La famosa película alemana “La vida de los otros” ganadora de un Oscar de la Academia, puso en evidencia las modalidades de espionaje durante la Guerra Fría. El derribamiento de unos globos que se encontraban en el espacio aéreo tanto de los Estados Unidos como de Canadá, ha generado curiosidad en el mundo y preocupación en las autoridades norteamericanas y canadienses que inicialmente señalaron a China como responsable.
Los sofisticados sistemas de defensa aérea existentes no pudieron detectar los globos. Parece ser, por tanto, que el espionaje internacional con diferentes propósitos está retornando a sistemas más simples que hacen recordar un episodio de “La Vuelta al Mundo en 80 días” de Julio Verne.
Algunos colombianos se han visto involucrados en casos de espionaje internacional. En 1990, el veterano agente de la CIA Aldrich Hazam Ames y su esposa María del Rosario Casas, de distinguida familia tolimense exalumna del colegio Nueva Granada de Bogotá y graduada en la Universidad de los Andes, fueron detenidos por el FBI acusados de espionaje a favor de Rusia. Fue uno de los casos más espinosos de espionaje en los Estados Unidos.
Cuando entre 1970 y 1973 se llevaron a cabo en Roma negociaciones sobre la delimitación marítima entre Colombia y Venezuela, los venezolanos llevaron a un grupo de oscuros personajes que se encargaban de grabar con micrófonos ocultos las conversaciones en el lugar donde la delegación de Colombia concertaba cotidianamente su estrategia. Además, seguían paso a paso a todos los miembros de la delegación colombiana. El problema para ellos fue que estaban disfrazados de espías y eran muy fáciles de identificar.
A las muchachas del servicio que hacían aseo en la cancillería colombiana, los espías venezolanos les compraban la basura que sacaban de las canecas de las oficinas del ministerio.
En junio de 2012, el colombiano Luis Felipe Ríos, fue condenado a 16 años de prisión por supuestas acciones de espionaje por cuenta de los servicios de inteligencia colombianos. No negó los cargos, pero afirmó que había sido olvidado por sus patrones. Nunca se volvió a hablar de él.
Hace algunos años, un diplomático de nuestra misión en Cuba, que había sido miembro de un grupo armado, fue llevado por el servicio de inteligencia cubano fuera de la ciudad y le hicieron la propuesta de que sirviera de “informante” para Cuba. El funcionario rechazó la oferta y reportó los hechos al embajador.
Dignatarios del gobierno cubano, ante una fuerte protesta, expresaron que se había tratado de “una equivocación”. Curioso, porque ellos estaban perfectamente informados de todos los hechos que se desarrollaban en Colombia y de las actividades de los grupos armados en nuestro país.
En Cuba, todo el cuerpo diplomático, sabía que el correo, las comunicaciones telefónicas y de internet, así como los recintos de las oficinas y de las residencias, que eran en su mayoría de propiedad del gobierno cubano, estaban interceptadas. Incluyendo la habitación en que se iba a alojar Juan XXIII en la Nunciatura de la Santa Sede en La Habana, cuando viajó a la isla.
Todos los días se informa sobre espías rusos, cubanos y venezolanos en Colombia. No digamos que norteamericanos, porque ellos saben más que nosotros mismos.
En nuestro medio los sistemas de espionaje político y comercial están muy avanzados y de pronto. No sabemos si hay globos, pero es posible que todos estamos interceptados.