La historia del mundo está colmada de alianzas expresas o tácitas de gobiernos con bandidos o mercenarios de diferentes condiciones para lograr objetivos económicos o políticos, o simplemente para cumplir tareas que ellos mismos no han podido o no han querido hacer, o que no les interesa que se sepa que las están realizando.
En muchas oportunidades, esas alianzas tienen el propósito de sostener a un gobierno o de amenazar a sus opositores con retaliaciones. Los aliados resultan, con frecuencia, más violentos que los grupos a los que pretenden combatir, y en un momento determinado se les voltean a sus patrocinadores y pasan a ser sus acusadores. Unos acusadores que develan corrupción y jugadas sucias.
No se conocen aún los efectos de la extraña sublevación de los mercenarios del Grupo Wagner, aliados muy eficaces de Putin no solamente en la guerra contra Ucrania, sino en Siria y países africanos como Sudán, Malí y Libia, en los que Rusia tiene intereses por razones de carácter económico y geopolítico. Para no hablar de la República Centroamérica, en donde el Grupo es el dueño del país.
En Sudán, donde está también metido, la grave situación que se atraviesa es el resultado de alianzas del Gobierno con mercenarios. El comandante de las fuerzas armadas se alió con un grupo de mercenarios paramilitares, que fueron denominados “Fuerza de Despliegue Rápido” para derrocar al dictador Omar al-Bashir en 2021. Posteriormente, la Fuerza de Despliegue Rápido se levantó y pretende el control del país, que se encuentra ahora en una crisis que parece no tener fin.
Existen también rumores sobre la presencia del Grupo Wagner en Venezuela, en donde habrían colaborado en el esquema de seguridad personal de Maduro, mientras que algunos señalan que hay indicios de su presencia en el suroeste, en el llamado “Arco Minero” en donde se realizan actividades de minería ilegal.
En algunos países, sus líderes confían en ciertos grupos, no necesariamente del tipo de Wagner, que consideran como su apoyo y amenazan públicamente con utilizarlos como fuerza de choque cuando se vean acosados por sus opositores o quieran imponer sus proyectos, por impopulares que sean.
Nuestra historia está colmada de ejemplos de funestas alianzas de ingrata y vergonzosa recordación con grupos de delincuentes con diferentes denominaciones que, naturalmente, tarde o temprano asumen el papel de fiscales.
La oscura rebelión del grupo Wagner en Rusia deberá servir como lección para muchos.