La costosa compra de dos pares de audífonos AirPods Pro de la marca Apple, una de las referencias más caras que hay en el mercado y por los cuales se pagó un monto de 1.919.800 pesos, para el uso de la Secretaría de Hábitat de Bogotá, levantó una ola de indignación. Será del bolsillo de los capitalinos, a quienes se nos subirá el impuesto predial en los próximos días, como se pagarán los lujosos aparatos.
¿Cómo es posible que en las entidades del Distrito, en plena recesión económica producto de la pandemia, no haya un mínimo de ética y austeridad? ¿Era necesario comprar la referencia más lujosa?Desde la Secretaría de Hábitat, la cabeza de la entidad, Nadya Rangel, explicó que los necesitaba para hacer videoconferencias y llamadas. Y que no solo necesitaba un par de audífonos, sino dos.
Claudia López ganó la Alcaldía de Bogotá con el respaldo de una consulta anticorrupción adelantada por ella misma, en la que la ciudadanía se movilizó en las urnas para exigir ética y transparencia en el ejercicio de las funciones públicas.
La alcaldesa y los líderes de su Partido Verde prometieron que, bajo el mandato de esa colectividad, habría un cambio radical en la forma de hacer política. Pero una cosa es prometer en campaña y otra muy distinta gobernar. El compromiso de transformación y transparencia en el gobierno verde, “progre” y alternativo de Bogotá se quedó en veremos.
La Alcaldía ha realizado millonarios contratos en fotógrafos personales, cámaras y computadores de alta gama, para registrar en detalle la imagen de la alcaldesa y su secretario de Gobierno. Por eso, la indelicadeza de los audífonos resulta minúscula al lado de estas lujosas contrataciones. Hace poco Canal Capital, el canal público de televisión de Bogotá, contrató por un valor de 438,4 millones de pesos y para ejecutar en 90 días, la preproducción, producción y posproducción del proyecto audiovisual denominado Mesa capital. Hasta ahora, lo que se ha podido ver es que es un programa de opinión política y de tendencia de centroizquierda. Por supuesto que todos los programas de opinión son importantes, pero era necesario ¿pagarlo con el bolsillo de los impuestos de los bogotanos?
La imagen del gobierno progresista y alternativo de Claudia López es un asunto de prioridad. Ojalá lo hubiera sido así la puesta en marcha de la reactivación económica de la ciudad, las 100.000 tabletas que les prometieron y no entregaron a los estudiantes que tuvieron que recibir clases virtuales durante un año, o el cuidado del medioambiente ahora que la Alcaldía anda talando los árboles de la ciudad.
Las indelicadezas en las contrataciones distritales y en la falta del cumplimiento de las promesas de campaña demuestran la ausencia de austeridad y la carencia de ética del gobierno distrital. Lo anterior, en un fuerte contraste con la falta de ejecución y de autoridad en la ciudad.
El problema es que el modelo de gobierno que han ejercido los verdes en Bogotá es el que prometen replicar, si ganan las elecciones, en 2022. La cabeza de ese proyecto es Sergio Fajardo, y sus dos grandes impulsoras: Angélica Lozano y Juanita Goebertus. La falta de autoridad en Bogotá la tiene sumida en una de sus peores épocas de inseguridad. En TransMilenio ya no solo roban, sino que matan, hay sicariato y metralletas en cualquier esquina de la ciudad, y atracar o disparar a plena luz del día ya no es problema para los bandidos.
La alcaldesa, desconociendo ser la jefe de la Policía, ha peleado de manera constante con la Policía Metropolitana y descalifica el servicio de miles de agentes que se juegan la vida en las calles. Si algo sale mal no tiene problema en señalarlo, pero los aciertos los cobra como propios.
Si la seguridad va mal, peor aún el desempleo. La reactivación económica no es prioritaria para el modelo progresista del gobierno verde. Pero tal vez lo más lamentable del desgobierno alternativo es la incapacidad de corregir los errores. Hasta el momento, nadie en el Distrito ha reconocido la indelicadeza de la compra de los AirPods Pro de la Secretaría de Hábitat, o de los millonarios contratos en imagen. Hay algunos actos de contrición cuando las cámaras los dejan en evidencia, como ocurrió frente al maltrato de la mandataria con los vendedores ambulantes.
La “coalición de la esperanza”, que lideran la esposa de la alcaldesa y su alfil Juanita Goebertus, ha reunido un salpicón de políticos que bajo el manto de “renovación”, “cambio” y “lucha” contra la corrupción dizque prometen que ahora sí van a transformar a Colombia bajo el fiasco del modelo progresista que hoy sufrimos en Bogotá. Es una coalición de curtidos políticos, la mayoría excongresistas, que no han ejercido jamás un cargo administrativo. Hoy en Bogotá vemos las consecuencias de esa inexperiencia. La ciudad está patas arriba.
El activismo propio del modelo progre hace que la alcaldesa ejerza más como influenciadora de redes sociales que de mandataria. Tal vez por eso es que contratan tanto fotógrafo, compran cámaras de fotos, de video y hasta audífonos. En este gobierno lo que importa es la imagen y poco o nada los resultados. Por eso van tan mal en las encuestas, con los ciudadanos insatisfechos, el Partido Verde en problemas y mientras tanto la alcaldesa trinando y posando.