Es muy interesante que desde el Gobierno se brinde apoyo a las personas menos favorecidas, pero lo que llama poderosamente la atención es que estas ayudas se entregan en las cercanías de los períodos electorales para ganar conciencias a favor del partido gobernante; los medios sociales registran que, por intermedio de la agencia de Prosperidad Social, el Gobierno ha entregado a más de 275.000 hogares 3.447 toneladas de papa y unos 3 millones de personas han recibido un bono pensional, pero la ayuda a los potenciales votantes crece con el programa de la entrega gratis de huevos, buscando alcanzar la meta de unos 650.000 huevos por semana.

Aunque no existe una cifra oficial, se comenta que el programa Jóvenes en Paz ha entregado cerca del medio billón de pesos para ‘dejar de matar’, como lo designan algunas personas, pero parece que no hay un verdadero seguimiento de los beneficiarios de este subsidio para saber si continúan delinquiendo o no.

Lo que sí queda claro es que el Gobierno premia a los bandidos, mientras que a los jóvenes buenos, que no tienen deudas con la justicia y que buscan nuevos y sanos horizontes en la vida, no se les hace ningún reconocimiento.

No se puede esconder la realidad frente a la desfachatez y al cinismo de la compra de votos para las próximas elecciones; a muchos les gustaría saber de dónde sale el dinero para movilizar a miles de personas para que asistan a las manifestaciones en apoyo de los dirigentes zurdos, pues se requiere pagar transporte, comida y la bonificación por la asistencia a los eventos. Unos creen que el dinero es producto del narcotráfico; otros piensan que su origen es de la corrupción que ha robado al Estado; también opinan que provienen de la salud que destrozaron con el ‘shu, shu, shu’, e inclusive otros dicen que posiblemente pueden ser de fondos extranjeros que apoyan la campaña del famoso ‘heredero’.

Es claro que para mantener la continuidad de la izquierda en el Gobierno se están empleando todas las formas de lucha; esto es, no solamente la violencia descontrolada causa pánico en las poblaciones, asesina militares, policías y civiles, sino que las bodegas continúan generando opinión, desinformando a la población, engañando nuevamente a los incautos y lavando cerebros, sino que la campaña probablemente emplea otras artimañas que seguramente incluyen el ‘correr la línea ética’ en muchas áreas, como lo propuso en su momento el distinguido Guanumen.

La dialéctica empleada por la izquierda, inclusive desde la misma Casa de Nariño, desde donde sin vergüenza están haciendo campaña política en favor de su ‘protegido’, muestra cómo amarran los votos; las autoridades civiles y militares deberían estar con los ‘ojos abiertos y oídos despiertos’ para impedir que se estén violando los derechos de los ciudadanos, pues con la compra de conciencias por un mercado o por el billete que entregan a los votantes, se está cometiendo un crimen, claramente tipificado en el Código Penal y en la Ley 1864 de 2017.

El país y la democracia están en peligro frente a las próximas elecciones, pues con lo que se está observando, es claro que se están violentando los principios de transparencia y libertad del proceso, pues seguramente el valor de los tamales con los que se compran conciencias no entrará a las cuentas del candidato que lo promueve y el país ‘se quedará viendo un chispero’, como ha ocurrido con la violación de los topes de campaña del actual Gobierno, pues ‘se han pasado por la faja’ el artículo 109 de la Constitución y nadie dice nada. Qué burla a los colombianos.

Los principales delitos contra el sufragio considerados se relacionan con la trashumancia electoral, donde se mueve a los votantes para que ejerzan el sufragio en otros municipios; el constreñimiento al sufragante, cuando por medio de la intimidación y la amenaza se obliga a votar en favor de un candidato, como se sospecha sucedió en las pasadas elecciones donde la izquierda se impuso sobre otros candidatos en regiones con alta presencia de narcoterroristas; la corrupción al votante cuando por dinero, bienes o favores se obliga a votar por un candidato, y otros delitos como alterar el normal desarrollo de las elecciones por actos violentos, modificar actas de votación o resultados escrutados y la cereza del pastel, cuando se financian las campañas con recursos de origen ilícito. Aún no ha respondido Benedetti acerca de los 15.000 millones de pesos que dijo haber conseguido para la anterior campaña.

Este es el momento cuando los candidatos de centro y derecha, en lugar de estar colocándose zancadillas para lograr un par de votos adicionales, deberían unirse para exigir a las autoridades que haya una lucha frontal contra el enemigo común que es la corrupción en el campo electoral.

Estamos frente a la ‘pelea de tigre con burro amarrado’, situación desigual y ventajosa donde con artimañas se comprometen los votos para favorecer a un candidato, mientras que quienes tienen mucho para perder están silenciosos, esperando el zarpazo zurdo que acabará con el país.

Muchos no han entendido que está en juego la democracia, ni han aprendido las tristes lecciones que deja el socialismo. La entrega de mercados fue el comienzo de la trampa a los amigos venezolanos; no permitamos que esto suceda en Colombia, defendamos el país de nuestros hijos.