Durante la entrevista con Marilú Ramírez Baquero, exguerrillera de las Farc hallada responsable del atentado con carro bomba contra las instalaciones de la Escuela Superior de Guerra, en el norte de Bogotá, se presentó un hecho llamativo. Ella, en calidad de victimaria, sí podía dar la cara. Las víctimas, no. El 18 de diciembre de 2015, una jueza especializada de Bogotá condenó a 27 años y 4 meses de prisión a Marilú Ramírez Baquero por facilitar el ingreso del carro bomba a las instalaciones de la Escuela Superior de Guerra, el 18 de diciembre de 2015. El estallido dejó 14 militares heridos y los daños alcanzaron los 215 millones de pesos. Durante su captura, adelantada el 25 de octubre de 2007 en una residencia de la localidad de Kennedy, a Ramírez se le encontraron fotos, correos electrónicos y un croquis artesanal de las instalaciones de la Escuela Superior de Guerra.

La Sala de Amnistía concluyó que se trató de un acto de guerra de naturaleza amnistiable, acaecido en el marco del conflicto armado colombiano, antes del primero de diciembre de 2016. Por esa razón le concedió, en primera instancia, el correspondiente beneficio a Ramírez Baquero, quien goza de la libertad. Igual de polémico resultó ser que, para la JEP, lo ocurrido en la Escuela Superior de Guerra fue un acto de guerra que también merece la amnistía. De acuerdo con el alto tribunal, lo acontecido se presentó en el marco del conflicto armado colombiano, antes del primero de diciembre de 2016 y un acto de guerra válido. En el diálogo con Vicky en Semana, la exguerrillera dio la cara, pero sus víctimas, no. En gran medida por el miedo que sienten y por la falta de garantías que, alegan, faltan en su proceso. Un coronel en retiro que participó en Vicky en Semana explicó que prefiere no revelar su identidad porque sus condiciones de seguridad “siempre han sido complejas” y denunció haber pedido protección que se le ha negado.

“Las garantías que tenemos son totalmente diferentes. En los procesos que hemos visto, todos los escoltas, toda la protección, se va para otra parte. Hoy está más protegido el victimario”, señaló el exmilitar en referencia a la Mata Hari y los perpetradores del ataque que le dejó graves secuelas físicas.

El exuniformado dijo también que, como él, varios militares afectados se sienten “como unas víctimas de segunda categoría” y destacó que ha dedicado 30 años de su vida al Ejército, por lo que siente tristeza ante su situación. “Yo creo que el temor lo hemos manejado toda la vida, nos toca proteger a nuestras familias, no solamente somos nosotros. Es lo que vivimos a diario, yo sigo trabajando asesorando a la institución, pero la realidad es que nos sentimos siempre, de alguna forma, solos y en una condición diferente. A ratos nos sentimos como unas víctimas de segunda categoría, como si fuéramos un estrato diferente”, aseguró.