Los niños no hacen —directamente— la historia. Sin embargo, los personajes de gran influencia, cuando son mayores, retornan a las hazañas, las frustraciones, las aspiraciones y los sueños de su infancia, y desde su poder tratan de volverlos realidad. De esta forma, el niño sí hace la historia, aunque indirectamente.

De allí la recomendación a los escritores de biografías de profundizar en los primeros años de la respectiva celebridad.

El personaje mundial hoy es Elon Musk. Dejando a un lado sus lamentables intervenciones en política, les está señalando las inquietudes del futuro a los grandes empresarios, a los economistas y a muchos científicos. Y, ¡quién lo creyera!, a aquellos políticos y gobernantes que sueñan con un poderío mundial, y que de reojo miran, analizan, evalúan y se preocupan por lo que dice, hace y, sobre todo, por lo que él proyecta hacia el futuro.

El caso Musk nos indica cuán decisivo puede ser lo que se lee en la infancia. De allí que la lectura pueda también hacer historia. Lector omnívoro, se asegura que muy joven agotó todos los libros de la biblioteca local y que los pidió de otras partes. Reconoce él que mucho lo influyó una novela, graciosa y desperdigada de 1971, La guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams.

En ese libro, Musk le perdió el temor al inmenso cosmos, atendiendo a la inscripción en letras grandes en la portada de la Enciclopedia Intergaláctica: no se asuste. De allí proviene su sospecha de que la Tierra pueda ser destruida, pues en esa ficción nuestro planeta es demolido para que pase una autopista en la galaxia, lo que origina en él su creación de SpaceX, cohetes al espacio con su idea de colonizar a Marte como salvador y segundo hogar.

En la novela hay un robot neurótico pero esencial. Musk inició hace años el diseño y trabaja en Optimus, el robot humanoide que reemplazará a todos los operarios en toda la producción posible. En la novela, las máquinas interactúan con los humanos y de allí su empresa Neuralink, con implantes para que personas discapacitadas manejen computadoras desde su mente.

De ese libro aprendió Musk lo importante que es hacer primero la pregunta adecuada. El narrador otorga la respuesta correcta al principal, al esencial interrogante humano, pero no se puede hacer nada con ella porque nadie entiende la pregunta.

Hay que aclarar que no todo proviene de estas lecturas. Lo de Musk parece haber sido organizado para cumplir con su papel. Un padre intimidador que le hacía bullying: no servirás para nada. Repitiendo a alguien, en su autobiografía Barack Obama dice que en la vida adulta siempre tratamos de superar al padre. En cambio, su madre le dio amor y seguridad, pues desde muy chico le repetía que se trataba de un genio. Autista, con las ventajas que para una persona muy inteligente ello conlleva.

Llama la atención que, en el caso del hombre más rico del mundo, haya creado y promueva, en su mayoría, empresas que tienen que ver con el interés de la humanidad. Cuasifilantrópicas: viajes espaciales, salvación de la especie en Marte, manejo desinteresado de la inteligencia artificial (trató de hacerla gratuita), robots generando abundancia general, mejoras medicinales para todos por igual, preocupación por el cambio climático con los carros eléctricos.

Al analizar a Musk, todo un personaje de trabajo duro y de realizaciones, incluso con grandes iniciativas imaginativas y otras disparatadas, se comprende bien aquella frase de Oscar Wilde, según la cual, al final de cuentas, el hombre de acción vive con más ilusiones que los poetas y los soñadores.