El presidente Gustavo Petro ya no menciona El Catatumbo, en Norte de Santander, en sus discursos, una zona del país que parece no importarle a la Casa de Nariño, pero que está ardiendo en materia de orden público.
Del jefe de Estado, que durante meses se refirió a la guerra entre el ELN y las disidencias de las Farc en esta región apartada de Colombia, lo que lo llevó a decretar el estado de conmoción interior —pero cuyos decretos fueron tumbados por la Corte Constitucional—, se pasó al silencio.
En las páginas de la Agencia Nacional de Tierras se lee que Petro le cumplió al Catatumbo. También en las de la Presidencia y otras entidades descentralizadas que registraron sus logros y millonarias inversiones en esa zona apartada que SEMANA recorrió hace menos de dos meses.
No obstante, la guerra sigue viva. También la pobreza, el desplazamiento y las obras inconclusas, como la carretera Tibú-Cúcuta, que no termina de construirse, y la universidad del Catatumbo, a la que le faltan, entre otras cosas, los recursos para la instalación de los servicios públicos.
Los pobladores de tres veredas de Tibú (San Martín, Buenos Aires y San Francisco Javier) se están desplazando tras los enfrentamientos entre el Frente 33 de las Farc, que negocia la paz con el Gobierno Petro, y el ELN.
Estos dos grupos armados llevan más de un año de confrontación en el territorio, pero, sorpresivamente, en las últimas tres semanas recrudecieron sus enfrentamientos. Las veredas se han convertido en epicentro de drones que van de un lado a otro cargados con explosivos.
En febrero de 2026, cuando SEMANA recorrió Pacelli, El Tarra, Filogringo y otras localidades remotas de Norte de Santander, los drones se escuchaban volar durante las noches “como un cucarrón”. Y después, el estruendo, cuando soltaban la bomba sobre su objetivo.
Hoy, según le contaron varios pobladores a este medio, deambulan en el día por encima de los colegios, las parroquias y los parques.
La historia es casi diaria. En el aire se ven los drones cruzar de un lado al otro, como en una especie de juego de Nintendo. O, mejor, “sobrevuelos de comejenes”, repiten en el Catatumbo.
Solo en Buenos Aires, 60 familias salieron desplazadas y en San Francisco, otras 30 en las últimas semanas, de acuerdo con reportes de las comunidades.
Ambas cabeceras están ubicadas a 45 minutos del corregimiento de Pacelli y a dos horas y media de Tibú, en Norte de Santander. En algunos casos, cuando la gente sale de sus viviendas por temor, llega un grupo armado y el otro lanza un dron. La escena se repite constantemente.
En menos de tres semanas, siete viviendas quedaron destrozadas, reducidas a escombros en las tres veredas. Las imágenes son dramáticas: techos en ruinas, paredes desplomadas, neveras destruidas, camas en el suelo y colchones inservibles.
“Mire cómo me quedó la casita, y tantos años de trabajar para nada. Aquí crié a mis hijos y es muy duro mirar esto así. Es muy arrecho. Yo solo me dedico al trabajo. No tengo nada que ver con esa gente (los grupos armados). Lo único que yo tenía y mire cómo quedó. Esto es triste. Aquí era donde yo dormía, mi habitación de tantos años. No tengo más palabras para hablar”, describió una de las víctimas en un video que llegó a SEMANA y que este medio no divulga para proteger la identidad de la víctima.
El ELN y las Farc comenzaron a usar esta poderosa arma aérea a raíz del conflicto entre Rusia y Ucrania. Les resulta más económica y pierden menos hombres que en la guerra habitual, según dicen integrantes de los dos grupos armados que están enfrentados.
La violencia es tal que solo el año pasado 50.000 personas fueron desplazadas. El problema de esta guerra de drones es que las corrientes de viento, una maniobra equivocada y el peso de los explosivos han causado varias tragedias entre los civiles.
En el Catatumbo se preguntan qué pasó con la política de Paz Total del Gobierno Petro, pero los resultados son palpables. El Frente 33 de las Farc sigue en la mesa de conversación de paz, pero insiste en defenderse del ELN, que no está dispuesto a dejarse quitar el territorio que ha controlado desde hace varios años.