Trump afirma que los Estados Unidos en su próximo mandato van a estar colmados de riquezas, belleza, orden y felicidad. ¡Se le va a ir todo el mundo para allá!
También anunció que va a reincorporar a los Estados Unidos el canal de Panamá, necesariamente con la Zona del Canal incrustada en territorio panameño, de tal manera que los panameños otra vez para pasar de un lado a otro de su país deberán pasar por territorio norteamericano. Para asegurar el canal y evitar que esté controlado por China —como él dice— tendría que volver a ubicar las bases militares en la zona, como estaban antes de la firma de los tratados Torrijos-Carter.
Igualmente, ha dicho que va a incorporar a la isla de Groenlandia a los Estados Unidos. Para ese efecto, tendrá que negociar con Dinamarca, a la que pertenece. El Gobierno danés ha rechazado esa posibilidad.
Sin embargo, a diferencia de Panamá, Dinamarca ha tenido problemas con Groenlandia. Noruega en 1931 ocupó la parte oriental, la única habitable de la isla, alegando que era res nullius, es decir, no tenía dueño, aunque desde tiempo atrás Dinamarca había ejercido soberanía sobre ella. La controversia entre Dinamarca y Noruega fue sometida a la en ese entonces Corte Permanente de Justicia Internacional, que falló en 1933 a favor de Dinamarca.
Algo parecido sucedió con la llamada Ley del Guano, expedida por el Congreso de los Estados Unidos en 1856, mediante la cual incorporó a su territorio todas las islas deshabitadas en el mundo que supuestamente no tuvieran dueño. Cerca de un centenar. Ahí cayeron casi todos los cayos colombianos del archipiélago de San Andrés.
Las pretensiones de los Estados Unidos sobre Groenlandia se remontan al siglo XIX, cuando el imperialista secretario de Estado William H. Seaward adelantó en 1867 gestiones para comprar la isla. Fue el mismo que le compró Alaska a Rusia e incorporó a EE. UU. la isla de Midway en el Pacífico.
Nuevamente, en 1946, Estados Unidos ofreció 100 millones de dólares a Dinamarca por Groenlandia. El Gobierno danés lo rechazó. Pero les otorgó una base militar, que todavía funciona en el norte de la isla.
Durante su primera administración, Trump también ofreció nuevamente comprar a Groenlandia. No solamente por la importancia estratégica y la proyección hacia el Ártico, sino por la existencia de minerales raros y la explotación de hidrocarburos en las costas de la isla.
El Gobierno danés no aceptó la oferta, aunque para Dinamarca es una carga económica importante. Sin embargo, tuvo que establecer normas que conducen paulatinamente a la independencia de Groenlandia. Como es lógico, China también está interesada en la isla. Su extensión es de 1.820.000 kilómetros cuadrados, es la isla más grande del mundo, aunque con una la población mínima, ya que solo cuenta con 59.000 habitantes.
Años atrás, Dinamarca había acusado a los Estados Unidos de promover soterradamente la independencia de Groenlandia para convertirla en una dependencia norteamericana. Ahora Trump lo dice abiertamente y agrega que los groenlandeses así lo quieren.
Ya veremos si ahora lo logra.