Jaime Niño vivió, estudió, luchó y murió convencido de la importancia y del impacto que tiene la educación de calidad para la vida de los niños, los adolescentes y los jóvenes, así como para la sociedad en equidad, democracia y paz, además de los efectos por las externalidades de la educación en el desarrollo económico, social y cultural de un paísJaime Niño fue bachiller nocturno, dirigente estudiantil de la Universidad Nacional y miembro de su Consejo Superior, donde estudió sociología. Además, realizó una maestría en planeación educativa en la Universidad de Toronto y fue profesor universitario.Se desempeñó en todos los cargos de la administración de la educación en Colombia: trabajo como profesional y luego como jefe de la División de Educación del Departamento Nacional de Planeación, DNP, de donde pasó a ser el Secretario de Educación de Bogotá. Dirigió la Campaña de Alfabetización Simón Bolívar, fue rector de la Universidad Piloto y Autónoma, Director del ICETEX y del ICFES, viceministro y ministro de educación. Además, fue asesor en temas educativos de países como Perú y Nueva Guinea en Educación.Pero más allá de los títulos y cargos, Jaime Niño era un convencido de la necesidad de pagar bien a los maestros y de apoyar su carrera profesional, hechos que se reflejan con su aporte la creación de la prima de vacaciones para los docentes (prima Samper como se conoció) y su participación en las discusiones que terminaron con la decisión de incrementar durante 3 años (1996 a 1998) los salarios de los maestros oficiales en 8 puntos por encima del aumento de los demás servidores públicos. En el Gobierno de Samper, cuando Jaime Niño fue viceministro y ministro de educación, se incrementó el salario real de los docentes en el 25%.Además, durante su periodo como ministro se enviaron más de 1000 docentes del área de inglés a Estados Unidos Y Canadá para fortalecer la educación de una segunda lengua en el país. También se establecieron los lineamientos curriculares para la educación básica y media, y se entregaron a los colegios oficiales más de 20 millones de libros y cerca de 1000 aulas de informática, toda una novedad en los años 1997 y 1998.Lea también: Secretarías de Educación dedicadas a los favores y no a mejorar la educaciónAsí mismo, por primera vez se trasladaron recursos a los colegios oficiales para su mantenimiento y dotación. Mención especial para el programa Baúl JAIBANA, entregado a las 50.000 sedes educativas oficiales, que contenía herramientas pedagógicas (libros, videos, CDs, juegos, entre otros) para la calidad de la educación y la convivencia. Finalmente, como Ministro de educación asumió ante el Congreso Nacional y ante diversas organizaciones la defensa del proyecto de Ley que terminó con la creación del Ministerio de la Cultura (Ley 397 de 1997).Jaime también pasó por el Congreso Nacional, donde perteneció y presidió las comisiones encargadas de los temas sociales. Allí participó e impulsó el programa de madres comunitarias y jardines infantiles del ICBF, la ley de financiamiento de vivienda de interés social y la Ley 29 de 1990, primera Ley de fomento de la investigación científica y el desarrollo tecnológico de Colombia.Personalmente, tuve la fortuna de conocer y compartir con Jaime Niño gran parte de mi vida. Lo conocí siendo estudiante de la Universidad Nacional y de la ESAP. La primera vez que hablé con Jaime sobre educación me planteó 2 temas: En primer lugar me habló de Paulo Freire y su pedagogía del oprimido. Freire, al igual que Jaime, había dirigido en Brasil una campaña contra el analfabetismo; ambas campañas se basaban en la idea de que no se trataba sólo de enseñar a leer y a escribir, sino de una oportunidad para educar. Jaime conocía y describía con detalle las cifras de analfabetismo de la población en Colombia por regiones y municipios, tasas de analfabetismo que se duplicaba en la población del sector rural y en los más pobres del país en los años 80s (por ejemplo, el analfabetismo en el sector rural descendió entre 1973 y 1993 de 34,6% a 19,7% para mujeres y de 30,2% a 18,9% para hombres).En segundo lugar, Jaime señalaba la necesidad de incrementar la cobertura educativa, mencionando que, en ese entonces, quienes llegábamos a la Universidad éramos unos privilegiados, ya que los niños colombianos sólo asistían a la primaria y luego menos del 60% de los estudiantes pasaban a secundaria, donde sólo terminaba entre el 15% y el 20% de quienes habían empezado en primaria.Fue muy crítico de quienes desde la izquierda o la derecha hacían política con la educación, en un país donde el sector educativo nunca ha sido relevante para las decisiones de gobierno. Peor aún tuvo que enfrentar en los años 90 a quienes, desde ese entonces, sostenían que el problema de la educación no era de recursos sino sólo de eficiencia y gestión.Una columna es un espacio muy corto para resumir la vida de Jaime Niño Diez y el impacto que tuvo su lucha no sólo en el sector educativo colombiano, sino en un gran número de jóvenes y gente de la educación, a quienes inspiró para trabajar no en una educación para pobres barata, sino por una educación de calidad para los más pobres. Seguiremos trabajando en este propósito, este es parte de su legado.Lea también: Expectativas familiares y del entorno inciden en desarrollo del estudiante