LA DIVISION ENCARGADA DE LOS ASUNTOS cubanos del Departamento de Estado ha sido históricamente una de las de mayor actividad y tensión en el edificio de una calle céntrica de Washington. Desde hace un par de años, sin embargo, hay unos cubículos donde circulan más papeles, los teléfonos y faxes repican cada vez más y los funcionarios son constantemente consultados por sus superiores. Es la pequeña ala del inmueble que corresponde a la división de Colombia que, desde que varios círculos académicos y políticos en Washington señalaron al país como una amenaza regional, ha duplicado su actividad de trabajo.Los acontecimientos de las últimas semanas en las fronteras, exceptuada la del Brasil, parecen confirmar dicha tesis. En Ecuador, a escasos 50 kilómetros de territorio colombiano, 12 extranjeros fueron secuestrados en una pesca milagrosa, en la cual los primeros indicios apuntan a que fueron las Farc. Carlos Castaño, jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia, escribió una carta abierta en la que no tuvo ningún reato en amenazar a la Guardia Nacional panameña y en cuestionar la parcialidad del gobierno venezolano frente al conflicto interno colombiano (provocando, por supuesto, la airada reacción de los gobiernos vecinos). El drama de la población civil desplazada por la violencia que cada día cruza las fronteras como último refugio crece exponencialmeníe. Los gobiernos de Perú, Ecuador y Panamá anunciaron que enviarán tropas para reforzar las fronteras y armar un 'cordón sanitario' militar alrededor del país. Al respecto el canciller peruano, Fernando Trazegnies, dijo que "querfa evitar una exportación de guerrilleros y narcotraficantes colombianos a este pa¿s por la frontera común".En fin, las noticias de los últimos días han centrado la atención nacional e internacional en las fronteras colombianas confirmando, implícitamente, la tesis de que la guerra en Colombia es un factor de desestabilización para la seguridad del hemisferio. Pero, ¿realmente lo es? ¿Los conflictos en las fronteras son un reflejo del desbordamiento de la guerra interna o es que por primera vez se le está prestando verdadera atención a unas regiones históricamente convulsionadas? ¿Qué tanto es una guerra de declaraciones e informativa y qué tanto se está poniendo en peligro la seguridad regional? No se puede dudar que Colombia es hoy el protagonista de la geopolítica regional: su ubicación estratégica, el tráfico de narcóticos y armas, el millón y medio de desplazados por la violencia, la balcanización de su territorio y la absoluta incapacidad del Estado para ejercer soberanía en muchas regiones hacen que los países vecinos prendan las alarmas. Sobre todo Estados Unidos, que con la salida del Comando Sur en Panama perdió una importante presencia militar y de inteligencia para monitorear el área.Pero, paralelamente a esta legítima preocupación por el escalamiento de la guerra, Colombia se está convirtiendo en un atractivo caballo de batalla, para que los gobiernos vecinos puedan distraer la atención de sus problemas internos. El presidente peruano Alberto Fujimori, por ejemplo, en busca de una tercera reelección, pero con una popularidad cercana a 20 por ciento y serios problemas de recesión, se ha dedicado a denunciar a los cuatro vientos la amenaza que representa Colombia para su país cuando los problemas de esa región específica no han variado mucho en los últimos años. En materia proselitista, a falta de una guerra con Ecuador, bueno es divulgar la amenaza de Colombia.En este sentido muchos de los problemas de las fronteras que han salido a flote recientemente no son nuevos. Lo novedoso ha sido su inusitada atención debido a la respuesta de los países. Lo que para el politólogo Alfredo Rangel no es malo: "La fuerte presencia militar en las fronteras no es de por sí problemática para Colombia. Puede contribuir a hacer las fronteras más seguras y por eso Colombia no debe verlo como un atentado a su propia seguridad". Dentro de esta misma línea Rangel piensa que el problema fronterizo no ha sido el que ha determinado la internacionalización del conflicto a pesar de que Estados Unidos ha querido mostrar a Colombia como una amenaza regional.Las fronteras colombianas han sido a lo largo de la historia el mejor reflejo de la falta de presencia del Estado y por lo tanto sus corredores geográficos 'como Urabá, La Guajira y Nariño) han sido estratégicos para el tráfico de todo tipo de drogas y armamento, cuyos dividendos terminan alimentando la máquina de la guerra. "Con los países vecinos no predominan las fronteras vivas es decir, activas en términos de población e intercambio económico sino las fronteras muertas, las cuales pueden ser ocupadas como retaguardias seguras por actores armados no institucionales, así como utilizadas para el tráfico de armas y drogas ilícitas", dice Eduardo Pizarro, director del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (lepri).Pero así como gran parte de las tensiones fronterizas se remontan muy atrás en el tiempo y los problemas estructurales producto de su total abandono siguen siendo esencialmente los mismos, no se puede desconocer que la intensificación de la guerra en Colombia está retumbando con más fuerza en los oídos de los vecinos.Y dentro de este ensordecedor fuego cruzado el tema más sensible y preocupante, tanto para el gobierno colombiano como para la comunidad internacional, es el de los desplazados. En el momento en que la población civil que huye de las masacres pida asilo en los países vecinos la legislación internacional los obliga a acogerlos. Y en cuanto a los desplazados que se que dan en el país la situación no es menos delicada puesto que, como señala Pizarro: "El cambio de las doctrinas internacionales de la autonomía nacional al derecho de intervención por razones humanitarias hace de Colombia un candidato nacional para una intervención de la comunidad internacional".El siguiente es un panorama de las cuatro fronteras más problemáticas de Colombia.