Esto no es una zona cocalera, ni estoy en medio de la cordillera, ni es una zona apartada en plena selva. Esto es Bogotá, el sur de Bogotá. Barrio Caracolí.

Y en esta zona, no mandan las autoridades, ni la policía, ni la alcaldía, aquí son bandas criminales las dueñas de este territorio. Los Paisas y Los Negros. Hace unos días asesinaron a un muchacho de solo 14 años, lo decapitaron y le cortaron las manos.

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Breiner Estiben Bastilla desapareció el 24 de enero, y el 2 de febrero, una voz anónima dio unas pistas a su familia y pudieron desenterrar sus restos enterrados en un baldío, junto al Palo del Ahorcado, un árbol visible desde cualquier sitio de Caracolí, un barrio de Ciudad Bolívar.

Descuartizaron el cuerpo y lo mismo hicieron con otro menor de edad.

Aunque reina la ley de silencio y nadie se atreve a denunciar por miedo a que los desplacen o los maten, los dedos apuntan a alias El Brujo, de Los Paisas. Su nombre es Luis Arturo Mejía, venezolano de unos 40 años. Quienes lo conocen dicen que se tintura el pelo de diferentes colores y usa collares como de chamán.

Tiene su base en las invasiones más abajo del Parque nuevo de Caracolí, formado por paupérrimos ranchos de tejas de zinc.

Precisamente ese parque es uno de los puntos de encuentro de Los Paisas. Es la razón para que muchos vecinos no dejen a sus hijos salir a jugar en sus canchas. Aparte del miedo a las balaceras, los padres temen que recluten a sus hijos.

Claudia López tiene razón: columna de Salud Hernández-Mora

Los Paisas y Los Negros viven de la venta de drogas y de las extorsiones. A veces cobran vacuna solo por vivir en Caracolí.

“Acá la policía, la ley y el orden somos nosotros”, dicen.

Aunque hay zonas de Caracolí donde no es tan intensa la presencia de las bandas, como, por ejemplo, la calle principal, la comercial, las autoridades tiene que intervenir. No puede ser que dejen a merced de las bandas criminales a gente que viene a Bogotá de otras partes del país en busca de otro futuro.