Colombia nunca se había encontrado en una situación tan compleja de polarización política y social como la que estamos viviendo apenas a dos semanas de la primera vuelta para la próxima elección presidencial; todos los días se observa a políticos oportunistas cambiando de bando para ver qué pescan, otros más sinvergüenzas adhiriéndose a partidos que gozan ‘del beneplácito’ de grupos criminales que asesinaron a sus familiares, al igual que impactan alianzas políticas vergonzosas que buscan dar continuidad a una ideología política desprestigiada y decadente.
La ambición y el ego de algunos candidatos impiden la unión que requiere el país para producir el verdadero cambio y pareciera que los ‘tire y afloje’ entre postulantes de la derecha estuvieran orientados a facilitar la votación en favor de la izquierda; si el país queda en manos del comunismo, solamente ellos serán los responsables. La democracia está en peligro y las principales amenazas son la presión de las armas de los narcoterroristas para que voten a favor de candidatos de izquierda, la intimidación de los integrantes de la primera línea, la compra de conciencias con comida y dinero, así como la amenaza de imponer a la fuerza una constituyente.
Ante los inciertos resultados de las próximas elecciones, los vándalos que fueron públicamente apoyados por ‘el bachiller Bolívar’ y sus seguidores han salido durante la semana anterior ‘a entrenar’ en las calles bogotanas, tratando de generar el caos y la anarquía que requieren para producir una guerra civil, sin importarles a quiénes van a perjudicar. Sin duda los actos vandálicos para destruir el transporte público han sido premeditados, preparados con anterioridad, buscando la reacción de las fuerzas constitucionales del estado para encender la chispa de una guerra civil que lleve directamente a la izquierda al solio de Bolívar.
Alistando el terreno para lo que pueda arrojar el escrutinio de las elecciones, el gobierno central ha enviado muchos mensajes sobre probable fraude en los resultados, jugando al ‘con cara gano yo y con sello pierde usted’; pero preocupa especialmente la salida masiva de mandos en las fuerzas militares, ‘coincidencialmente’ en la época electoral, lo cual —como se ha mencionado en muchos círculos— debilita la presencia de la autoridad en momentos tan álgidos, así como suena la alarma ante la arremetida violenta de los narcoterroristas y el levantamiento de las órdenes de captura de los cabecillas.
No se puede desconocer que el país se encuentra en un verdadero ‘desorden público’, donde la dictadura de las minorías se impone por la fuerza que emana del poder central; parece que una parte del país no tiene claro que está en juego la democracia, que el futuro de Colombia depende de los resultados electorales y que de continuar con un gobierno con la misma tendencia de odio y resentimiento hacia las mayorías, la represión y la dominación serán el común denominador, donde la ley quedará a merced de los caprichos del gobierno tirano y absolutista que se enquiste en el poder ejecutivo, mientras que se perderán todas las libertades.
Es mucho lo que el pueblo colombiano tiene para perder ante la elección de un nuevo gobierno de izquierda y, como menciona una persona en las redes sociales, “Se puede ser comunista en un país libre, mas no se puede ser libre en un país comunista”. Solo los colombianos pueden decidir cual será su futuro. Asistir masivamente a las urnas para derrotar al sistema absolutista es la solución. No se dejen engatusar nuevamente con la dialéctica socialista. Aprendamos de las amargas vivencias de Venezuela, que por mas de 25 años ha sufrido bajo el yugo del socialismo del siglo XXI.