El 2001 fue un año complicado para Fernando González Pacheco. Apenas unos meses atrás, en el 2000 debió ver como las FARC habían secuestrado por 205 a su entrañable primo Guillermo la 'Chiva' Cortés y luego los problemas de seguridad le llegaron a él lo que le implicó un doloroso exilio temporal. Aún así, sin importar el clima de inseguridad que se vivía entonces ni su situación personal hizo un acto de fe y regreso. Esto fue lo que escribió para SEMANA entonces: "Este es mi lugar Habría que hacer un poco de historia patria para recordar mis orígenes. Lo primero, es decir que nací en España pero las casualidades de la vida me trajeron a esta hermosa tierra en tiempos de la guerra civil española. Contaba yo con 4 años de edad y al poco tiempo de estar en Colombia, mi padre comenzó a trabajar en El Tiempo, gracias a su cercanía con el entonces presidente Eduardo Santos. Él andaba metido en todo, opinando, haciendo debate. Hoy en día me pregunto cómo no lo metieron a la cárcel por tanto ruido que armaba. Fue un enamorado de este país, en el que mis dos hermanos y yo crecimos en tiempos de difícil acontecer político y social. Las leyes de aquel entonces decían que al cumplir los 21 años debíamos escoger nacionalidad y llegado el momento no lo pensamos dos veces: nos hicimos colombianos de verdad verdad. Tanto es así que nunca se me ha reprochado el ejercer cargos en la Asociación Colombiana de Locutores o en la Asociación Colombiana de Cronistas Taurinos por el hecho de no haber nacido aquí. Jamás he sido extranjero en esta tierra. Por el contrario, vivo agradecido con su gente por haberme hecho quien soy y sobre todo, por haberme abierto tantas puertas. Es cierto que con los años las cosas se han puesto cada vez más serias, pero sigo esperanzado en el mayor recurso con que contamos para superar tantos problemas, el capital humano. Aún cuando las diferencias entre clases se han acrecentado, y el 10 por ciento de los colombianos concentran toda la riqueza, lo importante es que nos demos cuenta de que la responsabilidad es de todos, aun de quienes no padecemos angustias económicas. Lo que está de por medio es la posibilidad de vivir en un país justo, en un país que no nos imponga la necesidad de salir en busca de oficio y oportunidades en el extranjero. Porque hay que estar lejos de Colombia para darse cuenta de lo que padecen nuestros compatriotas en otras tierras. Es muy triste, aunque aclaro que no quiero aparecer ni mucho menos como un mártir, afrontar problemas de seguridad en el país que me lo ha dado todo. Y aunque condeno abiertamente todas las formas de violencia, no dejo de preguntarme por qué será que tantos colombianos han cogido el fusil y se han metido al monte. Y cuando busco una respuesta, lo primero que se me ocurre es que este país está mal repartido. Y para decirlo, no hablo como politólogo, ni como sociólogo y mucho menos como economista: no hay que olvidar que siempre fui mal estudiante. Lo digo como uno de tantos colombianos que se duele de ver el país como está. Con todo, tengo que agradecer las incontables muestras de afecto que he recibido, así como el respaldo del gobierno nacional para brindarme todo el apoyo que he necesitado en materia de seguridad. Las embajadas de Estados Unidos y España también han tenido gestos inolvidables y aunque he tenido que vivir afuera por un tiempo, la verdad es que resolví que este es mi lugar y prefiero correr los aparentes peligros para mi seguridad en Colombia a morirme de desesperación en Miami o donde sea. Aquí tengo todo, mi entorno, mis amigos, mi familia, mi esposa, y siendo un hombre muy parroquial, debo confesar que a pesar de haber viajado por todo el mundo no cambio este país por ningún otro. No puedo vivir si no es en Colombia, no me importa si hay uno o varios Tirofijos o Carlos Castaños, yo sólo quiero vivir en Colombia".