Hasta hace unas semanas lo único que los medios de comunicación encontraban interesante acerca de la monarquía belga era el próximo matrimonio del heredero al trono, el príncipe Felipe, con Mathilde d'Udekem, una hermosa joven cuyo único defecto es no pertenecer a la nobleza. Sin embargo la otrora apacible y aburrida corona ha dado un giro inesperado y en cuestión de días ha protagonizado un escándalo al mejor estilo de los Windsor o los Grimaldi. La caja de Pandora se destapó gracias a las revelaciones hechas por el escritor Mario Daneels en su libro Paola: de la dolce vita al trono, en el que se divulgó la existencia de Delphine Boel, la hija ilegítima del rey Alberto y la baronesa Sybille de Selys Longchamps, su amante durante varios años.A partir de ese momento los diarios comenzaron a escarbar en el pasado de los reyes y llegaron a la apresurada conclusión de que la sufrida reina Paola había sido la Lady Di de los años 60. Dicha hipótesis se basa en la similitud entre las dos mujeres ya que, al igual que la princesa de Gales, Paola tuvo que aceptar los devaneos sentimentales de su esposo y soportar las estrictas reglas del protocolo real establecidas en ese entonces por su cuñado, el rey Balduino.Pero la imagen de víctima le duró muy poco. Hace unos días la revista flamenca P sorprendió a los belgas con un perturbador artículo en el que se afirma que el príncipe Laurent, el tercer hijo del matrimonio, no lo es del rey Alberto sino de un noble español con el que Paola habría mantenido un romance a comienzos de los 60, cuando todavía era princesa de Lieja.La supuesta cana al aire ha despertado sospechas y algunos medios han comenzado a especular sobre la vida afectiva de la reina, pues es bien sabido que por esas fechas la soberana trató de encontrar consuelo con varios amigos tras enterarse del affair de su esposo con la baronesa. En esa época se hicieron famosas una serie de fotografías en las que Paola aparecía en compañía del conde Adrien de Mun durante unas vacaciones en Cerdeña.El incidente llegó a oídos de los reyes Balduino y Fabiola, quienes le reprocharon su comportamiento licencioso y le advirtieron que de no poner fin a esa relación le quitarían la potestad de sus tres hijos.Ante la posibilidad de perder a su familia Paola terminó su noviazgo con el conde no sin antes poner una condición: Delphine jamás entraría al palacio ni asistiría a los actos oficiales.Pese a que el portavoz de palacio, Françoise Gustin, ha declarado que el asunto es ridículo y carece de veracidad, lo cierto es que el posible origen plebeyo de Laurent ha suscitado el interés de los belgas. Faltando tan sólo tres semanas de la boda del príncipe Felipe la realeza ha tratado de calmar los ánimos mediante las visitas que los novios han realizado a las diferentes localidades belgas y, como si fuera poco, se organizó un inusual banquete al que asistieron cientos de invitados de todas las condiciones sociales, quienes compartieron con la familia real la felicidad del próximo enlace.Pero tratar de tapar el sol con las manos es imposible y para algunos observadores las medidas tomadas hasta ahora por los monarcas son simples paños de agua tibia porque el escándalo ya entró a palacio y, al parecer, tiene ganas de quedarse.