Qué habrá sido de mis compañeras del colegio que tenían cada ocurrencia para resolver una situación. Ángela Castro era de las más recursivas para solucionar temas de plata y problemas con los profesores. ¿Se requiere dinero para la excursión, para la despedida de las estudiantes de sexto (hoy grado once), para ayudar a los niños de las canteras? Hagamos una rifa, inventemos juegos en los recreos y cobramos por ellos, vendamos comida… Lida (no recuerdo su apellido) tenía el espectáculo preciso para cada ocasión. Día de la Madre, del Padre, del Maestro, del Alumno. Con solo ver videos en TV aprendía los pasos de algún baile de moda, nos los enseñaba de inmediato y todas lográbamos salir lo mejor posible de nuestro compromiso. Y qué decir de mi amiga Gabriela Scarpino, que nos hacía reír y divertir con sus imitaciones de Boy George en nuestros centros literarios, en los que muchas veces no teníamos ni idea de qué hacer. De Gabriela sí tengo noticia gracias a Facebook y seguro que si busco a mis otras compañeras las encuentro también allí. En ellas y en esta plataforma de encuentro social pensé después de volver a leer con detenimiento nuestra edición especial de Semana Sostenible, dedicada a las 100 ideas que cambian el mundo. Y pensé en unas y en otra porque creo que, como lo mencionamos en la publicación, el tema de la innovación nace de necesidades, creatividad, recursividad y practicidad. Mis compañeras y Facebook son muestra de ello. Si lo profesores y lo padres de familia pusiéramos más empeño en aprovechar las habilidades relacionadas con estas habilidades, en vez de solo concentrarse en los conocimientos tradicionales (Matemáticas, Sociales, Historia, Geometría…) seguro que hoy estaríamos llenos de ideas que nos permitirían estar en un mundo diferente. Menos pobre y más equitativo. No digo que no sean necesarios esos conocimientos, digo que muchas veces en los colegios y hogares castramos a los niños y adolescentes porque no les permitimos dedicar tiempo a aquello que les gusta y en lo que aportan con sus ideas. Y diciendo esto enlazo con otro tema que el país conoció la semana pasada: el estudio ‘Calidad de la Educación Básica y Media en Colombia: Diagnóstico y Propuestas’, financiado por Planeación Nacional en el marco de la Misión de Movilidad Social y Equidad en Colombia y  elaborado por profesores de las universidades Rosario, Andes y la Escuela de Educación en Harvard. El documento mostró como Colombia está ‘mejorando’ la calidad de la educación. Ya no está tan mal en las pruebas nacionales e internacionales. En Pisa (Programme for International Student Assesment), por ejemplo, el país escaló 12 puestos en la evaluación entre 2006 y 2009 (es para jóvenes de 15 años independiente de su grado y examina Matemáticas, Ciencias y Lenguaje), pero seguimos en el nivel deficiente. Como dijo Darío Maldonado, uno de los investigadores durante la presentación -realizada en el conversatorio convocado por Educación Compromiso de Todos-, podemos decir que esa mejoría, así como los logros en educación, son una buena noticia; la mala es que la brecha entre los que tienen mayores recursos económicos, viven en ciudades y estudian en colegios privados es enorme con respecto a los estudiantes de la zona rural, colegios públicos y madres menos educadas. Me pregunto ¿qué será de la creatividad y recursividad de estos niños? Necesidades, una de las condiciones que dispara la innovación, de seguro tienen de sobra, pero si no tienen quién apoye sus manera diferente de resolverlas. Si no tienen quién los motive a abordarlas para buscar cómo solucionarlas, qué será de ellos. Cada vez aumentará la distancia entre estos pequeños y los niños de ciudades que tienen internet al alcance de la mano. Que están conectados con el mundo para tomar lo mejor de él. Que tienen padres que les muestran otras formas de vivir y de sentir. Como dice Geoff Mulgan, CEO de Nesta (el más importante laboratorio de innovación), se requiere más apoyo para impulsar ese pensamiento innovador, y específicamente para impulsar la innovación social que está relacionada con resolver los problemas sociales y ambientales, esos que hacen de este mundo un lugar más difícil de vivir. Los niños y los adultos de las zonas rurales de nuestro país necesitan un empujón extra para ir en esta senda. Por suerte, el país tiene la esperanza de que esto cambie con el anuncio del Gobierno y las Farc sobre los primeros acuerdos, que seguramente transformarán la ruralidad de nuestro territorio. Esperamos que allí comiencen a pulular ideas como las que publicamos en Semana Sostenible.   *Editora general Semana Sostenible, especialista en Organizaciones, RSE y Desarrollo. Gerente de RS de Jerez&Sandoval