Son hospitales con universidad y universidades con hospital. El orden no importa: lo clave es que ambas instituciones cumplen con la doble labor de formar los médicos del futuro y al mismo tiempo contribuir con la calidad de la salud de la comunidad. Un claro ejemplo de este eficaz matrimonio es la Universidad El Bosque, en Bogotá, que fue creada en 1977 cuando la entonces llamada Escuela Colombiana de Medicina –fundada por médicos de la Universidad Nacional– se convirtió en un nuevo centro de formación médica y de asistencia a pacientes adaptando el modelo biopsicosocial desarrollado por el psiquiatra George L. Engel. “Comenzamos con la adquisición del predio del campito de San José, que se transformó luego en la clínica El Bosque. También conseguimos tres colegios que rodeaban a la clínica y, con el tiempo, hemos comprado 50 casas alrededor de la universidad y hasta el antiguo edificio de Colciencias, en 2016”, recuerda María Clara Rangel, doctora en bioética y rectora de la Universidad El Bosque. Este crecimiento en infraestructura fue diseñado a partir de tres documentos rectores de la institución: el Plan Maestro de Desarrollo Físico –propuesto a 20 años, en 2015–, el Plan de Regularización y Manejo, y el Plan de Desarrollo Institucional. Con estas guías la universidad logró materializar los primeros dos proyectos que pavimentan el futuro de la institución: un hub de innovación, educación y extensión, y Los Cobos Medical Center. Cura para el déficit La primera vez que la Universidad El Bosque habló del proyecto Los Cobos fue en 2008 pero, debido a la complejidad de la megaobra –que costó 345.000 millones de pesos y tiene un área de 50.000 metros cuadrados–, solo se concretó diez años después. “Este proyecto es el resultado de una alianza entre la caja de compensación Compensar y la universidad, pues ambas instituciones tienen una misión similar: trabajar por la calidad de vida de las personas”, aclara Rangel. La clínica ofrece 300 camas que mitigan el déficit de atención hospitalaria distrital. Además, tiene un elemento diferenciador: servicios centrados en el paciente y su familia, con tecnología de alta calidad y ambientes que permitan una atención humanizada. “Los Cobos se caracteriza por sus amplios espacios y porque considera no solo al paciente sino a su familia”, afirma la rectora. Por eso, cuenta con salas especiales en las que el médico se puede reunir con los familiares para hablarles de su condición, evitando que se haga en un pasillo frío y poco acogedor. “No es solo una mole de cemento –sostiene Francisco Falla, vicerrector administrativo y financiero de El Bosque–: la forma armónica como integraron sus diferentes espacios, que incluyen hasta un jardín interior, genera un impacto positivo en pacientes y estudiantes”. El factor universitario es otro elemento diferenciador. Los Cobos se diseñó también como un espacio para la enseñanza en ciencias médicas. Por ejemplo, todos sus pisos cuentan con una sala especial de investigación en la que los alumnos pueden presenciar intervenciones quirúrgicas en vivo a través de una pantalla para no reñir con la privacidad del paciente y del servicio médico. El Plan de Desarrollo contempla que para noviembre de 2020 Los Cobos preste el ciento por ciento de sus servicios. Para entonces, recibirá a más de 500 practicantes. Nodo de innovación El Hub iEX es un laboratorio de innovación, educación y extensión que sirve como un espacio de relacionamiento con empresarios, gobierno y academia. Allí los estudiantes se enfrentan a una dinámica de aprendizaje que busca generar soluciones a problemas reales. Por esa razón, la obra se inauguró el pasado 28 de abril con la primera ‘Hackatón de Innovación’ del país. “Pensamos el ‘hub’ como un gran laboratorio de trabajo interdisciplinario”, dice Falla. De esta manera, por ejemplo, los estudiantes de diseño participaron en la impresión de modelos tridimensionales que simulan patologías específicas sobre las que los alumnos de medicina aprenden a operar en lugar de hacerlo directamente con un paciente. El hub también dispone de equipos para la práctica de telemedicina y otras nuevas tecnologías, como una sala de realidad virtual que sirve para simular situaciones de la vida real. El Hub iEX fue elegido como el nodo de educación y salud del programa gubernamental ‘C Emprende’, por lo que la universidad ya proyecta una extensión de sus instalaciones. “Queremos un edificio en el que se puedan alojar entidades estatales y universidades aliadas. Será una construcción amplia, flexible y rápida de ejecutar, de aproximadamente 1.500 metros cuadrados”, explica el vicerrector. El futuro virtual y sostenible Estas apuestas por las nuevas tecnologías se resumen en una palabra: flexibilidad. “Tenemos una visión de educación virtual y a distancia con la que queremos expandirnos a distintas regiones del país”, argumenta Rangel. Por eso, en 2035 imagina una universidad con infraestructura adaptable, con espacios de convergencia que no aten a los estudiantes al campus ocho horas del día. Para ello, uno de los primeros pasos fue adquirir una plataforma en la que docentes y estudiantes interactúan con herramientas de gamificación, sin necesidad de estar en un aula. Sin embargo, como desarrollar espacios físicos también es un factor clave para lograr dicho objetivo, la universidad diseñó dos proyectos claves: laboratorios y salas de tutorías, y una ampliación de la biblioteca. También se destacan iniciativas con un denominador común: la sostenibilidad. Sobresalen los biciparqueaderos ‘T’, un diseño propio que incrementó el número de biciusuarios de 70 a más de 300 en la universidad; la alianza con el programa ‘Recupera Tu Silla’, con el que dan nueva vida a estos objetos; y la instalación de compactadoras de plástico en sus campus. A esto se suma la instalación de 1.400 paneles solares que abastecen el 20 por ciento del consumo de energía en su sede de Usaquén y el 99 por ciento en la sede de Chía. Así han ahorrado 700 kilos de plástico y evitado la emisión de 2,4 toneladas de CO2 al año. Pero no se trata solo de nuevas concepciones del espacio. El Bosque planea seguir cambiando la cara del norte bogotano con proyectos como el de residencia universitaria, de dos torres de 13 pisos y una Casa de la Cultura. En los próximos cinco años levantará un nuevo edificio académico de 12 pisos e iniciará las obras del nuevo parque que estará situado a lo largo de la calle 134, entre carreras novena y séptima B bis. “Se trata de una cesión que hace la universidad al Distrito en terrenos físicos y en desarrollo, que será para el disfrute de toda la comunidad”, concluye Falla.