¿Usted aplaudiría o repudiaría la nueva megaprisión del presidente Nayib Bukele? Yo lo aplaudo, me parece que supone pensar en las víctimas antes que en los criminales. Es poner los derechos de los ciudadanos de bien por encima de los que cobijan a quienes matan, secuestran, violan, extorsionan, roban, reclutan niños.
Por supuesto que el impresionante Centro de Confinamiento para el Terrorismo no es ninguna solución mágica. Pero es una buena herramienta y manda un mensaje contundente: no se aceptan ni justifican a las bandas criminales, no les regalarán curules ni absoluciones, ni se permite hacer apología de la violencia. El que la hace, la paga.
No podemos olvidar que en El Salvador, la Mara Salvatrucha y la Barrio 18 tenían arrodillada a la población, habían convertido la bella nación centroamericana casi que un Estado fallido. Encerrar a los salvajes pandilleros era uno de los clamores ciudadanos.
No solo allá. Estoy segura de que el colombiano que jamás recurre a la violencia, que solo pretende vivir en paz, mirará con cierta envidia el centro carcelario que ha inaugurado el presidente Bukele. Porque hay gobiernos que prefieren construir La Catedral de Pablo Escobar y otros que se inclinan por una cárcel de verdad.
El Cartel de Medellín era terrible, pero esas pandillas son de una peligrosidad extrema. Los temen más que otros delincuentes por su despiadada violencia y crueldad. No sienten compasión por nadie. Unos tipos que se tatúan hasta la cara son la demostración palpable de que se creían intocables, los amos de las calles. Si ONG y organismos internacionales calculan en unos 70.000 sus integrantes, imaginen la barbaridad en un país de 6.500.000 habitantes.
Durante 20 años controlaron ciudades y áreas rurales, eran como otro gobierno. Y los jefes, desde las prisiones, seguían organizando y ordenando todo tipo de crímenes. Pues ahora irán al Centro de Confinamiento para el Terrorismo, capaz de albergar a 40.000 de esos salvajes.
Tiene más de dos kilómetros de concreto reforzado, mallas electrificadas, sensores de movimiento, reconocimiento fácil, detectores de calor, entre otros sistemas. La más avanzada tecnología para controlar presos peligrosos. Nada de llamadas de celular para extorsionar desde las celdas, de seguir ordenando crímenes tras las rejas con intermediarios que los visitan. Sencillamente, no podrán recibir ni a familiares ni a amigos.
Y para quien rompa las normas, hay unas celdas de castigo que dan miedo. ¿Usted cree que es injusto? ¿Que supone violar sus derechos? No van a disponer de las mismas gabelas de reclusos en Colombia y es respetable que algunos crean que merecen otro trato. ¿Pero guante de seda con unas pandillas que solo para retar al presidente Bukele y mostrar su poder asesinaron en un fin de semana a 87 personas?
Obvio que una cárcel no es suficiente remedio. La corrupción es otra mara a derrotar. Queda mucho camino por recorrer. Pero en el pasado fracasó la política de mano tendida a las maras y la de mano de hierro, que emprendió este presidente, está devolviendo la tranquilidad a los salvadoreños. En Colombia no hemos hecho sino agachar la cabeza ante los criminales. Y tampoco hemos logrado resultados excelentes. Unos miles se reintegran y otros miles siguen en lo mismo.
Y los que dejan las armas y les regalan de todo, como Timochenko, son tan cínicos, tan descarados, que ahora quieren declararse víctimas del Estado.
Puesto a escoger entre hacer una cárcel para los criminales o eliminar leyes para soltar presos, muchos creemos que es mejor construir penales. Sin dejar de adoptar medidas, al mismo tiempo, para evitar que niños y jóvenes encuentren más atractivo ser un criminal que un trabajador honrado.