Sin duda estamos frente a un tema de importancia trascendental para el futuro del país: su reconstrucción. El paso del huracán ‘progre’ por el gobierno nacional ha causado tanto daño, que seguramente se van a requerir varios periodos de gobiernos emprendedores, honestos, dinámicos y, sobre todo, enemigos de la corrupción, para colocar nuevamente a Colombia en la senda de progreso que se requiere para que la población mejore su calidad de vida y tenga prosperidad.

Es cierto que en el país existen problemas estructurales de vieja data, pero también que otros se agravaron exponencialmente durante el actual periodo presidencial.

La experiencia propia y la de los vecinos nos enseña que otro gobierno de izquierda no estará ni interesado ni capacitado en mejorar lo que afectó su predecesor, especialmente porque dejó sin fondos las arcas del Estado, dejó de explotar los recursos naturales disponibles por su ideología retrógrada, produjo un endeudamiento sin precedentes, se dispararon la violencia y el narcotráfico. Y el ‘heredero’ de la izquierda recalcitrante propone seguir el mismo derrotero de su mentor.

El nuevo gobierno debe enfatizar su labor en temas como la seguridad, la salud, el orden, la justicia, la institucionalidad, la libre competencia de mercados, la recomposición del tejido social y en lograr una adecuada sostenibilidad social.

En toda sociedad, el ser humano es el principal componente y es por ello que, en un país afectado por la polarización, la corrupción, la violencia, las economías ilegales y la mitomanía oficial, se requiere establecer una estrategia que, entre otros aspectos, acabe con los odios y la lucha de clases sembrados por el actual Gobierno, que permita salir del ostracismo en que nos han metido.

La cultura del diálogo, el rechazo de la violencia y el repudio a la corrupción deben ocupar el primer lugar de una estrategia integral que recupere los principios y valores de los colombianos.

Por su parte, la seguridad en todas sus manifestaciones debe ser considerada un factor determinante del bienestar y de la inversión que genera empleo, riqueza, oportunidades y desarrollo. El narcotráfico, como motor del crimen, debe ser combatido frontalmente y con apoyo internacional, porque es un delito que traspasa todas las fronteras.

De forma paralela, fortalecer a la Fuerza Pública, recuperar el control de todo el territorio, lograr la independencia judicial, desmantelar las redes criminales y fortalecer todas las instituciones, se considera vital para que se restablezca el Estado de derecho.

Esto le aportará a la sociedad una bocanada de aire fresco que influirá positivamente, moviendo los engranajes de la economía para atraer inversiones, crear incentivos, mejorar la productividad, generar empleo y disminuir la informalidad, mejorando la protección social de los trabajadores y de sus familias.

En caso de que, debido a la abstención, la indiferencia, la apatía o la indolencia de algunos ciudadanos, no se logre derrotar a la izquierda en las próximas elecciones, sin duda habrá que prepararnos para sufrir por varios años esclavitud, desolación, pobreza, violencia y muerte; la izquierda no es el camino y nunca es tarde para volver la mirada hacia Cuba, Nicaragua y Venezuela para constatar las realidades de lo que deja la opresión y las dictaduras.

Los sufrimientos que ha tenido que padecer la población en estos países amigos deben abrir los ojos de quienes aún dudan sobre cuál puede ser la suerte del país en manos del socialismo; recapaciten y tomen la mejor decisión para el futuro de sus hijos y sus familias, pero no dejen que otros decidan por ustedes el futuro que quisieran para el país que añoran.

Les corresponde a los colombianos definir en las urnas si quieren vivir bajo regímenes donde se pierden las libertades o se disfruta de un futuro prometedor en plena democracia.