Las primeras imágenes de la nave Solar Orbiter de la NASA y la ESA, la Agencia Espacial Europea, fueron publicadas el pasado 16 de junio en una rueda de prensa. Se trata de las más cercanas al astro que se haya tomado jamás, pues como reveló David Berghmans, investigador principal del instrumento Extreme Ultraviolet Imager del orbitador, la sonda logró acercarse a 77 millones de kilómetros de la superficie del Sol (la Tierra está a unos 150 millones de kilómetros). "Cuando llegaron las primeras imágenes lo primero que pensé fue: esto no es posible, no puede ser tan bueno. El Sol puede parecer tranquilo a primera vista, pero cuando miramos en detalle, podemos ver bengalas en miniatura en todas partes", dijo el físico. En efecto, las fotografías revelan que la corona del Sol está repleta de miles de erupciones miniatura, que los científicos han denominado fogatas. La NASA explica que todavía no está claro qué son estas fogatas o cómo se corresponden con los brillos solares observados por otras naves espaciales. "Pero es posible que sean miniexplosiones conocidas como nanoflares: chispas pequeñas pero ubicuas teorizadas para ayudar a calentar la atmósfera exterior del Sol". Para estar seguros, habrá que hacer una medición más precisa de su temperatura, algo que en próximos meses hará el instrumento SPICE, que viaja dentro de la sonda Solar Orbiter.
La corona del Sol es el halo de luz que se desprende a su alrededor, la capa más externa y que resulta visible desde la Tierra durante los eclipses solares. Por décadas este anillo luminoso ha sido un gran misterio para la ciencia pues hoy se sabe que tiene temperaturas mucho más calientes que su superficie.
Normalmente, la física establece que cuanto más cerca está un objeto de una fuente de calor, más cálido se sentirá. Sin embargo, esto no sucede con el sol. Gracias al desarrollo de la espectroscopía en los años 40, los científicos descubrieron que la superficie del astro tiene una temperatura promedio de 6.000 grados, pero a medida que uno se aleja, el calor aumenta unas 200 veces, hasta llegar a millones de grados. Hoy los científicos no han llegado a un consenso sobre por qué ocurre el fenómeno. Y su entorno ardiente y hostil ha dificultado que los expertos puedan conocer de cerca a la estrella. La misión Parker Solar Probe de la NASA, por ejemplo, logró volar más cerca de los 77 millones de kilómetros del sol, y planea acercarse a los 6,2 millones de kilómetros. Pero el entorno es tan duro que no lleva una cámara mirando al Sol.
El halo blanco y los destellos que se obserban en la foto corresponden a la corona del Sol, su capa más externa. Foto: NASA Mientras tanto, en enero, el Telescopio Solar Daniel K. Inoye en Hawái y el más poderoso que existe, logró tomar imágenes del astro con una mayor resolución que el orbitador, pero estas no pueden capturar completamente la luz de la estrella ya que la atmósfera de la Tierra filtra algunas longitudes de onda ultravioleta y de rayos X.
Hasta ahora ningún telescopio ha tenido una resolución lo suficientemente buena como para observar la atmósfera del Sol con suficiente detalle, y por eso, la hazaña de la sonda Solar Orbiter marca un hito importante: ofrece nuevas posibilidades de investigación para resolver el enigma. Resolver el interrogante resultaría crucial para los humanos pues permitiría predecir y estudiar a profundidad cómo las erupciones solares son capaces de afectar la vida en la Tierra. Se sabe que el clima espacial y sus colosales emisiones de partículas cargadas y campos magnéticos pueden dañar los satélites en la Tierra, perjudicar a los astronautas, degradar las comunicaciones de radio e incluso derribar las redes eléctricas globales. Por eso, los científicos buscan entender la física detrás del clima espacial y así poder predecir sus fenómenos igual que en la Tierra.
Las ubicaciones de las fogatas están anotadas con flechas blancas. Foto: NASA La sonda despegó el 10 de febrero y la meta es que llegue a un acercamiento máximo de 42 millones de kilómetros. Para lograr que soporte las temperaturas abrasadoras, los científicos alojaron la cámara y demás instrumentos detrás de un escudo térmico de titanio recubierto de una sustancia llamada SolarBlack, hecha de huesos de animales carbonizados. Estos miran a través de pequeños agujeros que se cierran cuando existe el riesgo de que se sobrecalienten.
Eventualmente, Solar Orbiter cambiará de órbita para estudiar las regiones polares del Sol por primera vez. "Nunca hemos estado más cerca del Sol con una cámara, y esto es solo el comienzo de un largo viaje épico con Solar Orbiter, que nos llevará aún más cerca del Sol en dos años", dijo Daniel Müller, otro de los científicos líderes de la misión a la revista Nature. Por ahora, los expertos están entusiasmados con el potencial del Solar Orbiter. La nave comenzará sus observaciones científicas en noviembre de 2021 y se estima que sus misiones se extiendan hasta 2025, por lo que estas son tan solo las primeras imágenes de muchas que enviará. Hacen parte de un protocolo inicial para verificar que todos sus instrumentos funcionan.