La primera vuelta presidencial se parece cada vez más a una primaria informal del antipetrismo. Resulta curioso ver a algunos votantes escandalizados porque las campañas se ataquen entre sí. Eso es exactamente lo que ocurre en cualquier competencia real por el liderazgo de un sector político. Entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, junto con sectores más moderados alrededor de Juan Daniel Oviedo, se está definiendo quién representará la alternativa al petrismo en la segunda vuelta.
El problema no es la dureza en la campaña, el inconveniente de la oposición radica en no entender lo que viene después. Colombia ha entrado en una lógica política cada vez más bipolar donde el etéreo centro pierde espacio y las elecciones presidenciales terminan organizándose alrededor de dos grandes bloques electorales. Hoy la discusión parece reducirse a una sola pregunta, si el proyecto político del petrismo debe continuar o no. Eso explica por qué ningún candidato tiene posibilidades de ganar en primera vuelta y por qué la izquierda llega hoy con una ventaja táctica importante. Ya está prácticamente consolidada alrededor de un solo candidato.
Mientras tanto, en la oposición algunos sectores parecen más concentrados en profundizar sus diferencias internas que en entender la lógica de bloques que terminará dominando la segunda vuelta.
En Chile, buena parte de la centroderecha terminó respaldando a José Antonio Kast, pese a las diferencias que existían entre los sectores que hacían oposición a Gabriel Boric. Asimismo, sucedió en Argentina, donde la derecha más moderada representada por Patricia Bullrich, como rechazo al proyecto kirchnerista, terminó respaldando a Javier Milei en el balotaje. Colombia no necesariamente funciona así, pero debería. Aquí no es evidente que todos los sectores del antipetrismo acompañen con disciplina al ganador de la primera vuelta.
No hay certeza de que los votantes más radicales de Abelardo apoyen una candidatura más moderada como la de Paloma, que ha recibido cuestionamientos por sus alianzas con el centro. Tampoco es seguro que parte del electorado de centro representado en Oviedo termine respaldando una candidatura más dura si el vencedor pertenece al ala más ideológica del antipetrismo. Precisamente, ahí está el principal riesgo estratégico para la oposición. Fragmentarse después de la primera vuelta mientras la izquierda, ya unificada, empieza a disputar con ventaja los votos independientes, apolíticos y de centro. Seguramente, Iván Cepeda irá moderando el discurso para ampliar su coalición.
La política es un deporte de contacto y tanto los líderes como sus votantes deben entenderlo. Las campañas intensas y los choques entre candidatos son normales. Lo riesgoso sería no aceptar el resultado de esa primaria informal mientras el petrismo llega unido y empieza a disputar el centro con ventaja. Si Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, Juan Daniel Oviedo y sus votantes deciden seguir peleando después de la primera vuelta, Iván Cepeda podría terminar ganando con relativa comodidad.