En un momento de máxima tensión internacional, el Kremlin ha puesto en marcha una de sus exhibiciones de fuerza más imponentes de la historia reciente.

No se trata de un entrenamiento común; es una movilización masiva que involucra a unos 65.000 militares y un arsenal que abarca tierra, mar y aire para ensayar cómo respondería el país ante una posible agresión externa.

El robot militar capaz de transportar más de 500 kilos y lanzar misiles antitanque con precisión a varios kilómetros de distancia

Un despliegue masivo por aire, tierra y mar

La magnitud de este ejercicio se entiende mejor al observar las cifras: además de las decenas de miles de soldados, Rusia ha desplegado más de 200 lanzadores de misiles, 140 aeronaves y una flota de 73 barcos.

El objetivo principal de estas maniobras es la coordinación de sus fuerzas nucleares estratégicas, esto significa, básicamente, practicar cómo mover, proteger y disparar sus armas más potentes de forma simultánea desde distintas plataformas para asegurar que el país siempre tenga capacidad de respuesta.

Los “fantasmas” bajo el hielo y la triple amenaza

Uno de los puntos más críticos de estas pruebas se encuentra en el Ártico, específicamente en el Mar de Barents.

Allí, Rusia ha cerrado zonas a la navegación para permitir el paso de 13 submarinos nucleares, incluyendo los de la clase Borei, que son capaces de transportar múltiples ojivas atómicas.

Para entender la importancia de estos barcos, hay que conocer lo que los expertos llaman la “tríada nuclear”. Es un sistema de defensa basado en tres pilares:

  1. Misiles en tierra: Lanzados desde silos fijos o camiones.
  2. Bombarderos: Aviones que transportan las bombas por aire.
  3. Submarinos: Considerados la pieza más letal porque, al estar ocultos bajo el agua durante meses, son casi imposibles de localizar. Funcionan como un “seguro de vida”: si el país fuera atacado y sus bases terrestres destruidas, estos submarinos aún podrían responder desde el océano.

El factor Bielorrusia y los nuevos misiles rápidos

Estas maniobras no las hace Rusia en solitario. Su aliado, Bielorrusia, participa activamente entrenando con armas nucleares tácticas, que son versiones más pequeñas diseñadas para ser usadas directamente en el campo de batalla y no necesariamente para destruir ciudades enteras.

“Hoy, con el fin de mejorar la capacidad de las Fuerzas Armadas para emplear armamento moderno, incluyendo municiones especiales, las unidades militares iniciaron un entrenamiento en el uso en combate de armas nucleares y apoyo nuclear bajo el liderazgo del Jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas y Primer Viceministro de Defensa de la República de Bielorrusia”, comentó el Ministerio de Defensa bielorruso.

El ensayo destaca también por el uso de tecnologías avanzadas, como el sistema Oreshnik, un misil hipersónico (que vuela a velocidades extremadamente altas para burlar defensas) recientemente desplegado en suelo bielorruso.

Además, Rusia ha aprovechado el contexto para probar su misil Sarmat, un proyectil de largo alcance capaz de cruzar continentes, que planea tener operativo a finales de este año.

Este despliegue ocurre mientras los antiguos acuerdos de control de armas entre potencias, como el tratado New START, se han desplomado, dejando de existir límites claros para los arsenales nucleares.