Pipatón no es un superhéroe convencional. No necesita de una capa para estar más cerca del cielo, ni de una identidad secreta que le permita defender los derechos de otras personas. Tampoco nació con superpoderes. Pipatón fue un cacique indígena del pueblo de los yariguíes, que habitó en las selvas del Magdalena Medio (actual occidente de Santander) y lideró la resistencia contra los españoles durante la colonia. Los yariguíes eran una comunidad indígena de recolectores nómadas educados para la guerra, que defendían a muerte su territorio y costumbres. Los enfrentamientos con los españoles fueron constantes, pero lograron sobrevivir hasta la primera mitad del siglo XX, cuando perdieron la batalla con la llegada de los republicanos y sus empresas. Todos desaparecieron. Éder Villa quiso revivirlos en la memoria de los santandereanos, especialmente de los más jóvenes, a través de un entretenido cómic: Pipatón, el guerrero inmortal. En 2014, la idea comenzó a tomar forma y los hechos consignados en los libros de historia se convirtieron en aventuras. Su objetivo: fomentar la identidad cultural, “llevar a Pipatón a un canal más atractivo para que todos se interesaran en su historia”. En 2016, se distribuyeron más de 7.000 ejemplares entre los colegios de Barrancabermeja, la ciudad en la que nació y vive Villa. El formato, su carácter lúdico y poderoso mensaje educativo lo convirtieron en un éxito. Hoy los santandereanos, además de admirar a superhéroes como Batman o Spiderman, también se identifican con los ideales del más representativo de los yariguíes. El siguiente paso es que toda Colombia conozca las hazañas de este gran cacique. Después de cinco años de trabajo, Villa, a través de su empresa Arquetipo Cómics, lanzará en la convención Cómic Con de Bogotá, que se celebra en junio, la novela gráfica Pipatón, el guerrero inmortal. Una publicación más grande (84 páginas) con la que espera que los colombianos reconozcan sus orígenes a través del legado de un valiente líder indígena.