Gustavo Petro, candidato presidencial derrotado en segunda vuelta, con derecho a curul en Senado, concedió a SEMANA una entrevista que constituiría los primeros lineamientos de la oposición.Precisiones semánticas, prefiere la denominación de “alternativa de poder” a la de oposición, pues asumiría los liderazgos que el gobierno no asuma. ¡Imposible! En la misma entrevista se ocupa de criticar la composición del gabinete ministerial afirmando que los ministerios a su juicio relevantes, fueron ocupados por personas próximas a Álvaro Uribe. En otros términos, la oposición ha tenido como principal argumento la supuesta influencia de Uribe. ¿Alternativa?De otra parte, pretende mantener unidas las fuerzas políticas que respaldaron su candidatura: Partido Verde, Polo Democrático, Fuerza Ciudadana, Mais, Unión Patriótica, Progresistas y algunas disidencias liberales. Casi imposible, pues se deben diferenciar las elecciones presidenciales, particularmente la segunda vuelta, de las elecciones parlamentarias, porque la primera permite coaliciones minoritarias de coyuntura, mientras que en el Congreso los partidos deben diferenciar sus posiciones. Mejor dicho, la situación política de la segunda vuelta presidencial es irrepetible, ganaron los opositores del gobierno Santos.Además, afirma que su proyecto no es de izquierda, que se trata de otra visión de la sociedad, más ambientalista, con otro modelo de producción y más democrática. No obstante, no duda en calificar de derecha al gobierno. Petro ha sido muy hábil en desmarcarse del modelo chavista venezolano, un fracaso monumental que está afectando al país con migraciones multitudinarias, a pesar de ello debe precisar su modelo productivo de energías alternativas y explotación agrícola, de acuerdo con la infraestructura existentes y las exportaciones actuales, pues su proyecto parece más una fórmula abstracta, sin asidero real, más próximo a las utopías y al populismo.Ahora, se sustrae de hacer un pacto por lo fundamental como lo propuso en campaña, con el argumento de que el gobierno lo llama a adherir y no a negociar. Se escabulle, sin propuestas. Quiere decir, que el pacto servía si ganaba, no si perdía.En cuanto a la política de seguridad, señala las coincidencias de Uribe y Duque. Ha sido reiterativa en nuestra historia la concesión de amnistías e indultos para delitos políticos. Pero también es cierto que los gobiernos de Álvaro Uribe, 2002 y 2006, con su política de ejercicio de autoridad y fuerza contra la insurgencia, obtuvieron apoyo electoral absolutamente mayoritario. Las propuestas de Duque también ganaron en las urnas. Entonces, lo que corresponde es el imperio de la ley y el ejercicio de la autoridad.Para los acuerdos con las Farc, predice un marginamiento a la “colombiana”. Pero nada dice de la sociedad dividida por la forma en que se negociaron, como tampoco del resultado adverso del Plebiscito del 2 de octubre de 2016, ni de la espuria refrendación en el Congreso mediante proposición. Los acuerdos se respetarán y se implementarán con los ajustes propuestos en la campaña del presidente Duque, no se harán trizas, como advirtieron los malos agoreros interesados en imponerlos a toda costa …, a la “colombiana”.Tiene razón Petro, la reforma política requiere de una profunda transformación del Consejo Nacional Electoral. También tiene razón en que la política internacional debería hacer mayor énfasis en atacar el narcotráfico coordinadamente con México, y que la consulta anticorrupción es simbólica y constituiría un mandato para el Congreso, que es justamente su error, pues los ciudadanos debieron votar directamente las decisiones normativas.La oposición debería ser menos semántica, menos hábil en ocultar sus falencias, más constructiva en su crítica, consecuente con los resultados electorales. Haría bien en intentar el acuerdo de lo fundamental, en identificar los puntos de coincidencia, los valores básicos del sistema económico y las reglas del juego político.