La semana pasada por enésima vez se volvió a hablar de división liberal. El anuncio sorprendió a muy pocos porque la verdad es que el Partido Liberal ha llegado a un estado de división casi permanente en los últimos años. Esta vez, como para no variar, los jefes del Congreso anunciaron una nueva división. Tanto el presidente del Senado, Miguel Pinedo, como el de la Cámara, Armando Pomárico, se convirtieron la semana pasada en los presidentes de una disidencia llamada dirección liberal colaboracionista.De acuerdo con las cuentas de los dos líderes de la rebelión el bloque colaboracionista del Partido Liberal tiene el respaldo de 25 senadores y 45 representantes a la Cámara. Según ellos, lo que ha venido sucediendo es que en los últimos años se ha impuesto en el partido una tendencia excluyente que ha dejado por fuera a las bases.No obstante Luis Guillermo Vélez, presidente de la dirección liberal oficialista, niega la división. Por el contrario, no sólo rechaza las cifras de los colaboracionistas sino que afirma que en la cúpula, representada por los ex presidentes, como la base, encarnada en los líderes populares, pasando por los aspirantes a la Presidencia de la República, hay hoy una unión de facto. Pese a las declaraciones optimistas de Vélez lo cierto es que la división es un hecho. En realidad siempre lo ha sido desde que fue elegido Fabio Valencia Cossio como presidente del Congreso. El origen real de la nueva división es una sacada de clavo de Miguel Pinedo y Armando Pomárico, quienes no fueron designados como parte de la dirección plural que Horacio Serpa escogió cuando renunció a la jefatura única del partido. Lo tradicional es que los presidentes de Senado y Cámara sean miembros de las direcciones colegiadas. Sin embargo, como Serpa le declaró la oposición al gobierno y Pinedo y Pomárico son colaboracionistas _o lentejos como se dice en Colombia_ carecía de lógica incluirlos en una dirección supuestamente de oposición. La verdad es que lo que está pasando es lo que sucede siempre en la política colombiana. El jefe del partido se declara oficialmente en la oposición mientras que su bancada parlamentaria necesita la burocracia oficial para sobrevivir. En ella algunos son denominados lentejos y otros oposicionistas, pero lo cierto es que prácticamente todos son colaboracionistas. En una u otra forma todos quieren puestos y para todos hay, por lo tanto la última división es inocua y artificial pues no tiene ningún significado ideológico sino rivalidades personales.Los presidentes de Senado y Cámara tienen suficiente poder para invocar al colegaje y convocar un supuesto bloque rebelde. Pero la mayoría de las personas que asisten a estas reuniones van más en calidad de asistentes pasivos que de rebeldes activos.Sin embargo contrario a lo que podría pensarse, la escogencia de la dirección liberal colaboracionista en lugar de ser una demostración de división podría ser interpretada como el primer síntoma de la unión del partido. En efecto, la escogencia de Pinedo y Pomárico como presidentes de la nueva dirección significa que por primera vez habrá interlocutores para que los dos bandos discutan. Todo esto terminará en un pacto de unión alrededor de una consulta popular, en la que muy seguramente ganará Horacio Serpa, quien a pesar de la actual división cuenta con la simpatía de los dos bandos.
REBELION LIBERAL
Contrario a lo que podría pensarse, la escogencia de la dirección liberal colaboracionista <BR>puede ser más un factor de unión que de división.
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12 de diciembre de 1999, 7:00 p. m.