestionarlo. Eso es lo que sucede en los gobiernos autoritarios. En caso de ganar la extrema izquierda, eso significa que ¿el país habrá entrado en una dictadura como la cubana, en la que los líderes de la oposición desaparecen a plena luz del día, cuando son capturados enfrente de la mirada atónita del desprotegido pueblo cubano?
¿Qué va a pasar con los ciudadanos que han enfrentado a Petro?, ¿los van a juzgar por crímenes políticos que cree el nuevo fiscal general de la nación?, ¿cuál será su castigo?, ¿la cárcel?, ¿la muerte?, ¿habrá venganza en contra de la mitad de los colombianos que no voten por Petro?Y ¿qué va a suceder con los empresarios que abiertamente no lo han apoyado?, ¿los van a expropiar?, ¿les cerrarán sus negocios?, ¿confiscarán sus ganancias?
Las propuestas del plan de gobierno de la extrema izquierda parecen más una especie de venganza. Su líder ha sido claro en la repulsión que tiene en contra de las instituciones como los bancos, a tal punto que hace un año, cuando empezó el supuesto “estallido social”, en una de sus “alocuciones”, Petro les dijo a sus seguidores que una manera de apoyar el paro era no hacer uso de los bancos. ¿Por qué quiere acabar con los derechos económicos de los colombianos que se hacen viables con la existencia del sistema financiero?
A Petro no le gusta el sistema de la libre empresa y de mercado; por eso, en su plan de gobierno parecería haberse diseñado una estrategia para castigar a los ricos y a la clase media expropiando la propiedad privada, empezando por los ganaderos, los grandes poseedores de tierra, las utilidades de las empresas y hasta las pensiones ahorradas por 18 millones de colombianos en los fondos privados de pensión.
Pero a pesar de su desagrado por el sistema capitalista, contradictoriamente se beneficia de él, al acceder a una casa en uno de los conjuntos residenciales más exclusivos de la sabana de Bogotá, darse el lujo de tomar largas vacaciones en Europa, viajar en avión privado para sus giras de campaña y comprar cinturones y zapatos de alta gama. Por eso, a Petro no es que le disguste la riqueza, sino que siente antipatía por los ricos que no le caen bien (un millonario que sí le gusta es Gustavo Bolívar, poseedor de hoteles y propiedades en Miami).
Y, finalmente, en un gobierno de Petro, ¿habrá venganza contra los medios de comunicación y los periodistas que no están de acuerdo con sus posturas políticas, sociales y económicas?, ¿serán perseguidos, criminalizados, encarcelados o aniquilados?
Ojalá el candidato entendiera que para ganar no es necesario generar divisiones, odios, lucha de clases y más venganzas entre los colombianos. Muchos están pensando en irse del país. Por eso, sería fundamental que el candidato exprese con claridad si tomará represalias o no en contra de los que voten en su contra. Y sobra decir que, para hacerlo, no es necesario que vaya a una notaría.