Trabaje en El Espectador, dice Rodrigo Pardo en su renuncia, igual que lo hice en el pasado en otros cargos, con el convencimiento de que los principios deben preservarse a toda costa, incluso cuando en el corto plazo son puestos a prueba por conveniencias pasajeras o tentaciones inmediatas. Mantener la línea de las convicciones es la única forma como se puede construir la paz interior y evitar arrepentimientos". Así el ex ministro de Relaciones Exteriores anunciaba su decisión de retirarse de la dirección del diario El Espectador, cargo que asumió hace 19 meses, pocos días después de que el Grupo Santo Domingo adquiriera el control accionario del periódico de la familia Cano, que había entrado en una grave crisis económica años atrás.El párrafo se prestó para toda suerte de interpretaciones. Algunos afirmaban que el presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, había expresado al propio Julio Mario Santo Domingo en Nueva York su molestia por la manera como el diario lo había atacado en estos meses. Pero la verdad es que el diario no ha sido particularmente agresivo en sus críticas y que su posición editorial no necesariamente cambia de manera dramática con el relevo de Pardo en la dirección. Se dijo también que a las directivas del Grupo les había molestado el que el diario no publicara con la relevancia del caso el otorgamiento del Premio al Empresario del Siglo a Carlos Ardila Lülle por parte de Portafolio. Pero ninguna de estas razones es precisa ni explica del todo la salida de Pardo de la dirección. Porque ni el Grupo se mete tanto en los asuntos del periódico como algunos piensan ni el presidente Pastrana tiene la confianza con Santo Domingo como para pedirle la cabeza del director de su periódico. La salida de Rodrigo obedece más a que dentro del Grupo era visto como un hombre escogido por Augusto López por su cercanía con el presidente Samper, y quizás a que carecía de la confianza del propio Santo Domingo.Los dolores de la transiciónSin embargo Rodrigo Pardo sale de El Espectador con dos logros incuestionables. No hay que olvidar que él llegó al periódico en el momento en que los Cano entregaban el control editorial y empresarial del diario, que se había caracterizado por su independencia y su coraje. No eran pocos los que imaginaban que la llegada del Grupo al diario significaría la pérdida de su tradicional independencia y la entrega de sus páginas a intereses empresariales. Eso no sucedió. Y aunque no todos los méritos son del propio Rodrigo, en la medida en que Luis Cañón, el nuevo editor del diario, fue también uno de los motores del cambio la verdad es que el nuevo director demostró independencia y fortaleza editorial. Hoy es posible discutir sobre los éxitos del diario, pero nadie puede decir que se trata de un órgano de difusión de los intereses del Grupo, como lo vaticinaban sus peores de tractores.De hecho, el cambio ha sido importante. Es ese el segundo logor de Pardo. Sus páginas editoriales se han enriquecido con columnas de nuestras generaciones invitados por el exministro de Relaciones.Nombres de la talla de Hector Abad Facciolince, Rafael Pardo Rueda, Manuel Hernandez, Manuel José Cepeda, Ramiro Bejarano, Sergio Otálora Jotamario Arbeláez, Felipe Zuleta y Antonio Morales han enriquecido sus páginas. La presencia del mundo académico en El Espectador es también evidente. Hay hoy hasta una columna dedicada al Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, sin duda uno de los think tanks más prestigiosos del país. Y en sus páginas interiores el cubrimiento de las noticias de orden público y de paz han cobrado una dimensión sin precedentes en El Espectador.Sin embargo los avances de Pardo en el área editorial no se han visto correspondidos en el campo comercial. El Grupo recibió el diario en una situación muy precaria y el esfuerzo económico y editorial invertido en estos meses se ha enfrentado a la peor recesión que ha vivido el país desde los años 30. A la estrategia editorial le ha faltado, sin duda, una verdadera estrategia de mercadeo. El gerente, Jaime Baena, ha demostrado ser un ejecutivo capaz de tomar decisiones dolorosas para cortar costos y hacer más eficiente la operación pero no ha logrado aún comunicar los logros que se han obtenido en materia editorial, y en esa medida la competencia con El Tiempo, que puso a pensar a los Santos a comienzos de 1998, no es hoy para ninguno de ellos un motivo de preocupación.La salida de Pardo de la dirección de El Espectador, que no pocos pronosticaban desde hace ya tiempo pues no existía empatía alguna entre éste y las directivas del Grupo, vuelve a poner sobre la mesa la pregunta sobre su capacidad para permitir la independencia de un diario de su propiedad. Hasta el momento ha sido así. El Espectador ha contado con autonomía suficiente, tanta que es hoy un mejor periódico que el que encontró en su momento. Pero la intempestiva salida de Pardo de la dirección y los motivos que se han expuesto para una determinación de esa naturaleza hacen pensar que al frente del diario llegará ahora alguien más cercano a Julio Mario Santo Domingo que Rodrigo. Al cierre de esta edición se especulaba, por ejemplo, sobre el nombramiento del ex embajador Carlos Lleras de la Fuente al frente de los destinos del diario. Lleras ha sido un amigo cercano de Julio Mario Santo Domingo desde hace décadas. Quienes lo conocen saben bien que se trata de un hombre recto, de opiniones contundentes, las cuales expresa siempre con franqueza. Es difícil encontrar a dos seres humanos más distintos. Sin embargo una de las frases de la carta de renuncia de Pardo hace gala de una franqueza similar a la de Lleras: "La enferma sociedad colombiana necesita abrirse, y requiere liderazgo _sobre todo ante el deplorable concepto que, sobre esa materia, tiene el presidente Pastrana_ para que el Estado de derecho se imponga".Es posible que la salida de Pardo no haya tenido origen en motivaciones políticas. No obstante, su carta de renuncia pareciera indicar, a su juicio, que algún papel habría jugado en su retiro el malestar del gobierno nacional por el cubrimiento que ha hecho El Espectador del primer año de la administración, en el que ha demostrado una independencia difícil de pronosticar hace apenas 19 meses.